Falange; penso en Marta…
Pero no habia opcion. Y Conchi remacho:
– Mejor eso que morirnos.
Pleito resuelto. Paz contesto a Matias diciendole que aceptaban y que enviaba por agencia, por carretera, la mesa del comedor, las sillas y dos colchones, lo unico aprovechable. Ellos harian el viaje en tren, llevando consigo unos cuantos bultos con ropa y con los cubiertos. La carta terminaba diciendo: 'Llegaremos el dia veintiseis'.
Asi fue. En la fecha indicada, ya a finales de agosto, los 'Parientes de Burgos' -tia Conchi, Paz y Manuel-, al termino de un viaje agotador en coches de tercera, llegaron a la estacion de Gerona.
Al oir los silbidos estridentes de la locomotora, indicio de que el tren iba a detenerse, los tres se asomaron a la ventanilla. Vieron vagones inhabilitados en las vias muertas, un hangar abarrotado de cajas de agua mineral, y adivinaron alla al fondo, un momento, la silueta de un campanario, que dominaba sobre los tejados.
Su desasosiego era grande. Y no obstante, apenas el convoy se detuvo en el anden, todo transcurrio de tal modo que tia Conchi creyo estar sonando. Matias e Ignacio estaban alli, de pie, no solo dispuestos a darles un abrazo de fervorosa bienvenida y a hacerse cargo del equipaje que llevaban, sino que un cochambroso pero enorme taxi estaba ya esperando fuera, para conducirlos a todos al piso de la Rambla.
?Y cuantas sorpresas iban a recibir en ese hogar de Gerona, que desde Burgos habian imaginado hosco y cerrado! Todo el mundo los abrazo, y Matias e Ignacio les demostraron en un santiamen que desde que recibieron la carta afirmativa de Paz se habian preocupado de cuanto pudiera hacerles falta. En primer lugar, tenian piso; precisamente el piso que fue del Cojo, a cien metros escasos de la barberia de Raimundo. Piso un poco humedo, pero barato y sin goteras. En segundo lugar, tenian el permiso de residencia, extendido por el propio Gobernador. 'Toma -le dijo Matias a Paz, entregandole los papeles-. Ahi esta todo. No falta mas que vuestra firma'. En tercer lugar, Conchi podria empezar a trabajar cuando quisiera… en el conocido Bar Cocodrilo, cuyo patron necesitaba una mujer para todo y que supiera espantar a las gitanas. Por ultimo, Paz encontraria tambien empleo sin dificultad -aunque faltaba saber que clase de trabajo le apetecia- y Manuel, en cuanto empezara el curso, podria ingresar en el Grupo Escolar San Narciso, en el que tambien se habia matriculado el pequeno Eloy.
– Se acabo, pues, la encerrona de Burgos -les dijo Matias-. Aqui nadie os echara la vista encima. Vereis como todo saldra bien…
El sueno de Conchi tuvo su confirmacion plena a la hora del almuerzo, pues Carmen habia preparado en su honor una comida especial y el mantel de las grandes ocasiones.
Fue, en verdad, un almuerzo de buena voluntad por parte de todos, incluida Pilar. Ignacio estuvo ocurrente, por mas que su tia Conchi, al igual que le sucedio durante su estancia en Burgos, no acabo de gustarle, tal vez por su peinado y por sus negras unas. Matias se desvivio con todos, atento al minimo detalle. Y Pilar… hizo de tripas corazon. Por supuesto, su prima Paz se le atraganto, entre otras razones porque tuvo que aceptar que era muy guapa, pero consiguio disimular, y, aparte de eso, tuvo la fortuna de sentir espontanea simpatia por Manuel. Se paso todo el rato haciendole carantonas y diciendole: 'No sabia yo que estuvieras tan crecido y que tuvieras la nariz tan chata'. Matias se canso de repetir, en tono jocoso: '?Pero si te lo habia descrito con pelos y senales, mujer!'.
Tambien los de Burgos se comportaron lo mejor que supieron. Paz se mostro tal cual era: dura y tenaz, pero con innegable influjo personal. Tenia una cualidad: era incapaz de fingir. Asi, por ejemplo, en un momento en que Carmen Elgazu dijo: 'Lo bueno que tienen las ciudades pequenas es que en ellas todo el mundo se conoce', Paz replico: 'Pues yo creo que eso es lo que tienen de malo. ?Menudo chismorreo habra por aqui!'. Pero Paz tenia un defecto: a veces su sinceridad podia herir. Asi ocurrio con Ignacio. De pronto, y sin venir a cuento, la muchacha le pregunto a su primo: '?Y que tal en Esquiadores? Dispararias a gusto ?verdad?'. Fue una intervencion desafortunada, que Ignacio resolvio, contestando con tranquilidad: 'No lo creas. Me pase el tiempo esquiando y en los esquis no hay gatillos'. En cuanto a Manuel, que ocupaba la silla de Cesar, daba la impresion de sentirse feliz. Si algo se caia al suelo se precipitaba a recogerlo y se llevaba el pan a la boca con uncion, como si lo considerara algo sagrado.
A la hora del cafe, Matias brindo escuetamente:
– Me parece un sueno que nos encontremos aqui reunidos. Repito que no me cabe la menor duda de que sera para el bien de todos.
– ?Claro que si! -corroboro Ignacio, levantando a su vez la taza.
La jornada se completo con la 'toma de posesion' de la vivienda que pertenecio al Cojo. La escalera enfrio un poco el entusiasmo de los recien llegados, pues estaba oscura, la barandilla se quedaba pegada a la mano y los peldanos crujian. Pero los muebles enviados por la Agencia estaban ya en el piso, en su lugar, amen de algunos otros conseguidos por Mateo en el Servicio de Recuperacion. Por otra parte, Carmen Elgazu en persona habia limpiado la cocina, que relucia, con enseres nuevos comprados en una tienda de la calle Plateria. Carmen Elgazu hubiera querido poner en la casa alguna imagen, pero Pilar se lo prohibio. '?Para que? La echarian al fuego'. En cambio, Matias, ademas de meter en el armario, simbolicamente, una botella de anis, colgo en el comedor un calendario, el cual provoco en Manuel una curiosa reaccion: el chico se subio a una silla y marco con una cruz roja la fecha de su llegada a Gerona.
Ocurrio lo previsto: a lo primero todo marcho sobre ruedas. Conchi se entendio de maravilla con el patron del Cocodrilo, al que tenian sin cuidado los monos grasientos y las horquillas colgando. La mujer se adapto pronto a las costumbres del bar, consiguiendo efectivamente espantar a las gitanas y mantener a raya a los soldados que bebian mas de la cuenta. Y a la postre, si bien el jornal que se sacaba era menguado, siempre se llevaba para casa alguna ventajilla. La molestaba que detras del mostrador hubiera un retrato de Franco, pero el picaro patron le decia: 'Pues yo le debo a ese mister el tener otra vez la barriga llena'.
Manuel, que se habia traido consigo el Atlas y que continuaba con su sueno ilusionado -ver el mar-, aun antes de que se abriera el curso escolar estuvo ya a punto de caer en la red que el celo apostolico de Carmen Elgazu tendia por doquier. Ciertamente, Carmen Elgazu vio que el chico era de buena pasta, lo que atribuyo a que en el pueblo castellano en que Manuel se refugio durante la guerra 'debio de recibir buenos ejemplos', y en consecuencia penso en presentarlo, sin mas, a mosen Alberto. La intencion de Carmen Elgazu era proponerle al sacerdote que Manuel, mediante una pequena remuneracion, se quedara en el Museo unas cuantas horas al dia 'en calidad de chico para recados'. Manuel, al oir que su tia, aunque con muchos circunloquios, insinuaba esa posibilidad, pego un brinco, pensando en Paz, su hermana. '?No, eso no!', protesto. Matias se entero de lo que ocurria y farfullo varias frases ininteligibles. '?Se puede saber lo que estas diciendo?', le pregunto Carmen. 'Sencillamente, que nunca oi un proyecto tan descabellado'.
Por su parte, Ignacio penso en llevar a Manuel al Campamento de San Feliu de Guixols; pero Mateo le dijo: 'Es inutil. Lo clausuramos pasado manana, el primero de septiembre'.
La espina irritante, desde luego, iba a ser Paz. Paz consiguio colocarse en una fabrica de lejia. Pero se veia bien a las claras que consideraba aquello provisional; que, al igual que Hitler, iria a lo suyo, costase lo que costase. Se abstenia de hablar de politica; pero siempre se las arreglaba para dejar constancia de que seguia siendo la misma que antano vendia tabaco y chicles por los cafes de Burgos, oido alerta y llorando en los lavabos. Nadie se rasgaba las vestiduras por ello, pues algo habia en la muchacha que forzaba a admitirla tal cual era. Sin embargo, ?por que tanta agresividad? ?Y a santo de que tanto rimel en las pestanas?
La muchacha paso unos dias sin dar que hablar. Dedicose a recorrer por su cuenta, de punta a cabo, la ciudad, que no le parecio tan 'rica y prospera' como su tio Matias se la habia pintado. 'Si, claro. Cataluna es Cataluna, pero…' No olvidaba que la guerra habia destrozado muchos edificios y que todo estaba por recomponer. Pero, asi y todo, muchas fachadas eran tan mugrientas como la barandilla de la escalera de su casa y apenas se apartaba uno del centro de la Rambla, del Puente de Piedra, de la calle de Jose Antonio Primo de Rivera, la impresion de dejadez, incluso de pobreza, recordaba la de muchos barrios de Burgos.
Matias le advertia: 'No te dejes enganar por -las fachadas. Muchas de las familias que ahi viven tienen sus buenos billetes ahorrados y en pocos anos prosperaran lo suyo y daran carrera a sus hijos'. Paz se encogia de hombros. 'No, no, esto no es lo que tu me habias dicho'. Al barrio antiguo, que naturalmente era lo noble y magnifico de Gerona, solo subio una vez. Pero se asfixio en el. ?A que tanta muralla, tanto convento, tanta callejuela? Y ya, poniendose en el terreno que no era el suyo ?como comparar la catedral de Gerona con la de Burgos? Las escalinatas, si. Las escalinatas de la Catedral le gustaron a Paz. Se lo confeso a Ignacio; e Ignacio le dijo: '?Y te gustaran mas aun! El dia que te eches novio, a lo primero te iras con el a la Dehesa, como todo el mundo; pero luego le pediras que te traiga a esas escalinatas a esperar a que se haga de noche…'
De pronto, el segundo dia festivo desde la llegada de Paz, Matias y Carmen empezaron a temblar. En efecto,
