– Cuando se emborrachan, si… Y se emborrachan todas las noches.
– Entonces, no te quejes.
– No me quejo de nada.
– Te reto a una partida de futbolin… -brindo Ignacio.
– Acepto. A condicion de que el pequeno Eloy no te eche una mano.
La eclosion reconciliadora tuvo lugar en casa de Manolo y Esther. Estos invitaron a cenar a Mateo y Pilar, a Moncho y a Eva, y a Ignacio… Faltaba Ana Maria para que el emparejamiento fuera completo. Aunque Ana Maria le habia telefoneado a Ignacio: 'Estoy preparando un viaje a Gerona, invitada por Charo. Pienso estar lo menos una semana, aprovechando que mi padre se va a Portugal por no se que asunto de cuadros de pintores clasicos'.
Manolo y Esther le pidieron permiso a Pilar para hablar un poco de Rusia, tema que, aparte de la guerra, debia de ser apasionante.
– No te parece? Olvidate de que Mateo fue alli a pelear… Entre los matrimonios no puede haber tabues, so pena de que la confianza mutua se tambalee. Deja que Mateo se despache a gusto, formula magica para zanjar la cuestion.
Pilar hizo un mohin impreciso, que nadie supo como interpretar. Por un lado parecia resignada, pero por otro era obvio que se habia colocado a la defensiva.
Manolo insistio.
– Rusia ocupa la sexta parte de la superficie terrestre. Una inmensidad. No vamos a eliminarla de un plumazo por culpa de la Division Azul… Si la BBC no miente, y no miente nunca, ahora ha empezado de veras la batalla de Stalingrado, en la que, al parecer, Hitler empena gran parte de sus fuerzas.
Mateo intervino.
– Y que quereis que os cuente yo de la batalla de Stalingrado? Nosotros vimos una Rusia en miniatura, una parcela, algo asi como un diograma… Aprendi varias palabras, el sonido del samovar y crei haberme vacunado contra el dolor que puede producir una muerte… Pero ahora, al morir mi padre, comprobe que no es asi. Diriase que los muertos en la guerra son menos muertos que los demas.
Mateo saco su mechero de yesca -su ex libris- y dio lumbre al cigarrillo de Esther. Esta pregunto:
– Es cierto lo del estoicismo de los rusos?
– Ciertisimo. Nadie lo niega. Fueron siempre esclavos y lo seran hasta el fin de los siglos.
– Y su brutalidad? -pregunto Moncho-. Crees que son mas brutos que los demas? En mi opinion, todos los pueblos son identicos cuando son identicas las circunstancias…
– Nada de eso… -impugno Mateo-. Depende de las costumbres, del clima, de la tradicion. Y lo que no querria es generalizar. La Rusia nortena que yo conoci nada tiene que ver con la de Ucrania, con la del mar Negro. Un esquimal no puede ser igual que un negro del Congo.
Ignacio pregunto a su vez, mientras apuraban el consome:
– Que es lo que te daria mas miedo si los rusos, vamos a suponer, avanzaran hacia el Oeste?
Mateo dejo la taza en el plato.
– Que ya no se retirarian nunca mas. Y las violaciones… -Se hizo un silencio y Mateo prosiguio-: Ante una mujer desconocida, distinta de las suyas, se comportan brutalmente y son capaces de prenar a los mismisimos demonios.
Ignacio intervino de nuevo.
– Eso queda claro leyendo a sus novelistas, que de un tiempo a esta parte han sido mi obsesion, dejando a un lado el tema de las religiones orientales… Gogol llega a decir que el alma rusa se comera el alma de los demas pueblos y que solo entonces se podra hablar de revolucion universal.
Mateo movio la cabeza negativamente.
– Esa es otra cuestion… No tengo mas remedio que afirmar que Hitler acabara con los suenos de Gogol y de todos sus correligionarios.
Pilar tuvo un gesto de desencanto. Ella habia confiado en que el dialogo tomaria otro cariz. Todos lo advirtieron y se produjo un silencio, que Moncho, el analista del grupo, rompio, aprovechando que en la mesa se habia servido el segundo plato.
– Ignacio, que te pasa a ti con Oriente? Te has hecho budista, o que? No le temes al senor obispo?
Hubo un titubeo. A Mateo le hubiera gustado seguir hablando de Rusia, de sus tics temperamentales, y a Manolo y a Esther tambien. En cambio, Eva, que por fin parecia haber aprendido a vestirse, se intereso vivamente por la invitacion hecha a Ignacio.
Este tomo la palabra, a sabiendas de que Pilar se lo agradeceria. Las religiones orientales, que precedian de siglos al cristianismo, eran un universo que Occidente se empenaba en olvidar, como en Espana se olvidaba la influencia del islam.
– Si os pregunto que son el Yin y el Yang ninguno de vosotros sabra a que me refiero.
Moncho levanto el brazo indicando stop.
– Perdone usted, orientalista, pero yo se de que se trata, porque he estudiado y practicado, lo mismo que Eva, la acupuntura y no simplemente para anestesiar. El Yin y el Yang son los dos principios basicos de este arte de curar, de estos polos de energia, que a Esther le irian de perlas para esas molestias que le dan la lata a su columna vertebral…
Esther se intereso al maximo.
– Adelante con la acupuntura! Pongo mi cuerpo, con permiso de Manolo, a vuestra disposicion.
Manolo sonrio.
– Con tal de que te curen, estoy incluso dispuesto a pagarles sus buenos honorarios.
– Hablaremos de eso -tercio Moncho-. Es mas serio de lo que vosotros os figurais…
– Por supuesto -admitio Mateo-. Por eso hay que estar al tanto de lo que van a hacer los japoneses… Segun mi amigo Nunez Maza, forman una raza aparte, que caera sobre el Imperio britanico, que ha caido ya, como si el volcan Fujiyama se pusiera en erupcion…
Era evidente que Mateo no daba su brazo a torcer. Desde cualquier angulo, el revertia los temas al de la guerra en curso. Claro que olvidarla era tambien un pecado de inhibicion.
Ignacio no se inmuto. El habia penetrado en Oriente de la mano de las biografias y los textos de Gandhi que el librero Jaime le habia proporcionado. El hinduismo!
– Si los aqui presentes fueramos hindues, esta cena se nos antojaria un despilfarro y nos pasariamos el rato juntando las manos en actitud de plegaria…
– Pse, pse… -replico Moncho-. Me has defraudado. Esto es puro folklore, como lo de las vacas. Esto lo sabe hasta tu ahijado Eloy.
– Pues claro! -exclamo Ignacio-. Que te creias? Que iba a daros aqui, entre salsas y solomillo, una leccion sobre Buda y sobre Confucio? Hoy no me da la gana, para que veais. Hoy vengo aqui a brindar por Mateo y Pilar, para que me den todos los sobrinos que les apetezcan…
La distension fue total. Se termino la cena, llego la hora del cafe -Esther alardeo de sus facultades de ama de casa-, y luego se presentaron sus hijos, Jacinto y Clara, a dar las buenas noches.
La presencia de los dos hijos de Manolo y Esther alegraron la reunion, sobre todo porque llevaban dos vistosos e identicos pijamas.
– Verdad que no parecen rusos? -apunto Esther, atrayendolos hacia si.
– En absoluto -dijo Mateo-. Si lo fueran, les habriais tatuado una estrella roja en mitad de la frente.
Se oyeron las doce campanadas en el reloj de la catedral. Y entonces empezo el desfile. La despedida fue breve, pues, en un sitio como Gerona, todos volverian a verse con asiduidad.
Moncho y Eva, a los que gustaba andar de noche, bajo las estrellas, se fueron a pie. Rambla arriba. Tambien, un poco mas tarde, se marcho Ignacio. Por fin, salieron Mateo y Pilar: el coche oficial, con Hernando al volante, les esperaba fuera, ya que Mateo, se cansaba todavia mucho al caminar.
Gerona estaba tranquila a aquella hora. Era un remanso de paz. Solo en el casino de los senores estaban reunidos los jugadores de poquer, entre los que figuraban el capitan Sanchez Bravo y el bibliotecario Ricardo Montero.
