gestiones de sus mujeres y de 'La Voz de Alerta' no ingresaron siquiera en el Seminario; permanecerian en Comisaria, en una habitacion que se acondiciono ex profeso para ellos. Los hermanos Costa protestaron contra semejante deferencia. '?Que mas da! Lo unico que deseariamos es que nuestra causa se viera cuanto antes'. Su peticion, ?como no!, fue atendida, contrariamente a lo que les ocurria a gran numero de detenidos anonimos, que veian pasar las semanas sin que nadie pronunciara su nombre. Cuarenta y ocho horas despues de su llegada, los hermanos Costa fueron llamados a presentarse en Auditoria de Guerra. '?Vamos alla!', exclamaron a duo. Y alla se fueron, con un aire tan pimpante que Mateo, que aquel dia, acuciado por la curiosidad asistio al juicio, comento: 'No me extranaria que de un momento a otro sacaran unos puros habanos e invitaran a los miembros del Tribunal'.
El expediente de los ex diputados de Izquierda Republicana 'llegaba al techo', con abundancia de fotografias en las que aparecian en tal o cual acto publico al lado de Cosme Vila, del Responsable, de David y Olga… Por anadidura, se les imputaba no haber utilizado su influencia para impedir la accion criminal de los Comites -la 'pasividad grave', de que se hizo mencion- y que en el entierro de Porvenir se les oyera gritar: '?Muera el fascismo!'.
Por fortuna, en este caso la defensa, a cargo de un teniente llamado Gonzalez, pudo demostrar que uno de los acusados habia ocultado en su domicilio al mismisimo senor obispo; que el otro habia ayudado a escapar de Barcelona a su cunado, 'La Voz de Alerta', hecho que este confirmo; que en Francia ambos habian prestado valiosos servicios al Movimiento Nacional, a traves del SIFNE, a las ordenes del notario Noguer, etcetera. El Tribunal, que excepcionalmente delibero por espacio de dos horas, condeno a los hermanos Costa a seis anos y un dia. Los hermanos Costa, al escuchar la sentencia, se abrazaron. '?Gracias, muchas gracias!', gritaron. Sus esposas lloraron de emocion, pues tan corta pena implicaba -en virtud de los previstos indultos- que pronto se encontrarian en la calle. En resumen, los hermanos Costa, que en Francia, con cambalaches de toda indole, habian amasado una fortuna comparable a la de Julio Garcia, entraron en la carcel casi triunfalmente, repartiendo palmadas amistosas a los demas detenidos y diciendoles: 'Pero ?que caras son esas? ?Habra que animar esto un poco!'.
La poblacion gerundense, en este caso, reacciono. Quien mas quien menos sentia por los hermanos Costa una admiracion imprecisa y conto de ellos alguna anecdota divertida.
El dia 20 de junio tuvo lugar el ultimo de los juicios que en aquellas semanas llamaron la atencion. Juicio que se apartaba de lo corriente y que habia de repercutir por via indirecta en el porvenir de varias personas: el acusado era el doctor Rossello.
El comisario Dieguez se habia salido con la suya. Desde que llego a Gerona entro en sospechas de que el doctor -miembro de la Logia Ovidio, especializado en abortos y cirujano que en el Hotel Ritz, de Madrid, convertido en Hospital durante la guerra, hizo lo posible para salvar la vida de Durruti- estaba escondido en la ciudad. Tambien entro en sospecha de que el Gobernador Civil lo protegia. De modo que siguio indagando por su cuenta, en espera de la ocasion propicia.
Y la ocasion se presento con motivo de un viaje que el camarada Davila, acompanado de Miguel, su chofer y hombre de confianza, tuvo que realizar a la capital de Espana; uno de esos viajes oficiales que le hacian exclamar a Maria del Mar: '?Pero no hay manera de que te quedes en casa tres dias seguidos!'. El comisario Dieguez consiguio la autorizacion necesaria para que dos agentes suyos registraran el domicilio del doctor. Las hijas de este, Chelo y Antonia, palidecieron, se echaron a llorar y querian impedirles la entrada a los policias; pero fue inutil. Estos actuaban legalmente y sorprendieron al doctor en su habitacion, leyendo tranquilamente, en mangas de camisa, Los miserables, de Victor Hugo.
Media hora despues, el doctor Rossello ingresaba en la carcel, en el Seminario. Miguel y el Gobernador fueron advertidos urgentemente de lo que ocurria y precipitaron su regreso a Gerona. Pero ?que podrian hacer? Los cargos contra el doctor eran determinantes, sin que nadie pudiese aportar, como en el caso de los hermanos Costa, una lista de servicios personales prestados por el en favor de la 'Cruzada'.
– Doctor Rossello, ?reconoce usted haber sido miembro de la Logia masonica instalada en la calle del Pavo, numero 8, llamada Logia Ovidio?
– Si, desde luego. Lo reconozco.
Aquello basto para que el juicio se celebrara tambien a puerta cerrada.
Fueron horas de zozobra, pues existia el precedente de la sentencia dictada contra el coronel Munoz. Por fortuna, el doctor no era militar. Y ademas, pesaron, en definitiva, los buenos auspicios del Gobernador y, sobre todo, los meritos de los hijos del acusado; de Miguel, vieja guardia falangista, y de sus hermanas, que tanto habian colaborado con Laura en el Socorro Blanco, durante la guerra.
En resumen, el doctor Rossello salvo la vida. El Tribunal, despues de aplazar por dos veces la sesion, dio a conocer su veredicto: treinta anos y un dia de reclusion, a cumplir en el penal del Puerto de Santa Maria. El doctor, al escuchar el fallo, pidio que lo mataran, que preferia la muerte; pero el Tribunal se ratifico en su decision.
El traslado al penal se efectuo al dia siguiente. Y como es obvio, los hijos del doctor, que en aquellos meses de convivencia habian llegado a quererlo de veras, al verlo subir al tren, esposado y escoltado, sintieron en la sangre un dolor profundo, tan profundo como el desprecio que les inspiro la actuacion solapada del comisario Dieguez.
Por supuesto, el Gobernador hizo luego todo lo inimaginable por consolarlos, hablandoles, como era natural, de 'los indultos posibles'. Todo inutil. El camarada Rossello barbotaba: '?Treinta anos y un dia! ?Es que mi padre es un criminal?'. Chelo, que precisamente empezaba a salir con Jorge de Batlle, exclamaba, por su parte: 'Esto es injusto, es injusto. ?Mi padre es medico, un gran medico, y no hizo mas que cumplir con una labor humanitaria!'.
Con todo, la reaccion mas formal fue la de la menor de las dos hermanas, Antonia. Antonia, vista la hecatombe, sintio como si las cosas del mundo dejaran de interesarle y se planteo muy en serio si no estaba en su mano ayudar constructivamente a su padre por medio de un sacrificio total: el ingreso en religion. De momento se abstuvo de hablar de ello, pero le dio por irse a la iglesia y por pasarse horas alli, rezando para que su padre tuviera el valor necesario para soportar tan amarga prueba.
La opinion popular se ocupo tambien esta vez, por espacio de una semana, del juicio celebrado contra el doctor Rossello. Raimundo, el barbero, comento: '?Pues se ha salvado por un pelo!'. El patron del Cocodrilo, recordando que el doctor, alla por el ano 1928, le habia sacado el apendice, sin cobrarle un centimo, dijo, detras del mostrador: 'Hay que ver. ?Por que no se marcharia a Francia cuando la retirada?'.
Dona Cecilia, que apreciaba mucho a Antonia y a Chelo, le pregunto al general:
– Lo que no entiendo es eso de treinta anos y un dia. ?A que viene ese dia? Es algo absurdo, ?verdad?
El padre Forteza fue una de las personas afectadas por este juicio. Visito al doctor Rossello en su celda, en prueba de buena voluntad, y el doctor le rogo que se marchase. Lo mismo le habia ocurrido con Alfonso Reyes. Y fracaso rotundamente en sus intentos de escuchar en confesion al coronel Munoz, la noche que precedio a su fusilamiento. El coronel guardo la compostura, pero le dijo que la inminencia de la muerte no iba a hacerle cambiar las opiniones que sobre el tema religioso habia defendido a lo largo de tantos anos.
El jesuita, que vivia dia a dia el drama de la carcel y de los juicios de la Audiencia, que sabia que los condenados a la ultima pena llamaban al primer piso del Seminario, por lo que tenia de antesala, 'El Purgatorio', se decidio por fin a visitar al senor obispo para suplicarle que interviniera de algun modo. No repitio la frase de mosen Alberto en Lerida: '?Esto es un carnaval de sangre!'. Mas bien sus argumentos se parecieron, por extrana ironia, a los esgrimidos en Toulouse por el diputado comunista frances Verdigaud, amigo de Gorki: a su entender era la ocasion -ocasion tal vez unica- para que la Iglesia espanola abriera brecha en el pueblo a base de volcarse en favor de los que, por haber perdido, sufrian ahora persecucion.
El doctor Gregorio Lascasas, que tenia en gran estima al Padre Forteza, que lo habia recibido en seguida y escuchado con extrema atencion, despues de oir sus palabras se acaricio repetidamente el pectoral. Guardo un prolongado silencio, durante el cual sus mandibulas se cuadraron todavia mas. Por ultimo contesto:
– Lo lamento, padre Forteza, pero no creo que, dadas las circunstancias, pueda yo mezclarme en los asuntos de la Justicia…
Dadas las circunstancias… El jesuita parpadeo. ?A que se referia el senor obispo? ?A las atribuciones omnimodas del Tribunal? ?A los crimenes cometidos por los 'rojos'? A la necesidad de dar un escarmiento de rango historico? ?Es que un prelado, con su autoridad, no podia invertir los terminos de la situacion?
El padre Forteza olvido por un momento que la persona que tenia delante era su superior jerarquico.
