ciudad destruida?

– La nada, la muerte… -el padre Melchor volvio a juntar las manos-. Y pronto supimos detalles, referidos al epicentro de la explosion. A menos de quinientos metros la muerte fue instantanea. Entre los quinientos y los mil metros, los afectados sufrieron danos gravisimos, que en muchos casos desembocaron en una pronta muerte. De los mil a los dos mil quinientos metros la radiactividad fue dejando sus huellas, cada vez mas tenues. Asi, pues, las posibilidades de morir o de enfermar se midieron por metros. Las afecciones mas corrientes fueron, en primer lugar, la leucemia. Luego, los vomitos, las diarreas, los keloides o desgarraduras de la carne, los japoneses las llamaban 'garras del diablo', el temor a la esterilidad y un sinnumero de molestias que lo mismo se presentan en seguida como un poco mas tarde. Lo terrible es eso: cuales seran, a largo plazo, las consecuencias de la radiactividad. Las madres gestantes tienen miedo a que salgan ninos malformados. Y es que la radiactividad tiene sus caprichos. Por ejemplo, aquellas personas que en el momento de la explosion se encontraban en las piscinas, debajo del agua, resultaron indemnes. Abundaron, desde luego, las mutilaciones y las deformaciones. Personas a las que arranco de cuajo una oreja. O cuyas manos o pies se empequenecieron. O cuyo cuerpo, por el contrario, se hincho increiblemente. Tambien se produjeron abundantes casos de ceguera. Y otra cosa: el envejecimiento de la naturaleza y su alucinante alteracion molecular. Las altisimas temperaturas habian hecho temeridades con la materia, habian jugado con esta a placer. Las piedras, los metales, los vidrios habian sufrido extranas mezclas y parecian, segun la version corriente, 'llorar' o 'sangrar'. Lo vegetal quedo en gran parte extinguido y en cuanto a la pequena vida animal, ofrecia singulares sorpresas. Muchas especies habian desaparecido, como, por ejemplo, las ratas. Los pajaros habian emigrado en masa y se ignoraba si regresarian algun dia. En cambio se salvaron, quien pudo predecirlo!, las moscas y las hormigas, y hubo un caballo herido que galopo jadeante durante muchos dias por entre las ruinas, como si fuera un fantasma, hasta que por fin murio.

El silencio en el convento era total. Y el padre Melchor no daba muestras de cansancio; por el contrario, se tenia la impresion de que aquello era un desahogo para el.

– Los supervivientes, padre Melchor, que hicieron?

– Emigraron. Buena parte de la poblacion salvada emigro. Todos los dias, hombres y mujeres abandonaban lo que fue Nagasaki e Hiroshima para dirigirse a otro lugar. No llevaban mas que un hatillo y el horror reflejado en el rostro. No se detenian sino en los toriis sintoistas que les salian al paso, donde alternaban las inclinaciones de cabeza con la elevacion de la mirada al cielo, como interrogandolo sobre su porvenir y sobre el porque de todo aquello. Hasta que, inesperadamente, en medio de las ruinas, se produjo el clasico milagro japones: florecieron con matematica puntualidad algunos de los cerezos que habian quedado intactos. El asombro fue indescriptible. La noticia circulo de boca en boca, trasmudando la situacion. La vida era, por tanto, posible! Viejos y jovenes vencieron su miedosa expectacion o su apatia y no solo regresaron, sino que se aprestaron a reencontrar de nuevo sus casas, a reconstruirlas, sin pedirle permiso a nadie, con madera talada de los bosques cercanos…

– Y como se organizaron los servicios de sanidad?

– Esta fue otra de las sorpresas. La sanidad funciono muy mal. Parecia logico suponer que los heridos y enfermos obtuvieran preferencia, pero no fue asi. Si algo se hizo en este sentido, se debio a la iniciativa privada. Tal vez ello se explicara por el estupor que reinaba en todas partes y por el desconocimiento de la realidad en que vivia el resto del Japon, ya que las autoridades norteamericanas prohibieron, durante un tiempo, divulgar detalles e incluso emplear la palabra atomo. Por contraste, otros servicios se reanudaron con diligencia. Por ejemplo, una semana despues del ataque ya llegaban a Hiroshima periodicos de fuera y a los veinte dias justos salio el primer numero del mas importante periodico local, el Chugoku Shimbun. Tambien se reorganizaron en un tiempo relativamente breve servicios como el agua, cuya falta se habia traducido en uno de los martirios mas penosos…

Llegados a este punto, el padre Melchor palidecio. Se sintio mareado. Todos se asustaron. Y si era un efecto retardado de la radiactividad? Ni siquiera el podia contestarlo. Se recupero pronto, pero lo mismo su hermano, que el padre Jaraiz, que los demas jesuitas del convento, decidieron dejarle tranquilo. Tratandose del primer contacto, no estaba mal. Lo importante era decidir si convenia que diera algunas charlas en Gerona sobre el tema. Seria util?

Las autoridades, con el camarada Montaraz a la cabeza, prefirieron que el mismo eligiera. El padre Melchor, visiblemente fatigado, prefirio no presentarse en publico, pero si escribir una serie de reportaje escuetos, breves, que Amanecer iria publicando. A Mateo aquello le encanto, porque demostraba de lo que habian sido capaces los americanos. Y la persona mas impresionada de Gerona fue Manuel Alvear, el seminarista, aspirante a misionero… El hecho de tener en la propia ciudad un testigo de excepcion le dio alas para volar. Valiendose de mosen Alberto consiguio hablar con el padre Melchor, quien le recomendo al muchacho que tuviera calma. 'Estudia, deja que pasen los anos… Yo me volvere a Nagasaki dentro de quince dias, una vez visitadas las tumbas de mis padres en Palma de Mallorca. Podemos estar en contacto y si perseveras en tu vocacion, alli te esperare…'

A Manuel Alvear se le iluminaron los ojos.

– Ya he empezado a estudiar medicina! Tengo seis laminas a todo color…

– Bien, hijo, bien… Continua por ahi, que en Nagasaki la aportacion de la medicina es lo que va a hacer falta.

No pudo evitarse que el padre Melchor celebrara una misa en la catedral en memoria de las victimas de Nagasaki e Hiroshima. Asistio incluso el obispo. El padre Melchor, al ver atestado el templo, improviso una platica, en la que, abreviadamente, facilito los datos que se le antojaron de interes general. Carmen Elgazu asistio. Ya llevaba unos dias sin la escayola y apoyandose con un solo baston. Mateo la llevo en coche hasta la entrada norte, para evitarle subir las escalinatas. La ceremonia constituyo una manifestacion religiosa de singular intensidad. Incluso el doctor Gregorio Lascasas parecio reanimarse y desechar los pesimismos que tanto le afectaban. 'En los momentos cruciales, los creyentes suelen responder'.

No cabia la menor duda de que aquel momento era crucial. El obispo fue a la sacristia a felicitar al padre Melchor, cuya extrana palidez le desconcerto. Dios, que confusion! Que significaba 'su' amago de angina de pecho comparado con la hecatombe que el padre Melchor les acababa de describir? Nada. 'Senor, perdoname. Senor, acepta mi sentimiento de culpa y dame fuerzas para seguir adelante sin miedo a lo que pueda ocurrirle a mi persona'.

* * *

Mister Edward Collins, el consul britanico, tenia cincuenta y seis anos. Desde que una bomba mato a su mujer no lo podia remediar: detestaba mas aun a los nazis y en noches de insomnio los perseguia. Por ello le intereso especialmente el tema de los 'campos de exterminio'. Al acercarse la Navidad pidio permiso para visitar a sus hijos, que estudiaban en Cambridge, y una vez en Londres obtuvo la debida autorizacion para trasladarse a Alemania.

En Alemania se horrorizo. Sin cesar iban descubriendose nuevos 'campos', o bien anexos, o bien fosas comunes, y los detenidos, de la Gestapo o de las SS, estos ultimos a las ordenes de Himmler, empezaban a desembuchar la verdad de lo acontecido, algunos confiando en que de este modo salvarian el pellejo, otros con una increible sangre fria.

Los hechos objetivos empezaban a perfilarse: varios millones de victimas. Era posible que el mundo no diera credito a las cifras, pero las cifras estaban ahi. De momento, se tenia la impresion de que la nacion mas castigada habia sido Polonia -y no solo por el ghetto de Varsovia-, y por lo general las regiones mas cercanas a Rusia, pues al empezar la guerra muchos judios emigraron hacia el Este, de buen grado o a la fuerza.

Mi lucha, el libro de Hitler, texto de cabecera para los jerarcas del III Reich, evidenciaba, como era sabido, que los judios eran la obsesion del Fuhrer. Les consideraba la hez de la humanidad, que emponzonaban la sociedad entera. En la nueva civilizacion que Hitler preconizaba, los rabinos y sus fieles seguidores no tendrian cabida. En un principio, sin embargo, al parecer la idea no era matarlos, exterminarlos; mas bien se pensaba en trasladarlos a todos a algun lugar del planeta, por ejemplo, Madagascar o la Patagonia. Pero una vez desencadenada la tormenta, los lacayos y secuaces del Principe del Mal -Jose Luis Martinez de Soria aplicaba este calificativo a Hitler-, le achucharon para que se inclinara por el genocidio, en aras de la seleccion y pureza de la raza. Mister Edward Collins, una vez oidos varios militares ingleses, llego a la conclusion de que la mayoria del pueblo aleman ignoraba la existencia de los campos de la muerte, aunque este extremo no se podria verificar jamas.

Mister Edward Collins visito preferentemente algunos de los campos que estaban siendo conservados casi

Вы читаете Los hombres lloran solos
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату