ganancias se le iban con una pupila de la Andaluza, llamada Remedios, que en cuestion de la libido estaba mas enterada que Freud.
Jaime era bajito y piernicorto, pero con gran fibra. Cuando llegaba algun telegrama para el, Matias se lo llevaba personalmente a la tienda, en manos. Dos de sus mejores clientes eran los hermanos Costa, que no regateaban nunca el precio. Organizo un servicio de abonos para leer novelas de aventuras, que tenian tantos partidarios como los tebeos. El autor preferido era Zane Grey. Su amante Remedios se las tragaba todas. Decia que la realidad podia ensenarle pocas cosas, y que en cambio en los libros con intriga y suspense encontraba aliciente. Remedios le tenia a su vez intrigado porque siempre le pedia una novela en la que la victima fuera un quimico de profesion. 'El cadaver tiene que ser el de un quimico'. Nunca explico el porque. Tal vez alguno le jugo una marranada. Jaime contrato a un dependiente, un tal Facundo, que habia sido de la CNT y que exhibia ojos de lince. Cuando no tenia nada que hacer miraba los grabados antiguos, como los de Gustavo Dore, y decia: 'Voy a decirle a Cefe que eche una mirada a esto! Seguro que se largara con los pinceles a otra parte'.
Llegaban a manos de Jaime revistas extranjeras, que venian con los inmigrantes fugitivos de Francia. En una de ella leyo que el casino de Niza iba a ser demolido, y que en los cincuenta anos de su existencia se registraron diez mil suicidios de jugadores dentro del propio casino, y tres mil en el mar. El diez por ciento, mujeres. Facundo, siempre alegre, se encalabrino. 'Con lo hermosa que es la vida, hay que ver!'.
El ex alferez Montero, Ricardo de nombre, tenia tratos con Jaime para comprarle libros que faltaban en la Biblioteca Municipal, de la que continuaba siendo el director. Estaba tan euforico a raiz de su idilio con Gracia Andujar, la hija del doctor, que parecia haber superado para siempre sus depresiones anteriores, debidas a la cantidad de condenados a muerte a los que, en el cementerio de Gerona, habia tenido que rematar con el tiro de gracia. Dicha euforia le llevo a leer tambien en la biblioteca, a escondidas, libros de aventuras, cuanto mas ingenuas mejor. Se trago todo Julio Verne y todo Walter Scott. Tales lecturas lo transportaban a mundos imaginarios, lo mismo que jugar al poquer en el casino, donde a veces coincidia con el capitan Sanchez Bravo, con quien nadie podia competir.
– Por que no se lleva usted novelas de amor? -le preguntaba Jaime.
– El amor no es para leerlo. Es para practicarlo… -y al decir eso el muchacho se acordaba de las muchas veces que, destrozado, arrastrando los pies, habia ido a casa de la Andaluza, pecando precisamente con la hermosa Remedios, mucho antes de que pudiera hacerlo Jaime.
Existia, posiblemente, una dificultad. Ricardo Montero tenia un tic que consistia en pestanear incesantemente, resaca de lo mucho que habia sufrido. 'Por que haces eso?', le preguntaba Gracia Andujar. 'Pues, no lo se…', contestaba el. En cambio, el doctor Andujar lo sabia. Era una contrasena del sistema nervioso. El doctor estaba mas que alarmado con el noviazgo de su hija. Experto en su profesion, hubiera podido jurar que Ricardo Montero habia superado sus estados animicos solo provisionalmente. 'Tendra depresiones intermitentes, algunas muy graves -le decia a su mujer-. Lo que hizo lo marco para siempre. Una vez le hable del cementerio de Gerona, asi de pasada, y el muchacho se quedo palido como un cadaver'.
En otras palabras, el doctor Andujar se propuso poner cuantos obstaculos tuviera a su alcance para que su hija no uniera su vida a aquel hombre enfermo, otra inerte victima de la posguerra. Por descontado, debia obrar con mucho tino, para que Gracia Andujar no se enamorara todavia mas. El doctor conocia la tesis de la union de los contrarios. 'Dejemos que pase el tiempo, y esperenlos la ocasion'.
Era curioso que la postura, decision incluso, del doctor, coincidiera en este asunto con la actitud de Marta, la gran amiga de Gracia Andujar. Pudiera decirse que Marta, ultimamente, se habia convertido en casamentera… No solo influyo para que Chelo Rossello se casara con Jorge de Batlle, sino que ahora andaba buscandole pareja a su hermano, Jose Luis, teniente juridico militar, puesto que este habia roto sus relaciones con Maria Victoria, la cual se fue a Rusia donde, tal vez aupada por el frenesi de las batallas, se habia comprometido con el capitan Arias. Diversas circunstancias iban en favor del proyecto de Marta, otras eran contrarias a el. Marta tenia a su favor que ella queria quedarse en Gerona, donde habia volcado toda su alma en la Seccion Femenina, con resultados tan satisfactorios que el camarada Montaraz le coloco una medalla en el pecho, al tiempo que le decia: 'Tu labor ha sido ejemplar'. A mas de esto, en Gerona estaba enterrado su padre, el comandante Martinez de Soria. Circunstancias desfavorables eran su ruptura con Ignacio -ambos coincidian por las calles cada dos por tres-, y que su madre le dijera insistentemente, con su eterno tono de tristeza: 'Que hacemos aqui? Deberiamos tomar el portante e irnos todos a nuestra tierra natal, Valladolid'.
Asi las cosas, el arbitro de la cuestion era el propio Jose Luis, quien parecia mostrarse indiferente en medio de ambos proyectos, y que habia encajado muy bien las calabazas que acababa de darle Maria Victoria. Marta razonaba para si: 'Si mi hermano se enamorase de una muchacha de Gerona, todo arreglado y mi madre no tendria mas remedio que resignarse primero y alegrarse despues, cuando brotaran a su lado un par de nietecitos'.
Pero habia algo mas. Marta, en el interior de su cacumen, habia colocado incluso un nombre preciso en su endiablado proyecto: precisamente Gracia Andujar. Ideal. Nunca creyo que lo suyo con Ricardo Montero terminara en el altar. Conocia bien al ex alferez. Era un hombre tarado, peligroso incluso para si mismo, como les ocurria a tantos combatientes cuando tenian sobre su conciencia problemas de muerte. 'Gracia Andujar ha nacido como las gacelas, para ser feliz, y no para tener en el hogar un consultorio psiquiatrico'.
De modo sorprendente, pues, el doctor Andujar tenia una aliada: Marta. Solo el destino -y tal vez Julio Verne, y tal vez Walter Scott- sabian en que pararian a la postre sus elucubraciones.
Entre las amigas de Marta, ademas de sus colaboradoras en la Seccion Femenina: Chelo Rossello, Gracia Andujar, la camarada Pascual, etcetera, cabia contar a Eva, la muchacha alemana que Moncho se trajo cuando este, tomando la decision que le apuntara a Ignacio, llego a Gerona dispuesto a instalarse en la ciudad. Moncho no actuo por impulso, sino despues de un largo tiempo de pesar el pro y el contra. No queria sorpresas, como las que a menudo daban los analisis de laboratorio. Antes se aseguro de que seria el analista de la clinica del doctor Chaos, y tambien del doctor Andujar. En definitiva, y dados su temperamento y preparacion, podia apostarse que pronto habia de ser, salvo imprevistos, el analista de mas renombre en la ciudad.
Ignacio habia pegado un salto de alegria y se acordo de uno de los parrafos que Moncho le dedico a raiz de su estancia en Gerona: 'Si, soy analista. Mi idea es estudiar bichitos en el microscopio. Ahi dentro se esconde la verdad. Hay personas que por la calle parecen atletas; analizas su orina y su sangre y piensas: dentro de seis meses, la muerte. Los analistas somos la policia secreta de los demas'.
Su mujer, Eva -Matias comento: 'No entiendo que digais su mujer, puesto que es su amante, contra lo que no tengo nada que objetar'-, se gano a todo el mundo en poco tiempo. Era judia, lo que anadia un picante a su condicion, especialmente, por ejemplo, para Manolo y Esther. Se instalaron en un piso de la calle de Ciudadanos, vecino al hotel del Centro, donde seguian hospedandose el consul britanico mister Edward Collins y el consul aleman Paul Gunther. Eva era una mujer culta. Estudio quimica -lo que constituia un refuerzo para la labor de Moncho-, hasta que los bandazos de la politica en su pais, Alemania, la llevaron, sola, sin sus padres, a Barcelona. Sus padres habian desaparecido en una razzia efectuada por las SS y no consiguio saber nada de ellos, temiendo siempre lo peor. Al igual que otros tantos judios, el unico refugio que se puso a su alcance fue Espana. Y en Espana encontro a Moncho, y ahora vivia con el cerca del rio Onar y a la sombra de sus dos hermosos campanarios. Eva y Moncho se querian mucho y ella aprendia dia a dia el idioma castellano, con teson admirable. Aunque Moncho le decia: 'No pierdas nunca tu acento aleman, que te anade mucho encanto'.
Marta congenio con Eva, a condicion, naturalmente, de no hablar de la guerra. Porque Marta deseaba la victoria de Alemania y Moncho y Eva lo contrario. Marta estaba a favor de las teorias de Hitler, con algunos matices; en cambio Eva, que no era como las muchachas nazis que visitaron Gerona y que se tomaron tanto jugo de limon, sino de aspecto debil y asustadizo, estaba en contra de Hitler y de todo lo que este predicaba en Mi lucha. Moncho y Eva, cuando Marta no estaba presente, protestaban de la ayuda que Espana prestaba a Alemania. Hitler tenia permiso para el abastecimiento de los submarinos alemanes en el puerto de 'go; los aviones meteorologicos alemanes podian volar con distintivos espanoles y la estacion de radio de La Corana trabajaba Para la Luftwafe; se creaban catedras de aleman en las universidades espanolas; se organizaban exposiciones del libro aleman, una de ellas en Gerona, en el feudo de Ricardo Montero; en diversas fabricas espanolas se producian cartuchos, motores, piezas de artilleria, uniformes, paracaidas para el Reich; bases para la aviacion en Badajoz, Vigo, Sevilla, Vascongadas y Galicia; etcetera. Todo ello pese a que, segun mister Collins, el plan de
