El entierro fue multitudinario. El profesor Civil, el notario Noguer y el camarada Montaraz escoltaron a Mateo, cuya cojera parecio acentuarsele mas. Tampoco andaban lejos Matias e Ignacio. Y Manolo. Y Alfonso Estrada. Y Jose Luis Martinez de Soria… Y el doctor Chaos y Moncho, los cuales estuvieron de acuerdo en algo tan corriente y vulgar como que cada muerto era un fracaso de su profesion.
Ah, por supuesto! Sin don Emilio Santos el piso de la plaza de la Estacion parecio otro. A la noche, retirados todos los acompanantes, Mateo y Pilar se quedaron solos, junto a la cuna del pequeno Cesar, con la unica excepcion de la sirvienta Teresa, que se las ingenio para retirarse pronto a descansar.
Silencio tenso el de la pareja, con Mateo que aparecia derrotado y Pilar que no sabia donde posar la mirada. Finalmente la poso en la maquina de coser, en la que habia pedaleado horas enteras recordando su aprendizaje en el taller de las hermanas Campistol.
Por suerte, ni el pajaro disecado ni el retrato de Jose Antonio estaban en el comedor. Junto a la radio, una foto de la boda, una de don Emilio Santos, otra de Cesar. Las fotografias de la familia Alvear estaban en la alcoba conyugal.
Mateo rompio la pausa.
– Ahora tendremos que arreglarnoslas solitos, Pilar. A ver si de una vez por todas consigo volver a ser tu marido…
Pilar jugueteo con la medalla que le colgaba del pecho.
– Hago lo que puedo, Mateo… Pero hay algo dentro de mi que no consigo vencer -y beso la medalla.
– Jamas pude imaginar que tu rabieta durara tanto… Te escribi desde Rusia mis mejores cartas de amor.
– Si no te hubieras ido, las cartas hubieran sido innecesarias.
– Pero me fui. Y me siento orgulloso de mi cojera…
Pilar suspiro.
– Eso es lo que nos separa. Que no te arrepientes de nada. Ni siquiera al saber que tu padre empeoro en cuanto tu te marchaste.
Mateo se paso la mano por su gran cabellera negra e hizo un esfuerzo para no estallar. Estaba fumando, enlazando un pitillo tras otro.
– Que te aconsejan tus padres? Que sigas en la brecha?
– No me aconsejan nada. Ni siquiera Ignacio… Soy yo la responsable y la madre del hijo que me diste.
Mateo aplasto la colilla en el cenicero.
– De modo que te he perdido para siempre?
– Yo no he dicho eso. Te quiero igual que antes. Solo que ahora me consta que hay cosas en la vida que las prefieres a mi…
Mateo abrio los brazos.
– Crees que el nuestro es un caso unico? Millares de hombres prefieren su profesion a la vida familiar. Otros prefieren la bebida, como el capitan Sanchez Bravo… Otros, su tertulia en el cafe. Y las mujeres aguantan y no les vuelven la espalda.
– Por lo visto yo soy un caso aparte. Te necesito a mi lado. Y esto es un pecado mortal…
Mateo tuvo un rapto. Se levanto, se acerco a Pilar y tomandole la cabeza entre las manos la beso en los labios con todas sus fuerzas… Pilar comprendio que aquel momento era crucial. Cortarlo en seco significaria la rotura. Se acordo de don Emilio Santos, que la vispera le habia dicho: 'Hija, cuando volveras a mirar a Mateo como antes?'. Pilar acepto el beso. Y le correspondio. Era la primera vez que cedia desde el regreso de Mateo. Este, en un momento determinado penso: 'Eureka! He vuelto a la vida'. Pero Pilar tuvo un acceso de tos y el beso se interrumpio. Y miro a Mateo. Y en un segundo repaso la pelicula de sus vidas, como, segun el doctor Andujar, les ocurria a los moribundos. Mateo estaba de pie y parecia llorar. Mateo no lloraba nunca. Ni siquiera lloro en el cementerio. Aquello humedecio tambien los ojos de Pilar. Su conflicto interno era agotador. Los sentimientos, al cruzarse, la desbordaban.
– Mateo… -murmuro, por fin.
Al muchacho le dio un vuelco el corazon.
– Por la memoria de tu padre, abrazame otra vez… -y Pilar se puso de pie.
Mateo la abrazo hasta casi sentir que le crujian los huesos. La lampara del comedor parecia de plata.
Al separarse, Pilar se arreglo el pelo y dijo:
– Es la primera vez que he sentido que algun dia me olvidare del lago limen…
Mateo abrio los ojos de par en par.
– De modo que… todavia tengo que esperar?
Pilar miro la mecedora en la que solia sentarse don Emilio Santos.
– No vamos a elegir precisamente el dia de hoy para decir que hemos resucitado…
La reconciliacion, una semana despues, fue un hecho. Pilar volvio a llorar, pero esta vez de felicidad. Mateo volvio a juguetear con su mechero de yesca. Todavia no se atrevio a ensenarle las fotografias de Rusia, en las que se le veia tambien con gorro de astrakan o con casco aleman, sobre un fondo infinito de nieve. Pero todo se andaria. Por de pronto, gran alborozo en el piso de la Rambla. Matias y Carmen Elgazu abrazaron a su yerno. Matias le invito a ir a pescar. Carmen Elgazu, a un plato de crema catalana. 'No me pregunteis de donde he sacado los ingredientes, no me lo pregunteis'. El combate mas duro se libro en el cerebro de Ignacio, quien acababa de defender, y ganar, otro pleito en la Audiencia referido a la compra ilegal de unos productos intervenidos. Ignacio no podia con el fanatismo de Mateo. Se dio cuenta de que este no habia abdicado de ninguna de sus ideas y que ni siquiera se quitaba de la camisa azul el emblema del Ejercito aleman. Por si fuera poco - aunque esto suponia una gran ventaja-, volvia a disponer de coche oficial. Por el momento Mateo no podia conducir y se le asigno un chofer llamado Hernando, quien precisamente acababa de separarse de su mujer.
Ignacio abrazo a Mateo y volvio a sentir que le queria entranablemente, como cuando ambos discutian bajo las arcadas de la Rambla el ser y no ser de Espana. Tambien le vino a las mientes toda la pelicula de su amistad. Mateo, imposible negarlo!, tenia una inteligencia desbordante, que se le manifesto muy precozmente. El primer dialogo no protocolario de ambos recordo una partida de ping pong.
– Aunque lo disimules, tu eres inteligente… -le dijo Ignacio.
– Me gustaria verte togado… -replico Mateo-. La toga debe sentarte como a Cristo dos pistolas.
– No lo creas. Los hermanos Costa saben algo de eso…
– Los hermanos Costa perderan los pleitos pequenos, pero lo de mas bulto, vaya usted, senor abogado, a comer ranas al restaurante de la Barca… -y Mateo echo una bocanada de humo al rostro de Ignacio.
– No me hagas estornudar, que me se cuales son tus puntos debiles…
– Cuales, a ver?
– Los dientes. Te pego un punetazo juridico en los dientes y la Voz de Alerta tiene que ponertelos de oro, con lo que dejaras en ridiculo al cantarada Montaraz.
Mateo se rasco la nariz.
– Sabias que el camarada Montaraz colabora en ' La Codorniz'?
– No, no lo sabia -admitio Ignacio-. Pero no me sorprende. En el fondo, para ser gobernador civil en un Estado totalitario hace falta mucho sentido del humor…
– No vuelvas a las andadas, que te recordare los arduos combates que libraste en Esquiadores, con el retrato de Franco en la mochila…
– No me recuerdes nada. He sabido doblar la pagina…
– Yo tambien he doblado una. La de Pilar.
– Lo lamento mucho. Sin cunado a la vista, vivia como los angeles…
– Ahora tendras que soportarme.
– Ya sabes que estoy muy ocupado.
– Yo tambien. Quiero terminar la carrera de abogado y enfrentarme contigo a la primera ocasion.
– Preparate… Ahora ya no valdra, como antes, tu curriculum. Ahora, muchos codos en la mesa.
– El problema es el tiempo. De donde lo saco? Pero no importa. En Rusia aprendi a no dormir…
– Los eslavos no duermen?
