mismo podia provocar esa reaccion. Por su parte, Manolo se mostraba tambien muy afectado y entre todos acordaron dejar el tema para mejor ocasion.
Comentaron, eso si, que dificilmente podria encontrarse parangon con lo ocurrido en Alemania y territorios ocupados. Comparado con aquello, el episodio de las fosas de Katyn eran una pura bagatela. Claro que posiblemente los rusos tenian tambien sus campos de exterminio, pero tratandose de uno de los pueblos vencedores jamas lograria conocerse la verdad.
Manolo era jurista. Y como tal, se sentia desbordado. Como actuar para 'hacerse con el mayor numero posible de culpables?
– Perdona, Esther, pero permiteme hablar de esto. Ahora empezaran las denuncias en cadena, la busqueda de pruebas, las confesiones. Sin duda estas seran forzadas, y las exageraciones abundaran. La papeleta no es facil y no la desearia para mi…
Mister Collins miro a Esther. Le hubiera gustado verla sonreir, pero todavia no habia llegado el momento. Estaba palida y con una infinita tristeza en la mirada. Nunca el consul la habia visto asi. No obstante, contestando a Manolo anadio:
– Sin duda se abrira un proceso legal, publico, ante el mundo entero, para esclarecer los hechos en la medida de lo posible. Segun mis noticias, hay ya una lista de personas declaradas criminales de guerra, que van desde Goering y Von Ribbentrop hasta Himmler, Rudolf Hess, Keitel y demas… Esos fueron los principales responsables, la punta del iceberg. Luego se buscaran los criminales de guerra digamos inferiores, pero merecedores igualmente de un castigo inapelable. Y seran muchos, por descontado! Seran millares… Si, la tarea sera delicada, pero en muchos casos las pistas que se van encontrando, decumentos, partes, ordenes por escrito, fotografias, etc., facilitaran la labor. Manolo asintio con la cabeza.
– Claro, claro… Es de suponer que su propia soberbia les delatara. Estaban tan convencidos de la victoria que resulta logico pensar que estampaban tantas firmas como su cometido les exigia. Pese a ello, yo no veo el castigo adecuado para tanta monstruosidad.
Esther parecia haber reaccionado. Pidio otro cafe. Y encendio un pitillo! Todo un simbolo. Mister Collins la miro con suma simpatia. Sentia por Esther una inclinacion especial, por su impermeabilidad ante tanta deformacion informativa como tenian que padecer los espanoles.
– El castigo adecuado es el que yo apunte: proceso publico, filmado por las camaras; y los culpables, al paredon…
– Y quienes seran los jueces?
– Me imagino que magistrados de las potencias aliadas. Claro que cada expediente sera mucho mas voluminoso que los que usted, mi querido amigo Manolo, abre en su despacho.
– Lo ideal -intervino Esther- seria que usted pudiera publicar en Amanecer, o mejor aun en La Vanguardia, una serie de reportajes como los que el padre Melchor Forteza ha publicado sobre las bombas atomicas de Hiroshima y Nagasaki.
– He leido esos reportajes -dijo mister Collins-. Estan muy bien y escritos por una cabeza clara y una pluma culta. Pero echo de menos en ellos algo: una alusion a las monstruosidades que han cometido tambien los japoneses… -Advirtiendo la aceptacion de su tesis anadio-: Los japoneses son tambien culpables de genocidio y espero que los americanos y los rusos cuidaran de hacernoslo saber…
La fatiga les vencio. Si, fatigaba hablar de tanta venganza. El tema podia durar siglos y no era cosa de pretender agotarlo despues de una apacible cena. El cenicero de Manolo estaba repleto, tambien el de mister Collins. Todavia quedo un resquicio para comentar que Fierre Laval, entregado por Francia a los aliados, habia sido condenado a muerte, que antes intento suicidarse ingiriendo una dosis insuficiente de cianuro y que fue acribillado por once balazos.
A partir de aqui, se hablo de la Navidad. Mister Collins era protestante; consecuentemente, pues, estaba de acuerdo con la presencia de un abeto en el comedor. Seria la primera Navidad de la paz…
El mundo entero la celebraria con jubilo y repique de campanas. En Inglaterra, el Ejercito de Salvacion se afanaba por recoger donativos para los menesterosos. Porque, una de las secuelas de la guerra era la miseria y contra ella habia que luchar. En Espana, era de suponer que las autoridades se volcarian. Habria turron? No, no habria? Bueno, algunos se las ingeniarian para que no les faltara en la mesa! 'Como? Si, si, aceptado! Por Navidad volvere a esta casa a comer un poco de turron…'
La velada se prolongo hasta medianoche. Al oir las doce campanadas, mister Collins se levanto. Era preciso retirarse. Les pedia perdon por la visita macabra, pero supuso que todo aquello les interesaria y el necesitaba comunicarselo a algun 'espanol'. Porque, no faltarian los incredulos, los que se alzarian de hombros y exclamarian: 'Y a mi que me cuentas!'. Bien, se sentia mejor que cuando subio la escalera. Ahora daria de nuevo una vuelta por las silenciosas calles de Gerona, aprovechando la paz reinante y la benignidad de aquel invierno.
Le acompanaron hasta la puerta de abajo -la placa dorada decia: 'Bufete-Abogados. Manuel Fontana-Ignacio Alvear-, y mister Collins se esfumo en la oscuridad de los soportales de la Rambla. Alli oyo el croc-croc del baston del sereno y vio su farolillo. Aquella estampa bucolica le recordo Inglaterra, su pais natal. Ah, si su mujer viviera! Pasarian la Navidad en la modesta casa que poseian en uno de los barrios perifericos de Londres. No necesitaria el poquito de turron… Vio abierta la cafeteria Espana y dentro, radiante, a Rogelio, el barman, ex combatiente en la Division Azul. Le dieron ganas de sacarse la pistola y disparar contra los cristales. El mismo se avergonzo de la idea y bifurco hacia la plaza del Ayuntamiento. Recordo que el gobernador, camarada Montaraz, exhibia en la dentadura varias piezas de oro. De haberlo internado en Dachau, se las hubieran arrancado al extraerlo de la camara de gas.
Manolo y Esther cuidaron de repetir a otras personas las palabras del consul. Por ejemplo, a Ignacio y Ana Maria. Y a Moncho y a Eva. Eva! Esta se puso a llorar. Imagino que sus padres, judios, habian terminado en alguna camara de gas. Su padre, Hans Berstein, tocaba el acordeon. Quien sabe si figuro a la fuerza entre los que debian tocar los Cuentos de Hoffmann o valses de Straus!
En opinion de Eva, la version dada por mister Collins era correcta. Ella habia vivido la persecucion nazi contra los judios ya antes de la guerra. Sonaba con hacer un viaje a Alemania y ver de encontrar alguna pista de sus padres y hermanos. 'Debe de haber listas… En alguna parte debe de haber listas'. Moncho intentaba quitarselo de la cabeza.
Ignacio y Ana Maria dieron credito a las palabras de mister Collins. Por que iba a mentir? Ni siquiera era necesario oir las emisoras extranjeras o leer los periodicos de fuera. Los propios corresponsales espanoles daban a entender la verdad, aunque a veces por mera alusion o utilizando eufemismos. Ignacio, ademas, se acordaba del episodio de Guernica. Las fuerzas capaces de cometer aquel crimen podian serlo de cualquier otra matanza. Y las fotografias! Pasaban de mano en mano arrancando expresiones de condolencia. Si Jaime, el librero, hubiera podido sacar copias!
Ademas, se decia que entre las victimas habia muchos espanoles de la Resistencia que cayeron prisioneros. Y habian regresado a Gerona algunos trabajadores de los que emigraron a Alemania, y por haber presenciado alguna escena protagonizada por los SS, afirmaban con la cabeza.
Esther, ganada por un subito entusiasmo expansionista, hablo con Charo, con Maria Fernanda, con Carlota. SuS palabras iban siendo repetidas. Funcionaba el boca-boca. Maria Fernanda comento: 'Los italianos son incapaces de una cosa asi'.
Mateo vivia horas azarosas. Quien se encargo de informarle fue Pilar. 'Solo me creo la mitad de la mitad', dijo. Y al ver las fotografias se contuvo, disimulo su desabrida sorpresa y comento que 'haria falta ver las fotografias de los crimenes que cometieron los de la Resistencia '. Sin embargo, el muchacho eludio el tema. En el fondo, recordando la soberbia de los nazis que el conocio gracias a la Division Azul les consideraba capaces de cualquier tropelia. No a los simples soldados, pero si a los jefes. Estos practicaban de hecho un racismo que clamaba al cielo. 'Los espanoles eramos enanitos meridionales', le repitio a Pilar. Esta, con la mejor dulzura de que fue capaz, le dijo que procurara abrir los ojos y vivir de realidades. 'Total, dentro de poco en los cines de Gerona podras ver esos documentales filmados en directo'. Mateo, acongojado, no sabia que replicar y solto aquello de la lena y el arbol caido.
El camarada Montaraz se enfurecio. Dio ordenes de denunciar a quien propagara 'bulos'. El no podia olvidar
