tenor; pero en las habitaciones retumbaban sus propios pasos y por primera vez se dio cuenta de lo que significaba que las monjas, ante el, esbozaran una genuflexion. ' La Iglesia triunfante…' Que decia el Papa? El Papa pedia rogativas por la paz. Pero, en Espana, la paz acaso supusiera mas artefactos, esta vez en el interior del palacio y en su propia alcoba.

El desfallecimiento le duro unos pocos minutos. Mosen Iguacen hizo como que no se daba cuenta y el monsenor se dirigio al salon presidido por el obispo que le precedio y que murio martir en los comienzos de la guerra civil. Aquello le infundio animo. 'Si tu moriste martir, tambien puedo hacerlo yo. Pero, en este caso, que sea con dignidad'. Y dio orden para que, el Domingo de Resurreccion, repicaran todas las campanas de la ciudad. Y para que se colocara un ramo de flores en el lugar preciso donde estallo el artefacto. Y se acordo del bombardeo de la basilica del Pilar, una de cuyas bombas dejo en la acera una senal en forma de cruz.

El camarada Montaraz, que no queria aparentar la menor vacilacion o el menor temor, convoco a un guateque en el Gobierno Civil a todos los falangistas de ambos sexos que tuvieran a bien asistir. Acudieron incluso de los pueblos, capitaneados por Mateo y Marta. Acudio incluso Rogelio, que de buen grado cerro por unas horas la cafeteria Espana. Acudio el consul aleman, Paul Gunther, quien fue el mas aplaudido de la reunion! Paul Gunther, con las ojeras amoratadas, vestia de uniforme y saludo a lo nazi como solo los nazis sabian hacerlo. Hablo de una terrible venganza del III Reich, de su confianza en el Fuhrer y de no se que paz que habria de durar mil anos. Llevo consigo, burlando las leyes espanolas, dos de los 'internados' en el balneario de Caldas de Malavella y que tambien habian pertenecido a la Gestapo. Los falangistas, por un momento, se entusiasmaron como en los mejores tiempos. Se inventaron el milagro. El camarada Montaraz grito: 'Arriba Espana!', y todo el mundo le coreo. Especialmente Marta. Esta se olvido por completo de la existencia de Angel -que no aparecio alli por ninguna parte- y volvio a pensar, tambien por un momento, que la Falange, que la Seccion Femenina, se bastaria para llenar su vida.

* * *

A todo esto, se consumo el derrumbamiento de Italia. Mussolini habia pasado un invierno negro. Solo un dia, el 6 de diciembre, en la plaza de Milan, habia vuelto a hablar como agitador de masas, saludando ante cinco mil entusiastas el advenimiento de la 'Republica Social Italiana' y recobrando los acentos revolucionarios de sus anos jovenes. Pero, en realidad, en su villa del lago de Garda, estaba prisionero de los alemanes. Les odiaba y sabia que habian perdido la guerra, pero tenia conciencia de ser el mismo quien habia fabricado la cadena que le mantenia unido a su fatal destino.

En los ultimos dias de abril se consumo la tragedia, que tanto habia de afectar a los partidarios del Eje, como el camarada Montaraz, el general Sanchez Bravo, Mateo y Marta. Las noticias llegaban confusas, incluso las emitidas por la BBC y sus corresponsales. No obstante, se supo lo suficiente. Mussolini, el dia 19 de abril, decidio dejar el palacio Fratinelli e ir de nuevo a Milan. Los alemanes trataron de disuadirle y de convencerle de que se trasladara a Austria y a Baviera. Sus intimos le aconsejaban refugiarse en Suiza y la familia de Clara Petacci, su amante, le ofrecio organizarle una falsa muerte para cubrir su partida hacia Espana o la Argentina. El resistio a todas estas presiones. 'Nunca abandonare Italia'. 'He jugado y he perdido. Dejare la vida sin odio y sin orgullo'.

Habia pasado semanas clasificando sus papeles de Estado, tomando notas, preparando su defensa; y tambien yendo de noche, en barca, a sumergir ciertos papeles en el lago Garda. En Milan esperaba negociar con el 'Comite de Liberacion Nacional'. Le ofreceria la capitulacion del fascismo. Pediria clemencia para los Camisas Negras, quiza para sus jefes, quiza para el mismo…

En ese momento estallo en Milan la insurreccion del pueblo. Entonces la comitiva, un convoy de varios coches, se dirigio hacia Como, camino de la frontera suiza y del Brennero. Mussolini iba en un Alfa Romeo, con chaqueta de cuero y una metralleta en las rodillas. Graziani y otros ministros se amontonaban en otro Alfa Romeo. Otro coche en el que ondeaba la bandera espanola transportaba a Clara Petacci, su hermano y su cunada. A las diez de la noche llegaron a Como y Mussolini fue a dormir a la prefectura. La frontera suiza estaba a diez kilometros.

Mussolini paso el dia siguiente en Menaggio, en un cuarto de hotel, trabajando en sus documentos o escuchando la radio, que solo le hablaba de derrotas y desastres. Pavolini llego a su lado. Le habia prometido llevarle tres mil voluntarios dispuestos a correr su suerte, y solo le llevaba doce! Doce hombres… Era lo que quedaba de las falanges que tantas veces habian gritado: 'Creer, obedecer, combatir!' y que habian aclamado el lema del Duce: 'Mejor vivir un dia como un leon que cien anos como corderos'.

La columna volvio a partir. Clara le acompanaba, con una gorra que la hacia parecer un soldado y se acurrucaron juntos, bajo la cupula de acero, con los dedos enlazados.

Una patrulla de partisanos detuvo la columna. El jefe, un tal Barbieri, ofrecio dejar pasar a los alemanes, a condicion de que no llevasen italianos. Pasaron los camiones alemanes, con Mussolini en uno de ellos. Clara Petacci paso con el coche que llevaba la bandera espanola.

Diez kilometros mas alla la carretera atravesaba la pequena ciudad de Dongo. Esta vez los partisanos habian sido alertados. Un ministro de Mussolini habia declarado durante su largo interrogatorio: 'Mussolini esta con nosotros'.

Media docena de hombres reivindicaron el honor de haberle reconocido. Mussolini se dejo detener sin ofrecer resistencia. Los alemanes no movieron un dedo para defenderle.

Los partisanos temblaban por la seguridad de su prisionero, al ignorar lo que las jerarquias querian hacer con el. Le taparon la cara con una gasa, para hacerle pasar por herido. Mussolini, debajo de su capote aleman, tiritaba de frio.

En Dongo reconocieron a Clara Petacci, la cual pidio seguir la suerte de Mussolini. Se le concedio el favor.

Llegaron a una casa de campesinos en la aldea de Azzano, en las pendientes que dominan el lago. Mussolini y Clara hablaron largamente, y luego el se durmio con un sueno ruidoso.

La manana del 27 se levanto radiante. Mussolini y Clara se despertaron tarde. Ella se desayuno con un plato de polenta. El trato en vano de tragar un poco de pan. Luego Mussolini se sento en el alfeizar de la ventana y contemplo las montanas.

El ejecutor llego a las cuatro de la tarde, un contable que en la Resistencia tomo el nombre de 'coronel Valerio'. Traia la orden de Palmiro Togliati de fusilarlos.

Al irrumpir en el cuarto dijo: 'Dense prisa, vengo a salvarles'. Clara se retraso hurgando en la cama. 'Que busca?', le pregunto Valerio. 'Mis bragas'.

El 'coronel Valerio' hizo subir a su coche a Mussolini y a Clara. El chofer, Geminazza, veia la pareja en el retrovisor. El muy palido, ella muy tranquila y sin aparentar ningun miedo.

El coche se dirigio a la aldea. Valerio lo hizo detenerse ante la villa Belmonte, desierta, rodeada de una verja. Al parecer, Clara intento cubrir con su cuerpo a Mussolini, gritando: 'No! No podeis matarlo asi!'. Hicieron falta varias descargas y el tiro de gracia para abatir a Mussolini.

En Dongo fueron fusilados 15 fascistas de la comitiva, entre ellos Pavolini, Martello Petacci y Bombaci, 'el traidor' que delato la presencia de Mussolini. Todos fueron llevados a Milan, donde fueron arrojados con otros cadaveres, algunos anonimos, en la plaza Loreto, no lejos de la estacion central. Se desencadeno la ira de la multitud. Mussolini, muerto, fue golpeado, desfigurado, traspasado de balas, colgado por los pies por el mismo pueblo que perdio los pulmones aclamando al Duce vivo.

* * *

Pocos dias despues llego el fin de Hitler, quien se habia refugiado en un formidable bunker construido exprofeso en el propio Berlin. Goering le envio un telegrama pidiendole permiso para tomar el mando de la situacion y hacer lo que mas conviniera al pais. Hitler entrevio que Goering queria pactar con el enemigo y ello le arranco del abatimiento a que se habia entregado. Insulto a Goering en los terminos mas ultrajantes y luego redacto sus ordenes al jefe de las SS. Hermann Goering, culpable de alta traicion, debia ser privado de sus titulos y dignidades y condenado a muerte. Hitler, en consideracion a sus pasados servicios, le conmuto la pena, pero ordenando que fuera detenido inmediatamente.

Una mujer, la bella aviadora Hanna Reitsch, consiguio llegar al bunker, en compania de Von Greim, herido. Escenas de indignacion, de emocion y de lagrimas tuvieron lugar entre el Fuhrer, el herido y la aviadora. Hitler

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