* * *

Llego, como en ocasiones precedentes, la quincena del amor. La Torre de Babel y Paz se casaron. Ninguno de los dos queria hacerlo por la Iglesia, pero todo el mundo se lo aconsejo. De no hacerlo, podian luego encontrarse con mil inconvenientes y con la consabida maledicencia de un gran sector de la ciudad. Ello no convenia a la Agencia Gerunda, y tampoco a Paz. Esta se nego a casarse de blanco. 'Un traje chaqueta y voy que chuto'. Cefe, el pintor, fue el encargado de llevar el ramo de flores a la novia. Se casaron en la iglesia del Mercadal y quien bendijo la union fue mosen Alberto. A Manuel Alvear le dieron permiso en el seminario para asistir a la ceremonia y ejercer de monaguillo.

El templo casi se lleno. Desde la familia Alvear al completo, Eloy incluido, hasta Padrosa, los hermanos Costa y los componentes de la Gerona Jazz. Recibieron muchos regalos, que adornarian el piso de la plaza del Ayuntamiento que la Torre de Babel habia alquilado y en el que varios albaniles y pintores estuvieron trabajando durante un mes. Matias y Carmen Elgazu obsequiaron a Paz con toda la bateria de cocina e Ignacio, por su parte, le regalo un jarron oriental, por consejo de Esther. Era curioso ver a Paz encandilarse con los regalos. Apenas si quedaba en ella nada de aquella muchacha agresiva, agria, que se paseaba por Burgos vendiendo tabaco a los militares.

No estaba enamorada de la Torre de Babel. Ni siquiera le queria. Sentia un cierto aprecio por el ex empleado del Banco Arus y tambien un cierto agradecimiento 'por su tenacidad'. Pero Paz, desde que Manuel ingreso en el seminario, se sentia sola en casa y no veia claro su porvenir, puesto que Pachin le habia dado calabazas. Todo el mundo le aconsejo: 'casate', empezando por su tio Matias. La ultima vez que Paz fue a verle en Telegrafos, Matias fue explicito. ' La Torre de Babel es un excelente muchacho. No lo desprecies. Te repugna estar a su lado?'. 'Repugnarme, no'. 'Pues adelante. Es posible que un dia llegues a quererle. Y luego, ademas, estan los hijos que cabe esperar de vuestra juventud'.

Paz hizo de tripas corazon. Cefe le dijo: 'Si te casas, le pintare gratis un desnudo a la Torre de Babel. Y por de pronto, os regalare este cuadro de las casas colgando sobre el rio Onar, que cuando yo haya muerto valdra una fortuna'.

El acoso fue de tal calibre que Paz no supo que objetar. Por otro lado, la Torre de Babel tenia mas o menos sus mismas ideas -ex militante de la UGT-, aunque paliadas por el filon de oro que resulto ser la Agencia Gerunda. 'Cuando se ha sufrido como tu -le decia el-, se tiene derecho a calefaccion y cuarto de bano'. Ella lo penso y asintio con la cabeza. Ya verian las senoritingas de Gerona de lo que ella era capaz! Capaz de todo, menos de leer libros, como le aconsejaba Jaime, quien le regalo, completa, la Enciclopedia Salvat, que a ella la dejo indiferente, pero que encandilo a la Torre de Babel.

Mosen Alberto pronuncio una homilia brevisima. Solo una vez aludio a la Santa Madre Iglesia. Y solo dos veces a Cristo. El resto consistio en un canto al amor conyugal y a la familia, 'que era la celula de la sociedad'. Tambien les dijo que en epocas de prosperidad debian acordarse de los menesterosos. Mosen Alberto hablo sin microfono, lo que desconcerto a la vocalista Paz. Manuel ejercio sus funciones de monaguillo con tales respeto y uncion que Carmen Elgazu se conmovio. Matias, en un momento dado, susurro a oidos de Carmen Elgazu: 'Fijate en el muchacho. Y en la seriedad de Paz. Y tu no querias que los trajera de Burgos! Aprendete la leccion'. Carmen Elgazu, esceptica, replico: 'Ya veremos en que para todo esto'.

La Torre de Babel habia sonado con un viaje al extranjero. Pero la guerra mantenia cerradas las fronteras, ahora incluso las del sur de Francia. La Torre de Babel le pregunto a Paz: 'Quieres que vayamos a tu tierra, a Burgos?'. 'No, no, de ningun modo!', protesto Paz. Y se fueron a Mallorca en barco, sin marearse y alli se pasaron quince dias de luna de miel, sin aburrirse nunca y sin que Paz tuviera que arrepentirse. La Torre de Babel no era Pachin, pero era todo un hombre. E inspiraba seguridad. A la Torre de Babel le atrajo el mar, aunque el invierno deslucia un poco la bahia de Palma y las playas de la isla; a Paz, quien pudo predecirlo!, le encanto la cartuja de Valldemosa. En la Gerona Jazz habia oido hablar con elogio del maestro Chopin, aunque no sabia con exactitud que instrumento tocaba. En las cuevas del Drach coincidieron con otras muchas parejas de novios. La humedad les calo los huesos, pero la barca al fondo, surcando el agua y con un violinista romantico les invito a apretarse las manos fuertemente. Compraron muchas chucherias de vidrio y de ceramica. Enviaron una retahila de postales a las amistades. Fueron dos novios perfectos, con un capricho: los molinos de viento y los olivos. Los molinos de viento fascinaron a Paz, tal vez porque le recordaron que la vida giraba sin cesar. La Torre de Babel, que se excedia en sus solicitudes, le prometio que encargaria un molino en miniatura para la sala de estar. 'No digas tonterias -protesto Paz-. Pareceria un ventilador'. En cuanto a los olivos. Paz dijo que parecian hombres robustos que habian llegado torturadamente a centenarios.

– Empieza a familiarizarte con los viajes -le dijo la Torre de Babel-. Cuando la guerra haya terminado pienso llevarte por ahi, incluso en avion…

– No digas tonterias. Tendremos que ahorrar.

– Ahorrar? Donde aprendiste esa palabra?

– En la cuna. Fue la primera que pronuncie.

– Anda, olvidate del pasado, y piensa que la Agencia Gerunda lo resuelve todo.

* * *

Quincena del amor. Al regreso de la Torre de Babel y Paz, se casaron Padrosa y Silvia, la manicura. Pese a que Padrosa no tenia coche todavia. Silvia, que vivia con su madre, viuda, y pasaba estrecheces -Damaso no era muy generoso con ella, por cuanto los hombres que se hacian la manicura eran pocos-, vio, de pronto, la puerta abierta para garantizarles el porvenir. Tampoco Silvia estaba enamorada de Padrosa, pero supo simular que si. Y el tiempo diria. Padrosa, por su parte, era un volcan. La atraccion fisica que sentia por Silvia le hubiera hecho cometer cualquier locura. No fueron tan reacios a casarse por la Iglesia, pues Silvia era creyente, hasta el punto que de nina sus padres tuvieron que llevarla a Lourdes porque estaba segura de presenciar algun milagro.

De hecho, el milagro fue Padrosa, que cabia extenderlo al ahijado de este, Felix Reyes, el alumno predilecto de Cefe. De todos los regalos que recibieron -vivirian en un amplio piso de la calle Figuerola-, el que mas les emociono fue un retrato al carbon que Felix hizo de Silvia en poco mas de una hora. Una hora de inspiracion, de trazo firme. Silvia quedo hermosisima, hasta el punto de parecer un grabado antiguo. Dicho retrato presidiria el comedor, junto con la lampara y dos candelabros de plata que les regalaron los hermanos Costa.

Agencia Gerunda lo resuelve todo. Tambien resolvio el viaje de la pareja: Andalucia. Silvia era friolera y aquel mes de noviembre se presentaba cortante y con muchos nubarrones. Andalucia los acogio con un sol palido que no por ello dejaba de ser sol. Sevilla, Cordoba, Malaga y Cadiz. Una gigantesca ampliacion de los ghettos de la calle de la Barca y de la fortaleza de Montjuich. Padrosa, que no paso por la universidad pero que era un lince, descubrio la tristeza de los andaluces.

– Te das cuenta, Silvia? Esta gente es triste. Cuentan chistes, palmotean, cantan, pero en el fondo es gente triste. Mucho traje de lunares, pero tambien mucho vestido negro. Las mujeres parecen bultos enlutados salidos de las plazas de toros. Y los ninos, escualidos. Cuanta mendicidad! Me gustaria saber el numero anual de suicidios, sobre todo en el campo. Y los gitanos… No abundan mucho los Ninos de Jaen. Aqui son pillos que no saben lo que son los zapatos con cordones. Garcia Lorca fue un embustero. Se emborracho con las palabras e idealizo la lenta agonia de esta tierra…

Silvia no sabia que decir. Ella era intuitiva, temperamental. Por eso en la cama elevo a Padrosa al septimo cielo. Pero considerarla una aguda observadora hubiese sido una calumnia. Lo que le gustaba eran los caballos. Caballos arabes, de pura raza? No importaba. Conformaban una estampa sensual de inusitada fuerza. En Sevilla les dijeron que Franco proyectaba canalizar el Guadalquivir, hacerlo navegable, hasta el mar. Ello seria un regalo de los dioses para quienes malvivian a sus orillas. Les hablaron del cardenal Segura… 'Cuidado con los novios! - habia alertado-. Se acarician en publico sin ningun pudor'. Silvia y Padrosa se enlazaron por la cintura y se pasearon por doquier como dos tortolitos.

– Yo no ordenaria ningun sacerdote sin que antes hubiera cursado ciertos estudios en casa de la Andaluza - propuso Padrosa.

Silvia se rio.

– Entiendo, entiendo -admitio-. Vamos a almorzar al hotel y a la hora de la siesta me fabricas nuestro primer hijo…

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