– Ilustrisima… -insistio-, permitame decirle que, en mi opinion…

El senor obispo corto con una sonrisa.

– Hijo mio, ?es que su opinion no ha quedado ya bastante clara?

El jesuita parpadeo de nuevo. No acertaba a comprender. Sus grandes ojeras se convirtieron en bolsas amoratadas.

El senor obispo, advirtiendolo, suavizo el tono.

– Padre -dijo-, hay una cosa que no debe usted olvidar: el ejercito ha sido quien ha salvado a la Iglesia… La Iglesia se encuentra ahora en una situacion delicada, que tal vez, los simples sacerdotes no esten en condiciones de valorar debidamente…

El padre Forteza, que entretanto habia recobrado su vigor, replico, sin darse cuenta:

– Es posible que Su Ilustrisima tenga razon. Pero hay unas palabras del Sermon de la Montana que parecen bastante claras: '…Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian, para que seais…'

El doctor Gregorio Lascasas, con voz que le salio mas dura de lo que realmente hubiera deseado, corto de nuevo:

– Padre, es usted un hombre de buena voluntad… Pero ?no cree que es a mi a quien corresponde interpretar los textos del Evangelio?

Esta vez el padre Forteza noto como un dolor en la espalda. Y en cuanto al senor obispo, sintiendose definitivamente molesto, se levanto y agrego:

– Ahora lo lamento; pero he de rogarle a usted que me deje solo…

El padre Forteza obedecio. Salio de Palacio. Y jugando con las palabras, como era su costumbre, barboto, mientras bajaba a saltos los peldanos hacia la calle de la Forsa: '?Ah, Gerona de mis amores! El Seminario es una carcel; pero me temo que el Palacio Episcopal tambien lo sea'.

Pero la persona mas afectada por los ultimos acontecimiento aun sin enterarse de la conversacion sostenida por el senor obispo y el padre Forteza, fue -esta vez definitivamente- Manolo Fontana sentia una predileccion especial por Miguel Rossello. Y comprendio la dolorosa coyuntura en que el muchacho habia quedado colocado. ?Que pensaria ahora cada vez que el Gobernador le dijera: 'Llevame a la Audiencia'? ?Que pensaria cada vez que viera el gordinflon gendarme frances en el parabrisas del coche? Su padre, el doctor Rossello, habia luchado sin suerte toda su vida para que Miguel creyera en la enjundia y profundidad de la 'cultura francesa', de aquella combinatoria mental que en Paris habia subyugado a Antonio Casal, el ex jefe socialista gerundense.

El dia 28 de junio, vispera de la jornada conmemorativa del mensaje que Jose Antonio, desde la carcel de Alicante, envio a sus camaradas de Madrid, hecho que la Falange se disponia a festejar -Mateo estrenaria sin duda camisa azul; Jose Luis se abrillantaria las polainas…-, Manolo Fontana, pese a que precisamente aquella tarde habia conseguido que el doctor Chaos declarase anormal a Rosa-Mari, la mujer protegida por el padre Forteza, lo que le salvo a esta la vida, regreso a casa abrumado.

Regreso a pie desde la Audiencia, bajando la cuesta de San Felix y oliendo el mareante vaho que emanaba de los raquiticos colmados y, sobre todo, de las herboristerias del barrio. El sol acababa de morir, por lo que las estrellas empezaban a hablar entre si de amores en el cielo veraniego.

Esther, enfundada en un pijama discretamente floreado, salia del bano. Al ver a Manolo, no advirtio en el nada de particular. Llevaba tiempo acostumbrada a su aspecto de fatiga, en especial a aquella hora. De modo que no hizo ningun comentario y fue a buscarle las zapatillas.

Pero he ahi que el teniente, en vez de dejarse caer en el sillon, como solia hacer, se acerco a la ventana, la abrio de par en par y respiro hondo el aire seco que llegaba de las Pedreras. Era evidente que queria hablarle de algo a su mujer. Y asi fue.

– Esther… -le dijo, al cabo de un rato, sintiendo que su mujer estaba cerca, en actitud expectante-, ?te importaria que me licenciara?

Esther, perpleja al principio, reacciono en seguida y acercandose poco a poco a Manolo llego a su lado y rodeo su cintura con el brazo.

– ?Estas hablando en serio?

– No sabes hasta que punto…

Esther suspiro profundamente y entorno los ojos, como si estuviera esperando aquello desde hacia tiempo.

– ?Me encantaria, Manolo! ?Si supieras las veces que…! -Marco una pausa y reclinando la cabeza en el hombro de Manolo anadio-: Creo que nada he deseado tanto en toda mi vida…

Manolo disimulo la emocion que lo embargo al oir las palabras de su mujer.

– Pues si tu estas de acuerdo, creo que habria una posibilidad…

Esther levanto la cabeza y miro a su marido con sus grandes, andaluces ojos.

– Hazlo… ?Hazlo, Manolo…! Me harias completamente feliz.

Sita, El teniente juridico Manolo Fontana, alto, pictorico de juventud y de pensamientos, miro hacia los campanarios de San Felix y la Catedral, que se adivinaban desde su ventana.

– En el caso de que todo salga bien y consiga la licencia… -anadio, despues de un silencio-, ?te importaria quedarte en Gerona?

– ?En Gerona? -pregunto Esther, sorprendida.

– Si. Podria abrir mi bufete aqui… La provincia es rica y hay porvenir.

Esta vez quien guardo silencio fue Esther. Se oyo fuera el petardeo de una moto. Por fin la mujer hablo, en tono dubitativo:

– Eso… me coge de improviso. ?Claro, Gerona…! ?Tu crees que…?

– Si, creo que hay mucho que hacer aqui… Pero no quisiera condenarte a cadena perpetua, si es que Gerona no te gusta.

– ?No es que no me guste, entiendeme! Lo importante es estar a tu lado. Ocurre que ignoraba que ese fuera tu proyecto…

Manolo comprendio perfectamente a su mujer.

– Bueno… -dijo- no es necesario que lo decidamos ahora mismo, ?verdad? Piensa en ello por tu cuenta, y yo hare lo mismo.

Permanecieron un buen rato callados, entrelazadas las manos. Por ultimo, Esther hablo, en tono dulce, mientras sentia como se le adherian a la piel las discretas flores de su pijama.

– Si, lo pensare, Manolo. Te lo prometo… Pero dejame repetirte que lo mas importante para mi es estar a tu lado, donde a ti mas te convenga.

Manolo se volvio hacia su mujer, la miro a los ojos y le acaricio el menton.

– Gracias, querida… De momento, estudiaremos la manera mas elegante de colgar el uniforme.

CAPITULO XIII

Los Alvear recibieron, con pocos dias de diferencia, varias cartas. La primera estaba fechada en Toulouse y decia:

Querida familia: Francia es mucho mejor de lo que se supone. Hay algunos franceses cascarrabias, pero las francesas, que aqui las llaman 'madames', estan para comerselas. Esta ciudad es muy tranquila, con un rio y tal, y algunos secuaces de Cosme Vila, pero muy pasados por mantequilla. He dado muchos tumbos por ahi, pero ahora he sentado la cabeza y me dedico a leer una revista titulada 'Horoscope', que ademas de adivinarte el porvenir se parece a la loteria espanola de Navidad, pues en ella puede tocarte la gorda. Supongo que estais bien y que Ignacio es jefazo de algo. ?Y en Telegrafos, hay novedad? ?Y Pilar cuando se casa? Escribidme a la Avenida Montabeau, 35, aunque aqui, no se por que, primero ponen el 35 y luego la Avenida Montabeau. Un fuerte abrazo de este que ya no es ni soldado raso. Firmado: JOSE, mas conocido por monsieur BIDOT.

La segunda carta estaba fechada en Paris. Era de Julio Garcia y decia asi:

Queridos amigos Alvear: Tal vez os extrane recibir noticias nuestras, pero es el caso que la distancia no ha disminuido, sino lo contrario, el afecto que os profesamos Amparo y yo. Deseariamos saber como estais. Suponemos que bien y que comeis ya a dos carrillos, como se puede comer en Paris, que es una ciudad, que,

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