para bien de todos, debiera estar en Madrid. Amparo se siente completamente feliz yendo de compras (sin perro, por ahora) a los Campos Eliseos, y yo voy tirando, aunque hecho mucho de menos aquel mueble-bar que Ignacio conoce tan bien, aquellos discos y el Cafe Neutral. De momento nos quedamos aqui, pero si los nubarrones que senalan los partes meteorologicos se convierten en tormenta, probablemente nos trasladariamos a Londres, donde tenemos buenos amigos.
Por Amanecer, que es un nombre muy bonito y muy bien escogido, nos enteramos de todo lo que ocurre por ahi. Como podeis suponer, deseamos que la nueva Plaza de Abastos sea una realidad y que termine felizmente la ampliacion del cementerio.
?Y en Telegrafos, que tal? ?Y Pilar? ?Y don Emilio Santos…? Es curioso, que, estando lejos, uno vaya acordandose de todo el mundo… Los maestros de las pizarras verdes estan en Mejico. Se han instalado alli para editar libros y me escriben a menudo, dando pintorescos vivas a Hernan Cortes, lo que no deja de tener su intringulis.
Si esta en vuestra mano, enviadnos alguna revista. Pero por lo menos unas lineas contestando a esta carta. Nuestras senas son: 97, Avenue de Wagram, Paris, XVII.
Recuerdos de Amparo -aqui la llaman madame Garcia- y recibid el testimonio de mi amistad. Firmado: BERTA.
La tercera carta era la mas importante. Estaba fechada en Burgos, escrita a mano con letra muy primitiva, e iba dirigida a Telegrafos -no al piso de la Rambla- a nombre de Matias.
Querido tio Matias: Muchas gracias por tus cartas, pues la ultima que recibimos nos ha alegrado mucho y esperamos que al recibo de esta todos esteis bien.
Nosotros estamos mal, peor que nunca, que no hay manera de que se nos arreglen las cosas. Como nos dices que vendras Pronto a vernos, pues ya podremos hablar y te contaremos todo. En la carta no nos ponias la fecha de tu llegada pero deseamos que no tardes mucho, pues como te digo asi podremos hablar.
Asi que, mientras, recuerdos de mi madre y de Manuel y que todos vosotros esteis bien de salud. Para ti, muchos besos de tu sobrina: PAZ.
Una posdata decia: 'Perdona las faltas, tio. Muchos besos'.
La carta de Julio paso de mano en mano sin que nadie osara apenas hacer en voz alta ningun comentario. Lo mismo ocurrio con la de Jose Alvear. Unicamente Pilar pregunto: 'A santo de que lo llamaran monsieur Bidot?'.
En cambio, la carta de Burgos impresiono de tal manera a Matias, que este decidio efectuar sin tardanza el viaje que habia proyectado con Carmen Elgazu: viaje Pamplona-Bilbao-Burgos, para airearse un poco y visitar a las respectivas familias.
– ?Que te parece, Carmen, si nos marcharamos el dia veintiuno? Para mi trabajo en Telegrafos no hay pega. He hablado con el jefe y esta de acuerdo.
Carmen acepto.
– Pues por mi, cuanto antes mejor.
Dicho y hecho. Matias guardo para si la carta de Paz -la palabra Burgos era tabu en el piso de la Rambla, sobre todo por lo relativo a Pilar- y despues de comunicar la noticia a los chicos empezaron a preparar el equipaje.
A Ignacio y a Pilar les extranaba que sus padres se ausentasen.
– ?Cuidado con el dinero! ?Mejor que mama lo lleve escondido en alguna parte!
– ?Si os equivocais de tren y os veis en apuros, mandadnos un telegrama!
Las chanzas fueron abundantes y todos recordaron el viaje que en el verano de 1935 Carmen Elgazu hizo a San Feliu de Guixols, adonde llego lloriqueando por la gran cantidad de carbonilla que le habia entrado en los ojos.
– Andais mal de la cabeza -bromeaba Matias-. ?Con las salidas que hicimos los dos durante la guerra, en busca de comida!
– Si. Pero siempre por aqui cerca, por la provincia.
– ?Que mas da!
Carmen Elgazu les dio muchos consejos. Sobre todo al pequeno Eloy, al 'renacuajo'.
– Eloy, vigila a esa pareja. No vaya a resultar que sean ellos los que se extravien…
Eloy cruzo los dedos y, sonriendo, los beso.
Ignacio, Pilar y Eloy -y tambien Mateo y Marta- acudieron a la estacion a despedirlos. Matias y Carmen Elgazu llevaban dos gruesas maletas, con mucha ropa, pues no sabian cuantos dias duraria el viaje y la radio hablaba de 'clima inestable en el litoral cantabrico'. Matias habia adquirido el consabido quilometrico. Las dos fotografias pegadas en el eran horribles, dignas de Ezequiel. Carmen Elgazu comento: 'Parecemos de la FAI. ?Extrano sera que no nos detengan por el camino!'.
La locomotora empezo a resoplar.
– ?Adios, adios!
– ?Mama, un abrazo muy fuerte a la abuela Mati!
Por fin el tren arranco y pronto Gerona quedo atras… De repente, Carmen Elgazu dijo:
– Me parece que no has hecho la senal de la cruz…
– Si, mujer. ?Como iba a olvidarme?
Se acomodaron uno junto al otro y enlazaron las manos, a semejanza de Manolo y Esther.
Guardaron un largo silencio. Sus pensamientos sincronizaban; los hijos. Y tambien los viajes que habian hecho, en busca de comida. Recordaban sobre todo aquel en que, cerca de Olot, almorzaron en pleno campo y durmieron la siesta reclinados en el mismo tronco de arbol. Carmen Elgazu se deleito evocando el momento en que Matias fue al rio y le trajo agua en un cucurucho de papel. El recuerdo la emociono tan hondamente, que apreto con fuerza inusitada la mano de Matias.
Este se volvio para mirar a su mujer.
– ?Que te pasa? -le pregunto carinosamente.
Carmen Elgazu se encogio de hombros.
– Nada. Pienso…
Marcaron otra pausa:
– Es nuestro segundo viaje de novios, ?verdad?
– Si…
Viaje pesadisimo… a causa de los retrasos y de los trasbordos. De pronto, permanecian parados tres horas en cualquier estacion y al final recibian la orden de cambiar de tren. Llegaron a la conclusion de que existian pocas cosas tan grises y tan muertas como una via muerta de ferrocarril. Menos mal que de vez en cuando las chanzas que se dedicaban el uno al otro les levantaban el animo. Menos mal que Matias repetia como un sonsonete, en el momento mas impensado: 'Esto solo se puede hacer…' Y Carmen Elgazu terminaba la frase: '…por la familia'.
Pero llegaron a Pamplona, sede de don Anselmo Ichaso, quien seguia con El Pensamiento Navarro y con sus trenes-miniatura. Atardecia. Les parecio inoportuno visitar a esa hora a sor Teresa, a la hermana de Carmen Elgazu, de modo que buscaron una pension y salieron a dar una vuelta.
Inmediatamente se dieron cuenta de que la ciudad, por haber sido siempre 'nacional', era muy distinta a Gerona. Tenia un aire pujante, de abundancia y estabilidad. Ello se advertia no solo en la riqueza de las iglesias, sino en los comercios, provistos de articulos de toda clase, y en el ambiente despreocupado y alegre de las calles. Tambien los habitantes tenian, sin lugar a dudas, mejor facha, un aspecto mas saludable e iban mejor vestidos. 'Si no fuera por los retratos de Franco -comento Carmen Elgazu-, esto me recordaria los anos de Primo de Rivera'. Matias, que se habia comprado un esplendido paraguas cerca de la Catedral, dijo a su vez: 'De todos modos, nos largaremos pronto, porque aqui acabaria haciendome monarquico. Y ser monarquico y no tener rey ha de resultar una lata'.
Al dia siguiente fueron al convento de las Salesas a visitar a sor Teresa. Mosen Alberto les habia dicho: 'Sor Teresa impresiona por su palidez'. La verdad es que no fue la palidez lo que de sor Teresa impresiono a Matias y a Carmen, sino su aire distante. Sor Teresa manifesto, bajo sus alas almidonadas y su habito, alegria y, acercandose primero a Carmen y luego a Matias, les dio timidamente un par de besos en las mejillas. Pero una vez sentados los tres en la 'sala de visitas', sala fria, con un grabado del Sagrado Corazon y otro, en color, de Pio XII quedo de manifiesto que sor Teresa habia quedado absolutamente seccionada de la familia. '?Pero, hija… -
