echo un cable asignandole un secretario llamado Lucas, que se las ingeniaba para que el notario Noguer solo tuviera que firmar, lo mismo en la Diputacion que en su despacho particular. Manolo, que estaba en contacto permanente con el, le acusaba de ser excesivamente meticuloso en su trabajo. El notario Noguer le contestaba: 'A mi edad, no se tiene prisa. La eternidad esta cerca'. Ahi estaba. Siempre habia un tono melancolico en sus palabras, que contagiaban facilmente a don Emilio Santos. Hablando de la guerra siempre decia: 'Las guerras son injustas. Mueren precisamente los jovenes. Si esta guerra dura mucho, los viejos nos veremos obligados a volver a empezar'. En el fondo no aceptaba envejecer, la limitacion de facultades. Se acordaba de cuando era nino y hacia excursiones por Montjuich, las Pedreras, las murallas, el valle de San Daniel. Siempre corria por las calles. Ahora debia apoyarse en un baston y la diabetes le obligaba a dos pinchazos diarios y a no comer dulces. Tambien habia notado una progresiva perdida de la vision.
– Mi querido don Emilio, todos tenemos nuestros achaques… Y es inutil rebelarse. Cuando veo en la Rambla a las parejas jovenes pisando firme y comiendose el mundo peco de envidia. Lo confieso. Peco de envidia… Le preocupa a usted mucho la muerte, don Emilio?
Don Emilio, en la cama, la cabeza recostada en dos almohadones, le contestaba:
– Pues si, me preocupa. Procuro no pensar en ella, pero leo la sentencia en los ojos del doctor Chaos, de Moncho, de Mateo y de Pilar… Y sobre todo, del pequeno Cesar! A veces me lo traen y me llena de besos como si se despidiera de mi… -don Emilio aspiraba el aire con todas sus fuerzas-. Si, amigo Noguer. Yo crei que me conformaria con el cupo de vida que Dios me otorgara; pero ahora que se acerca el final me dedico insensatamente a protestar… Me hubiera gustado vivir unos anos aun, para ver el triunfo de Mateo, para presenciar su reconciliacion con Pilar y para tener otros dos o tres nietecitos… En vez de esto, me conformo con que el padre Forteza me de una y otra vez la absolucion. Y pensar que cuando estaba en la checa la muerte no me daba miedo! Imposible entender el corazon humano, aunque se trate de un corazon pachucho como el que me sostiene en estos momentos…
El notario Noguer no encontraba las palabras adecuadas para distraer a don Emilio Santos. Mientras se limpiaba los cristales de las gafas proseguia:
– Tal vez lo peor no sea la muerte, don Emilio, sino este pasillo intermedio que es la vejez. Se ha fijado usted en el profesor Civil? Su mujer enferma y el empieza a andarle a la zaga… No es el mismo de antes. Antes daba gusto oirle hablar. Hacia saltos mortales con las palabras. Ahora se esfuerza, pero a mi no puede enganarme… Y es curioso que el doctor Chaos nos haya recetado a los tres casi las mismas cosas, con solo algunas variantes…
El profesor Civil, pese a la opinion del notario Noguer, era otro cantar. Cada visita a don Emilio la planeaba como si se tratara de un combate. Hacia acopio de noticias que no tenian nada que ver con la vejez y las soltaba una tras otra, mientras Pilar le preparaba un tazon de chocolate, que le sabia a gloria. Cierto que tambien habia perdido facultades; pero su labor en Auxilio Social le llenaba el alma. Todavia llevaba larga la una del pulgar, como algunos taponeros, porque le recordaba las cruces que con ella habia trazado en la pared de la carcel. Todavia repetia, hablando del futuro: 'El gallo ha de cantar, pero la manana es de Dios'. De pronto miraba el reloj y gritaba: 'Pilar!, que es la hora de las pildoras amarillas…' Y Pilar acudia solicita. Y les besaba en la frente a los dos y se volvia de puntillas al comedor.
El profesor Civil le traia de la calle un aire fresco. Le decia que se habia puesto de moda entre las chicas unos zapatos llamados 'topolino', que consistian en un tacon de corcho altisimo, que a buen seguro les perjudicaba la columna vertebral, y que tambien llevaban unos peinados altos que se llamaban Arriba Espana. Le decia que en la Rambla se habia abierto una cafeteria, cafeteria Espana, al frente de la cual estaba Rogelio, aquel camarero que se marcho a la Division Azul. 'No tiene usted idea del exito del establecimiento. La gente se queda de pie en la barra, pide lo que le apetece y se marcha. Y otro aluvion. Aquello es una maquina de ganar dinero y Miguel Rossello, el capitalista, se va a forrar. Por cierto, que con frecuencia veo alli a los consules de los Estados Unidos y de Inglaterra. Claro, la costumbre es anglosajona, no faltaria mas!'.
Tambien le decia que Gerona estaba viviendo una revolucion demografica. Llegaban a la estacion, en caravana, muchos andaluces y extremenos, que en sus tierras no tenian de que vivir. 'Teniamos ya muchos, como usted sabe; pero es que ahora, en cuestion de un semestre, y pese a los emigrantes a Alemania, ha sido la invasion. Y al parecer cabe decir lo mismo del Pais Vasco y de Madrid capital. Es la huida del campo a la ciudad. Es la tentacion. Aqui se instalan en el barrio de la Barba, que es ya una especie de ghetto y tambien en la fortaleza de Montjuich. Viven en cabanas. Beben agua del Onar. Santo Dios! Cuando algun nino se muere, no tienen con que pagar el entierro. Yo me cuido de ello, a traves de Auxilio Social. Menos mal que el gobernador, aunque a mi me parece mas totalitario que su predecesor, Juan Antonio Davila, me tiende la mano, me ayuda en los casos que claman al cielo. Pero esta inmigracion, que es de prever que continue, repercutira fuertemente en el porvenir de la Cataluna de mis amores. Ya se oyen mas panderetas que fiscornos y tenoras. Ya se bailan mas tangos de Cadiz que sardanas. Las mocitas llevan trajes de lunares y a veces me pregunto si Pilar saldra a la calle con uno de ellos… Ja, ja! Perdone que me ria, querido don Emilio, pero es que si Espana llega un dia a ser Andalucia y Extremadura, yo me largo con mi mujer a Andorra y pedimos el cambio de nacionalidad'.
Don Emilio conseguia sonreir. Un dia habia visto bailar al Nino de Jaen, junto con varias gitanas.
– Reconozco que aquello era contagioso… Yo me sorprendi palmeando y el notario Noguer me dijo: 'Que le pasa? Siente usted muy adentro las campanas de la Giralda? Hay que ver, hay que ver…'
– De todos modos -arguia el profesor Civil-, a lo mejor quienes se contagian son ellos y les da por la laboriosidad… No digo para el ahorro, porque esto, dadas las circunstancias, seria una burla. Pero ultimamente he visto algunos andaluces que se esfuerzan por abrirse camino. Ha oido usted hablar de Charo, la mujer de Gaspar Ley, director del Banco Anis?
– Pues, no…
– Es andaluza y se ha venido a vivir aqui. Esta a punto de abrir una peluqueria de lujo para senoras, que haga pendant con la barberia de Damaso… Todo a la ultima moda, incluidos esos espejos que le quitan a uno quince anos de encima. Y todas las dependientas, andaluzas. Lo que saben las andaluzas de arreglarse el pelo! Lo ensortijan, lo caracolean, peinan incluso a las mil imagenes de la Virgen que adoran alli… Y digo adoran porque muchos andaluces no creen en Dios, pero si creen en la Virgen.
Eran dialogos repletos de humanidad. A menudo don Emilio Santos palidecia y tenia una crisis: el corazon. Entonces el profesor Civil le secaba con el panuelo el sudor de la frente.
Si coincidia con Mateo, la estrategia funcionaba mejor todavia. Mateo queria mucho a su padre y agradecia al notario Noguer y al profesor Civil tan amistosa asiduidad…
– Que, padre? Que le ha contado hoy el profesor? Que los rusos estan a punto de tomar Berlin?
– Anda, no pinches, no pinches… -replicaba don Emilio-. Me ha hablado de los zapatos 'topolino' y de los peinados Arriba Espana.
– Oh, si, es verdad!
– Y de la cafeteria Espana…
– Pues si que esta al corriente! Rogelio se esta forrando, al igual que Rossello. Es una lastima que a mi no me de por los negocios… -Mateo miraba el reloj y exclamaba-: Pilar, un vaso de agua! Es la hora de las pildoras rojas!
Pilar acudia con identica solicitud y entre todos rodeaban a don Emilio de un afecto que se habia merecido a lo largo de sesenta y cinco anos de existencia.
Hasta que don Emilio Santos murio. El mismo dia en que murio, en Francia, Leon Daudet. El mismo dia en que Montgomery, en Africa, en El-Alamein, iniciaba la contraofensiva contra Rommel. Don Emilio Santos murio de un colapso cardiaco. El padre Forteza acudio veloz, pero no le dio tiempo a suministrarle la extremauncion. Hizo la senal de la cruz sobre el cadaver y leyo un responso. Don Emilio Santos, muerto, cobro una placidez que causaba a la vez respeto y espanto.
– Un santo varon… -murmuro el padre Forteza.
Los demas asintieron llorando.
