contrabandistas que utilizaba la Sociedad eran hombres del Pirineo que durante la guerra se habian dedicado a pasar gente a Francia. Hombres que conocian los vericuetos y que contaban con la ayuda de los pastores y de los habitantes de las masias. Tambien utilizaban maquinistas de los trenes que llegaban asmaticamente -a veces, transportando a Ignacio- hasta la frontera.
Con todo, el descubrimiento mas sensacional de don Eusebio Ferrandiz, quien desde que perdio a su hija en el accidente del Collell no se explicaba que la gente sucumbiera a tan burdas apetencias, fue el del funcionamiento interno de la llamada Constructora Gerundense, S. A. La Constructora Gerundense, S. A., cobro en cuestion de unos meses tal auge, que su brillo eclipso a las demas. Podia decirse que ninguna actividad, ninguna transaccion posible, escapaba a su ojo de ciclope. Su red se extendia coherentemente por toda la provincia, desde los pueblos fronterizos del interior hasta el litoral. Su especialidad era la expropiacion de terrenos para edificar viviendas, y la adjudicacion de subastas. Pero de hecho sus tentaculos lo abarcaban todo, sin excluir la fabricacion de yeso y la recogida de alambre de espino.
El sistema de que se valia la Constructora Gerundense, S. A., era el de 'lo toma o lo deja', sistema posible gracias a que el talonario de cheques de que disponia su administrador, un individuo oscuro, ?que habia pertenecido a Izquierda Republicana!, era inagotable.
El Gobernador no acertaba a comprender como se las arreglaba la Constructora Gerundense, S. A., para salirse siempre con la suya. La Plaza de Abastos la habia construido la Sociedad. El acondicionamiento de la Clinica Chaos lo llevaba a cabo la Sociedad. De la restauracion de muchos templos se habia hecho cargo la Sociedad, asi como del tendido de muchos puentes. Sin contar con que en el transcurso del mes de febrero, y como por arte de magia, el Estado le adjudico a un precio irrisorio mas de sesenta viejos vagones arrinconados en las vias muertas de la estacion.
El jefe de Policia hacia cuanto estaba en su mano para pillar en falta a la organizacion; jamas conseguia probarle nada al margen de la ley.
Hasta que, de pronto, el comisario Dieguez se entero de que la Constructora Gerundense, S. A., habia llevado a cabo la mas audaz de las operaciones: la compra de una formidable partida de material de guerra anticuado, inservible, procedente del Ejercito, de los Parques de Figueras y Gerona, material 'destinado a chatarra'. Dicho material no salio siquiera a subasta. Paso a ser patrimonio de la Constructora Gerundense, S. A., sin que ningun competidor tuviera opcion.
El expediente abierto en esta ocasion por el comisario Dieguez, del que se decia que habia seguido unos cursillos con la Gestapo, dio el siguiente resultado: los componentes de la Sociedad eran, ni mas ni menos, los hermanos Costa, el coronel Triguero y el capitan Sanchez Bravo… Ahora bien, ninguno de los cuatro figuraba con su nombre: los hermanos Costa estaban representados juridicamente por sus esposas y el coronel y el capitan lo estaban por dos ex brigadas jubilados. ?He ahi el resultado de aquellas conversaciones sostenidas en verano, en una mesa de la Rambla, por el jefe de Ignacio y el hijo del general! ?He ahi por que el chismoso senor Grote decia siempre, al verlos juntos: '?Me gustaria saber que se traen entre manos!'.
El Gobernador se decidio a actuar sin perdida de tiempo. Sin embargo, la papeleta no era facil. Los estatutos de la Sociedad eran normales y los habia redactado un abogado de Barcelona. De momento, opto por llamar a su despacho a su viejo amigo el coronel Triguero. La entrevista fue dura, sin concesiones. Como habia dicho Marta: 'No es cuestion de volver a las andadas'.
El Gobernador, en cuanto tuvo enfrente al coronel, lo invito a sentarse y le dijo:
– Creo que lo mejor es que vayamos al grano. Lo que voy a decirte no tiene nada que ver con el Servicio de Fronteras, que lo llevas muy bien. Se trata de tus actividades… marginales. De tus andanzas en la esfera de los negocios. Me veo en la necesidad de recordarte que perteneces al Ejercito y que esto trae consigo la mas absoluta incompatibilidad.
El Gobernador habia supuesto que el coronel Triguero negaria su participacion, dado que actuaba en la sombra. Pero no fue asi. El jefe de Ignacio hizo como que espolvoreaba la pechera de su uniforme y replico, con calma:
– ?Apuesto a que ves visiones! Todo esta en regla…
– Lo se -admitio el Gobernador-. La Sociedad de que formas parte es legal. Pero eso no importa. No puedo permitir que colabores con ella, que te aproveches de tu condicion.
El coronel Triguero no se inmuto.
– Que yo sepa -dijo-, no esta prohibido aspirar a tener una casita con jardin.
El Gobernador opto por la linea recta.
– En ese caso, la cosa es facil: pides la baja del Ejercito y te vistes de paisano -marco una pausa y anadio-: De no ser asi, vas a salir malparado…
El coronel Triguero, sevillano de origen, sonrio. Su seguridad era tal que se hubiera dicho que disponia de una baza escondida que en cualquier momento podia poner en un aprieto al Gobernador. Y no existia tal baza. Simplemente, era un amoral. A raiz de la guerra habia decidido 'darse la gran vida'. Este era el consejo que le habia dado a Ignacio, una y otra vez, en el Servicio de Fronteras y el que lo inducia a esconder en su coche abultados paquetes en sus viajes de Perpinan a Figueras.
El Gobernador perdio su habitual compostura. Sus gafas negras parecieron dos grandes discos que dijeran: stop. En la mesa del despacho brillaba todavia el falso telefono amarillo con el que, cuando recibia algun pelmazo, simulaba hablar directamente con Madrid. El coronel Triguero le dijo:
– No te excites. Te comprendo muy bien… De todos modos -anadio-, en tu caso cuesta muy poco acusar a los demas. Quiero decir… que resulta facil ser honrado cuando se poseen, como tu, miles de cabezas de ganado en la provincia de Santander…
El Gobernador, entonces, subitamente, recobro la calma. Se levanto y dio unos pasos por el despacho, contraido el abdomen. Se acordo efectivamente de su tierra, del senorio de su familia, que era rica, pero que siempre obro no solo de acuerdo con la ley sino de acuerdo tambien con los postulados de equidad y comprension.
– Siempre has sido envidioso -hablo el Gobernador-. Eres el clasico hombre lleno de concupiscencia, que para desahogarse desprecia cualquier principio de buena crianza.
– Estas exagerando -contesto, sin perder la calma, el coronel-. ?Lees demasiados libros de psicologia! No hay mas que lo que te he dicho: quiero una casita con jardin y que la mujer que cuide de el no sea siempre la misma… -Luego agrego-: Y no te las des de santon. Yo me dedico a comprar, legalmente, chatarra y otras cosillas; tu te dedicas, legalmente, a ser un virrey. Hasta los acomodadores de los cines se arrodillan cuando tu entras. Estamos en paz. Son las ventajas de haber ganado la guerra.
El Gobernador, al oir esto, sentose de nuevo y, pegando un punetazo en la mesa, dijo: '?Basta!'. El coronel entonces se levanto. Ni siquiera le dirigio una mirada de desafio. Encogio los hombros como si se encontrara ante un chiquillo que no comprendia las cosas y luego, esbozando un breve saludo militar, dio media vuelta y se retiro.
El camarada Davila lo vio marchar y se sintio confuso. Una vez mas lamento haber dejado de fumar, no poder darle con la palma de la mano al mechero de yesca que utilizaba Mateo. Penso en el doctor Chaos; tambien, y sin saber por que, en el director del Banco Arus, Gaspar Ley, cuya sonrisa recordaba la del coronel. Penso en las promesas que el Movimiento Nacional habia hecho a los humildes y en Pablito, su hijo. Le invadio un sensible malestar. Le vino a las mientes una frase de Hitler que habia leido una noche en el frente, en vispera de una operacion importante: 'El hombre, cuando esta solo, es mas fuerte'. Llamo al conserje y le ordeno que hasta nuevo aviso no queria ser molestado. A los pocos minutos reacciono y, estirando el brazo, lo acerco al telefono de verdad… al telefono negro que tenia a su derecha.
Con todo, la escena mas violenta fue la que, con pocas horas de intervalo, tuvo lugar entre el general Sanchez Bravo y su hijo. El general se entero por el propio Gobernador de lo que estaba ocurriendo y cito a su hijo, el capitan Sanchez Bravo, precisamente en la Sala de Armas, donde antano cruzaban ironicamente sus espadas el coronel Munoz y el comandante Martinez de Soria.
El general llevaba ya muchos dias sintiendo un vivo descontento por el comportamiento de su hijo. De hecho, no sabia que hacer con el. En su trato social era de una manera; en casa, de otra. Su madre lo habia mimado siempre demasiado y el habia correspondido despreciandola, considerando a dona Cecilia un ser mediocre, desbordado por las prebendas de que disfrutaba. Se mofaba de sus eternos sombreros y collares y de que enviara al asistente Nebulosa a guardarle turno en la peluqueria de senoras. Eso le parecia a el mucho mas delictivo que comprar a precio irrisorio viejos vagones de ferrocarril… En cuanto a su padre, el general, lo consideraba un
