tenia ganas de gritarle Carmen Elgazu-. ?Por que no levantas un poco la voz? ?Si en Bilbao eras la que mas chillabas!'. '?Pero, vamos a ver! -pensaba Matias-. ?Es que esa mujer no tiene sangre en las venas?'.

No era eso. Simplemente, los anos de convento habian tatuado a sor Teresa. Los queria, los tenia a todos presentes a menudo, rezaba por ellos; pero era tal la rutina de su quehacer diario, que cualquier visita se le antojaba una intrusion y la desconcertaba. Fuera de eso, sabia que aquella visita era provisional. Duraria un cuarto de hora, media hora a lo sumo, y luego ella volveria a la quietud de su celda, a su reglamento, a la media luz de la capilla…

Sor Teresa se intereso por Ignacio y por Pilar. Pero, sin conocerlos, no podia poner calor en sus palabras. Sin embargo, al verlos en fotografia -Matias le mostro varias- exclamo: '?Que majos son, que majos!'.

Luego hablaron un momento de la guerra. Sor Teresa no podia imaginarse como habia sido la zona 'roja'. 'De haber profesado en Gerona, a lo mejor ahora seria martir'. Alli no, alli estuvo a salvo. Alli no habia visto sino a millares de requetes procedentes de toda Navarra yendose al frente con cruces y escapularios, como si fueran a una fiesta, a la fiesta de Dios.

– Era edificante incluso para nosotras, las monjas. Nos pasabamos el dia rezando y cosiendo 'detentes'.

– ?Detentes? -pregunto Matias.

– Si, hombre -explico Carmen-. Aquellos emblemas del Sagrado Corazon, que se ponian en el pecho y que salvaron muchas vidas.

Matias se encogio de hombros.

– Ni idea. Ignacio no llevaba eso. Ni Mateo tampoco.

Luego sor Teresa les aseguro que era completamente feliz, que cada dia estaba mas contenta de haber entrado en religion y que cada dia se sentia mas unida con Cristo. 'Pero, rezad, rezad mucho por mi, para que persevere'.

La visita duro veinticinco minutos justos. La despedida fue, tal vez, algo mas emotiva, porque los tres pensaron que dificilmente volverian a verse. 'Gracias, gracias por haber venido. Y muchos besos a mama y a todos en Bilbao. Que Dios os bendiga. Estais bien, os encuentro muy bien. Y se que Matias es un buen esposo y un buen padre. Adios, Carmen. Que el Senor os acompane'.

A la salida, Matias se paro en la acera, frente al convento, y se seco el sudor. Hacia demasiado sol para detenerse a liar un cigarrillo, pero fumo mentalmente, para airear sus pensamientos.

– Tu hermana lo tiene todo resuelto -comento-. Asi da gusto.

Carmen Elgazu lo miro.

– ?Que quieres decir?

– Lo que he dicho. Que no hay problema.

– Se calo el sombrero y anadio-: Vamos a un cafe a tomar algo…

Horas despues salian rumbo a Bilbao. Y una vez en el tren, rodeados de un paisaje fertil, muy hermoso, Matias confeso que su cunada, sor Teresa, no le habia gustado. 'Yo creo que el reglamento se las come. Acaban incluso siendo feas, palabra.

– Viendo que Carmen sonreia, anadio-: ?Bien! Que mas da… Me case contigo y no con ella ?no es asi?'.

Carmen Elgazu lo miro a los ojos. Esta vez lo asio del brazo. Y de nuevo uno y otro, como al salir de Gerona, se dejaron mecer por el traqueteo del tren, contemplando sus propias vidas a traves del profundo paisaje de Navarra.

En Bilbao todo fue distinto. La abuela Mati los recibio como si fueran embajadores de Su Majestad. Y con ella los tres hermanos de Carmen: Josefa y Mirentxu, solteras, y el propio Jaime, el ex 'crupier', a quien Ignacio avalo liberandolo del campo de concentracion. Para completar la familia no faltaba sino Lorenzo, el de Trubia, quien anuncio que el trabajo le impedia desplazarse.

Carmen Elgazu y los suyos llevaban sin verse exactamente nueve anos. Desde 1930. Era natural que el primer golpe de vista les causara a todos una impresion muy fuerte. El tiempo habia marcado sus huellas… Pero la turbacion duro poco. A los pocos minutos la abuela Mati hizo un mohin y Carmen Elgazu exclamo: '?Pero, mama! ?Si no has cambiado, si no has cambiado nada!'. A la reciproca, de pronto Josefa, viendo a Carmen Elgazu mover las cejas, dijo: '?Pero si eres Carmen! ?La misma, la misma! ?Que maravilla!'.

Fueron tres dias inolvidables. La abuela Mati, con su baston de alcaldesa, apenas si les permitio -aparte admirar una y cien veces el retrato del abuelo, Victor Elgazu Letamendia, al que Ignacio se parecia mucho y que presidia la casa con sus grandes bigotes- darse un paseo por la ria e ir a escuchar a Marcos Redondo en Katiuska. Asimismo permitio que, junto con Jaime, acudieran a presenciar la llegada de los ciclistas que competian en la Vuelta al Norte, vuelta que iba ganando el catalan Canardo. Pero nada mas. La abuela Mati era tan charlatana, tan dominante y necesitaba tanto afecto, que los queria a todos siempre alli, contando lo que fuere. Que si Ignacio era asi o asa. Que si en Gerona llovia o no llovia. Que si el trabajo en Telegrafos era pesado y si circulaban todavia incautos peces por el rio Onar…

La abuela Mati le cayo en gracia a Matias, no solo por su caracter sino porque Carmen Elgazu se le parecia mucho en muchos aspectos. '?Ay, abuelita! ?Ahora ya se el porvenir que me espera!'. Tambien simpatizo con Josefa y Mirentxu, a las que les habia ocurrido lo contrario que a sor Teresa: la solteria las habia inclinado a enamorarse locamente de los hijos de los demas. Sus sobrinos eran para ellas dioses. No se cansaban de mirar las ultimas fotografias de Ignacio y de Pilar. En cuando a la de Cesar… al verla se habian quedado absortas, sin atreverse a hacer el menor comentario. Hasta que, acercandosela a sus labios, la besaron dulcemente.

Caso aparte era Jaime, el hermano de Carmen Elgazu. Andaba taciturno. Todavia no le cabia en la sesera que hubieran perdido la guerra. Continuaba siendo separatista vasco y no hacia mas que recordar las humillaciones sufridas en los campos de concentracion. 'Las humillaciones y todo lo demas…' Estaba empleado en el Fronton Gurrea, era el encargado del marcador. Jaime estaba convencido de que Madrid no concederia al Pais Vasco sino limosnas. 'Montaran industrias en Andalucia, en La Mancha, en cualquier sitio, menos en el Pais Vasco y en Cataluna. Y si no, al tiempo'.

Matias hacia lo que podia para comprender a su cunado, que iba ya por los treinta y cinco anos. Pero no lo conseguia. Se le antojaba teorico en exceso, basto y poco cultivado. ?Como pretendia resolver los problemas de la nacion, si no habia acertado a resolver los suyos propios? 'Querido Jaime, no te ilusiones. Los separatismos son un mito, no conducen a nada. Aqui, todos a arrimar el hombro y a ver que pasa'.

Excepcion hecha de Jaime, aquella casa respiraba tranquilidad y amor. Lo unico que molestaba a Matias era que su mujer, en cuanto se dirigia a su madre o a sus hermanas, hablaba en vascuence. '?A ver si me entero…!', protestaba. Pero Carmen Elgazu no le hacia caso. '?Vaya! Por una vez que tengo ocasion…'

Incluso el problema economico habia sido solucionado. La abuela Mati, que con la guerra habia perdido todas sus joyas, en vista de que el sueldo que percibia Jaime en el Fronton Gurrea era minimo, tuvo una idea feliz: montar en su casa un taller de confeccion de munecas, aprovechando la habilidad de Josefa y Mirentxu para esos menesteres. El planteamiento era de sentido comun: despues de una guerra se producian muchos nacimientos y la gente, para olvidar -?por que a 'La Voz de Alerta' le costaba aceptar esta tesis?-, se enamoraba de cosas ingenuas. 'Cuando llegue la temporada de Reyes -pronostico la abuela Mati- no daremos abasto'.

El exito fue tan completo que pronto Josefa y Mirentxu se vieron en la necesidad de contratar en el taller a varias muchachas. Vale decir que las munecas que aquellas disenaban constituian una sorprendente novedad. Eran modernas, sobre todo en lo atinente a los peinados, a los vestidos, ?y a los ojos! Si, en un mueble especial, alineados y clasificados en cajoncitos, habia ojos de cristal sueltos, de todos los colores. Carmen Elgazu se enamoro de ellos. A Matias, en cambio, vistos asi, en cantidad, le produjeron cierto malestar. 'No me gusta que tanta gente me mire', comento. La abuela Mati le pregunto a Carmen: '?Como tiene Pilar los ojos? ?Ves algunos que se le parezcan?'. Carmen Elgazu inspecciono los cajoncitos y dijo: 'No'.

Si, fueron tres jornadas inolvidables, durante las cuales Matias se gano facilmente el afecto de aquellas tres mujeres -e incluso el de las munecas-, lo cual de rebote habia de perjudicar a Jaime mas aun. '?Como Matias tendrias que ser! ?Abierto y dicharachero!'.

Por su parte, Carmen Elgazu descubrio que en realidad era en Bilbao donde ella hubiera deseado vivir. '?Es que Gerona tiene Altos Hornos? ?Es que tiene esa ria? ?Y te has fijado en los verdes del monte? Claro, claro, tampoco ese sirimiri lo tenemos alli… Aquello esta seco, digan lo que digan el Gobernador y mosen Alberto'.

Para colmo, se anunciaba en la ciudad una Santa Mision. No menos de treinta predicadores llegarian a mediados de julio y durante una semana hablarian a todo el mundo de la bondad de Dios y de los pecados de los hombres. 'Aqui hay vida, hay vida. Aqui hay chimeneas, predicadores y todo lo que tiene que haber'.

Matias se tomaba el asunto por las buenas, pese a que veia en los vascos, en general, algo obtuso y lento,

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