dio cuenta de lo que ocurria y procuro tranquilizar a Ignacio. 'Comprendo que para ti esto es molesto -le dijo-, pero ya conoces a Marta. Cree que es su deber. De todos modos, hazte cargo de que cuando se case las cosas cambiaran…' Ignacio movio la cabeza. 'Asi lo espero', contesto.

El caso es que el viaje de Marta fue a todas luces inoportuno, habida cuenta de que Ignacio seguia recibiendo amenas cartas de Ana Maria… Pilar, que estaba al quite, atosigaba a su hermano una y otra vez: 'No le jugaras una mala pasada a Marta, ?verdad?'. Ignacio se encogia de hombros. '?Que voy a decirte? No lo se. Pero en estos meses podia haberse quedado a mi lado, ?no te parece? Las mujeres sois algo estupidas'.

Ignacio empleaba el plural al decirle eso a Pilar porque tampoco sus relaciones con su hermana eran, como lo fueron en otros tiempos, un modelo de cordialidad. Pilar, a veces, le ponia tan nervioso como Marta. ?Estaba tan segura de si! Daba la impresion de tenerlo todo resuelto… Ignacio llego a pensar si no seria el suyo un problema de celos. Si, tal vez Ignacio estuviera celoso de la felicidad que embargaba a Pilar… y a Mateo. Eran una y carne. Lo primero que ambos leian en el periodico era la lista de las multas impuestas en la jornada y, a continuacion, los discursos de Goebbels. Por lo demas, los dos vestian camisa azul, comulgaban con frecuencia, querian tener muchos hijos… No admitirian jamas que la incertidumbre fuera una virtud superior; a semejanza del doctor Gregorio Lascasas, creian en la linea recta, en la accion, en la fe. Mateo decia siempre que Ignacio, a fuerza de sutilezas, corria el riesgo de caer en un nihilismo suicida.

Nota alegre, luminosa -nota de fe-, en la nueva etapa de Ignacio: la tertulia diaria con su padre en el Cafe Nacional. Este era el unico descanso que el muchacho se permitia a lo largo de la jornada. Por supuesto, lo pasaba muy bien dialogando, a primera hora de la tarde, con el senor Grote, con el solteron Galindo, con el inefable Marcos; y con el camarero Ramon. Sin embargo, la razon principal de la integracion del muchacho a dicha tertulia era saber que con ello hacia dichoso a su padre. En efecto, Matias, exhibiendo a su hijo, seguia siendo el hombre mas feliz del universo. Por mutuo acuerdo habian arrinconado su antiguo slogan: Neumaticos Michelin, sustituyendolo por el de Caldo Potax. Ello provenia de los anuncios que aparecian constantemente de este caldo y de los concursos que la empresa organizaba, ofreciendo cuantiosos premios. Ignacio ahora levantaba el indice mirando a su padre y este respondia: Caldo Potax. Y los dos se reian como chavales. Y los espejos del Cafe Nacional multiplicaban sus risas hasta el infinito, ante el asombro del limpiabotas Tarres, que habia hecho la guerra en antiaereos y que desde entonces creia que lo unico logico en el mundo era llorar.

Asi las cosas, llego el 11 de marzo. Fecha importante para Ignacio, quien en su transcurso habia de protagonizar, inesperadamente, un episodio que daria al traste con su racha de serenidad.

Todo sucedio como si una mano misteriosa actuara opresivamente sobre el. Ignacio, despues de almorzar, acompano a su padre al Cafe Nacional. Y he aqui que, apenas el muchacho se sento a la mesa de costumbre, clavo su mirada en Marcos y experimento una repentina sacudida. ?Acordose de la mujer de este, la guapetona Adela, y de las palabras que ella le dijo en el baile del Casino: '?Por que no subes cualquier sabado por la tarde a hacerme un poco de compania?'!

Cualquier sabado… Aquel dia era sabado. Ignacio noto en el acto que su escala de valores iba a chaquetear. Incluso se permitio bromear con Marcos mas de lo ordinario, echando calculos sobre el numero de aspirinas que este se habria tomado en la vida. Pero su decision era irrevocable. A la media hora escasa, y aprovechando que Galindo propuso jugar la clasica partida de domino, Ignacio se levanto, pretextando que alguien lo esperaba, y despidiendose de todos salio disparado a la calle.

Entro en el cafe de al lado y pidio la Guia telefonica. Su indice temblaba al buscar los nombres. Por fin dio con el que le convenia y, encerrandose en la cabina, marco el numero. La respuesta no tardo en llegar: Adela, desde el otro lado, le dijo simplemente: 'Te espero'.

Ignacio se dirigio, como impulsado por el viento, al piso de la mujer. ?Al diablo la disciplina, al diablo el orden en la mente! El esfuerzo que estaba haciendo ?no se merecia un alto en el camino?

Adela lo recibio enfundada en una bata de color azul celeste, escotada. La casa era una de las privilegiadas: tenia calefaccion. A los cinco minutos el muchacho y la esposa de Marcos se abrazaban con frenesi. Un beso interminable, tremendo, como correspondia al ansia reciproca y a la diferencia de edad. Ignacio no pudo menos de recordar su aventura con dona Amparo Campo, pero aquello llevaba trazas de ser mas intenso. Adela le gustaba. Tenia la piel calida y los senos agresivos. Y hambre de hombre, de hombre en plenitud. Fue el suyo un encuentro que rozo la locura, un encuentro feliz y temerario. Adela susurro en los oidos de Ignacio palabras dulcisimas y otras un poco fuertes. Hubo un momento en que parecio que la mujer iba a desmayarse; luego reacciono. Ignacio hizo honor a su sexo y en ningun momento se dejo avasallar.

Ignacio salio de aquella casa como ebrio. En las calles, los carteles anunciaban simultaneamente zarzuela, futbol y ejercicios espirituales para senoras. Las banderas aparecian arrugadas, lacias, por la lluvia recien caida. El ambiente era invernal. Los carros de la basura -?a esa hora?- circulaban destapados, despidiendo un hedor insoportable.

Antes de subir a su casa entro de nuevo en el Cafe Nacional y le pidio a Ramon, el camarero, una copa de conac.

La tertulia se habia dispersado. Ramon le dijo: 'Creo que deberias subir al piso. Pilar ha venido a buscar a tu padre hace un rato'.

– ?Como?

– Debia de ser algo urgente…

Ignacio tuvo como un presentimiento: su madre. Algo le habia ocurrido a su madre. Cruzo la calzada de la Rambla de un salto y de otro se trago los peldanos. Al entrar en casa se confirmo su temor: su madre habia tenido una hemorragia espectacular. El medico, doctor Morell, habia acudido en seguida y habia pronunciado las palabras esperadas desde hacia tiempo: era preciso operar.

Carmen Elgazu ingreso en la Clinica Chaos al dia siguiente. Pintores y electricistas trabajaban todavia en los pisos de arriba, dando los ultimos toques, pero en la planta baja, donde se encontraban los quirofanos, algunos servicios funcionaban ya. La proximidad del estadio era tal que, desde cualquiera de las habitaciones traseras, los domingos por la tarde se oia el griterio de los hinchas que presenciaban el partido de turno. '?Gol…! ?Goooool…!'.

La operacion, que tuvo lugar el dia 14 de marzo, fue dificil, penosa. El doctor Chaos habia contratado por fin a un anestesista de Barcelona, llamado Carreras, y tambien a dos jovenes medicos licenciados del Ejercito. El anestesista, que habia trabajado durante mucho tiempo en el Hospital de San Pablo, demostro conocer su oficio. Sumio a Carmen Elgazu en un estado de absoluta insensibilidad. Y entretanto, en el quirofano, las batas blancas de las enfermeras circulaban sin hacer ruido y el doctor Chaos, imponente, con su mascarilla, su delantal y sus guantes, iba pidiendo el instrumental con ademanes tan automaticos que se veia a la legua que llevaba anos practicando aquella labor.

Carmen Elgazu permanecio en el quirofano por espacio de dos horas largas. Afuera esperaban, mirando al suelo, mirandose unos a otros, rezando, crispando los punos, Matias, Ignacio, Pilar, mosen Alberto, Paz y Mateo. No fue admitido nadie mas, ni siquiera Eloy. Mateo y Paz habian pedido permiso para presenciar la operacion, pero el doctor Chaos se lo nego. Era su norma: no admitia curiosos.

Los organos genitales de Carmen Elgazu fueron extirpados en su totalidad y depositados en una palangana. Todos sabian que iba a ser asi y se preguntaban: '?Sera capaz un cuerpo humano de resistir semejante amputacion?'. 'Y en el caso de que asi sea, ?dicho cuerpo no perdera para siempre algo sustancial?'. ?Tendria Carmen Elgazu la misma voz, los mismos ojos, ?las mismas cejas!? ?Sus piernas seguirian siendo las columnas del hogar? El doctor Chaos les habia dado un margen de garantias muy amplio. 'Todo saldra bien, espero. La convalecencia sera larga, naturalmente. Pero se recuperara. Su corazon es fuerte y se recuperara'.

A las dos horas el doctor Chaos salio del quirofano y todos lo miraron como si fuera un angel. Nadie se acordo de la tesis del senor Grote, segun la cual el doctor Chaos realizaba siempre aquella operacion experimentando un secreto placer… '?Doctor!'. El doctor Chaos busco con la mirada a Matias y al verlo le dijo en voz alta, para que todos lo oyeran: 'Perfecto. No ha habido complicaciones. Ahora saldra…'

?Quien habia de salir? Carmen Elgazu… El doctor Chaos se fue pasillo abajo, torciendo luego a la derecha. Y a los pocos segundos aparecio en una camilla rodante, impulsada por una enfermera, el cuerpo de Carmen Elgazu. El momento fue solemne. Todos los presentes se apartaron a un lado para dejar paso al silencioso vehiculo.

Una sabana cubria casi por entero, hasta el cuello, el cuerpo de Carmen Elgazu. Solo asomaba su cabeza, inclinada a un lado, horizontal; una cabeza absolutamente inmovil, en apariencia muerta, con unas ojeras horribles, la boca entreabierta, boca de la que salia un gemido sordo y hondo, que fue oido por todos como proveniente del umbral de una vida que no era la comun, que estuvo en un tris de perderse para siempre. La

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