– No vi nada de eso… Claro que tampoco me invito a visitar su despacho.

– Claro… Ademas, en Espana ahora han arramblado con toda esa mojiganga… Ya lo ves, mi querido amigo! Ahi tienes la explicacion de los exitos de Julio Garcia, y tambien los de don Rosendo Sarro.

El problema que se presentaba era multiple. En primer lugar, tirar a la hoguera el voluminoso expediente llamado Sarro. Chaqueteo antes de empezar. Que pensaria el viejo del Aranzadi y que pensaria el notario Noguer? En segundo lugar, algo deberia decirle a Ana Maria. Cual seria la reaccion de la muchacha? Al pronto, de alegria, porque la atemorizaba la llegada del dia en que Manolo -Ignacio habia quedado descartado- tuviera que haberselas con los abogados de don Rosendo Sarro; pero despues, de perplejidad, como a el le habia ocurrido. Mason! Seguro que a la pobre Ana Maria la palabra le oleria a azufre y a Lucifer, como, segun el padre Forteza, olia el libro Camino, del Opus Dei. Y que se distanciaria mas que nunca de su padre, el cual ni siquiera les habia visitado en su piso de la avenida del Padre Claret. Tal vez le detestara! Ana Maria era enemiga de todo lo subterraneo, de todo lo criptico, queria poder palpar las cosas y verlas a la luz del dia.

Ignacio debia de andar con mucho cuidado. Ninguna friccion con Ana Maria; pero era evidente que esta, en el piso de la Rambla, no se sentia jovialmente comoda. Todos la querian mucho y se reia con las bromas de Matias; pero 'no eran de su clase'. Se sentia mucho mejor -cumpliendose la profecia de Manolo- con Esther que con Pilar. Y sobre todo Carmen Elgazu la tenia preocupada. Habia hablado de esto, solo a medias, con Ignacio. Carmen Elgazu era una fanatica religiosa, con una carga de represiones que sin duda habian influido en sus hijos y en toda la familia en general. Ana Maria era creyente, pero no en lo que decian los catecismos de principios de siglo ni en lo que predicaba el doctor Gregorio Lascasas. Aquello era una frustracion. 'Continuamente en presencia de Dios!'. Imposible. Ella no queria vivir rodeada del fantasma del pecado, y menos referido al sexto mandamiento. Ahora, con la llegada de la primavera, ella salia a la calle con un escote que a Carmen Elgazu -Ana Maria se dio cuenta de ello- le sento como un tiro. Y sin medias. Queria aire, mucho aire y ello podia aplicarlo a algunos escrupulos de Ignacio, incomprensibles en el, aunque la victima propiciatoria habia sido, sin duda, Pilar, y quien sabe si Cesar… Era evidente que Pilar habia crecido en un mundo de inhibiciones y que ahora, a raiz de la muerte de la 'nonata' Carmen se formulaba preguntas con vagos, o quiza, hondos, sentimientos de culpabilidad.

Nunca nadie le habia hablado a Ignacio con tanta claridad como Ana Maria. Ignacio, que tenia a su madre en un pedestal, o tal vez en un altar, al pronto se encalabrino y por un momento temio que entre el y Ana Maria se hubiera roto el encanto. Pero luego recapacito y no tuvo mas remedio que darle la razon. Pensando, por ejemplo, en sus prolongadas relaciones con Adela hubiera sido farisaico no hacerlo asi. Si su madre se hubiera enterado! Y el no se consideraba un degenerado por el hecho de tener una 'amante' cuyo marido era un pobre diablo. Y tampoco sentia remordimientos por sus antiguas relaciones con Canela, que le proporcionaron una enfermedad venerea -pus en la cama- y un bofeton por parte de Matias. En aquella edad estaba justificado. El hombre pecaba y si Dios era infinitamente misericordioso, como creia Carmen Elgazu, esas cosas las perdonaba porque era El quien habia insuflado en el ser humano el apetito sexual, sin el cual no habria procreacion.

Ignacio acabo por admirar mas aun a Ana Maria, cuyos sentido comun y ponderacion se manifestaban cada vez mas y en cualquier circunstancia. Tal vez le conviniera ese frenazo que ella sabia darle a la imaginacion de Ignacio, a su temperamento fogoso y colerico. Por eso le gustaba tanto el icono -un pantocrator- que les regalo Mateo. Irradiaba a un tiempo serenidad, autoridad y sensatez. Ese pantocrator no le hubiera ocultado nunca a Pilar que la sangre que le fluiria un dia significaba simplemente que 'ya era una mujer'.

Por fin Ignacio, a tenor de estas reflexiones, decidio comunicar a Ana Maria el gran descubrimiento: su padre era mason.

Ana Maria parpadeo. No sabia exactamente en que consistia la masoneria, pero seguro que era algo 'feo' a juzgar por los viajes secretos, los negocios, las personas que su padre recibia en su casa. Ignacio le dicto el ABC del tema, basandose en lo que antano habia aprendido del subdirector del Banco Arus y en lo que le habia contado Manolo. Por supuesto, Ignacio se propuso enterarse mucho mas a fondo del tema, sobre todo teniendo en cuenta lo que apuntaba Julio Garcia en su carta: que vencerian los aliados.

Ana Maria, despues de un rato de reflexion le pregunto a Ignacio, con voz tranquila:

– Que debo hacer…? Despreciar a mi padre todavia mas?

Ignacio se llevo las manos a la cabeza.

– Yo no he dicho eso! Simplemente, no quiero tener secretos contigo y he querido ponerte al corriente…

Ana Maria asintio:

– De acuerdo. Has hecho muy bien… Te lo agradezco -marco una pausa, mientras se ajustaba un pendiente-. Mi padre mason y tu madre una beatona de tomo y lomo. Que cosas tiene la vida, verdad? -y abrazandose a Ignacio le apreto contra si y le dio un beso interminable.

* * *

El cantarada Nunez Maza, ex consejero nacional, destituido y desterrado a Ronda a raiz de un informe y una carta remitidos al Caudillo en los que protestaba contra la corrupcion del Regimen, fue atendido en su suplica de trasladarse a un clima mas templado y, confirmandose las previsiones, en el mes de mayo fue trasladado a Caldetas, en la provincia de Barcelona. Pueblo pequeno y tranquilo, con aguas termales que no funcionaban, pescadores y un hotel, el hotel Colon, muy conocido antes de la guerra por haber sido casino de juego.

El 'mitico' falangista se traslado, pues, a Cataluna y se alojo en el hotel Colon, funcionalmente remozado a raiz de la prohibicion del juego. La anterior sala del casino era ahora un esplendido comedor, con una terraza anexa que daba al mar. Nunez Maza eligio dos habitaciones comunicadas entre si, desde las cuales podia ver las barcas de pesca y la hermosa playa. Apenas llegado se entero de que el paseo maritimo, uno de los mas elegantes de la costa, se llamaba paseo de los Ingleses, con torres de muy diverso estilo pero de una solera que nadie hubiera podido discutir. 'Lo raro -comento- es que no se llame ahora paseo de los Alemanes'.

Nunez Maza tenia treinta anos y habia estudiado Filosofia y Letras. Vasta cultura, basada sobre todo en los clasicos. Ahora queria aprovechar su destierro para ampliar conocimientos, especialmente de literatura francesa e inglesa. Sabia que le costaria encontrar los libros adecuados, pero confiaba en la multitud de amigos que le otorgaban su confianza y le ayudaban a pagar su estancia en el hotel. Salazar le habia acompanado a Caldetas y al contemplar la belleza del paisaje le dijo: 'Aqui te repondras pronto…' Dijo esto porque Nunez Maza continuaba enfermo, como cuando Mateo y Solita le conocieron en el hospital de Riga. Fiebre ilocalizable, malestar, fortisimos dolores de cabeza. No era enfermedad infecciosa, en cuyo caso las recientemente descubiertas penicilina o estreptomicina le habrian curado en poco tiempo. Podia ser una alergia… Los medicos se estrellaban contra un muro y los habia que, a la vista de la perdida de peso, auguraban un proximo desenlace.

Nunez Maza, no. Era todo vida, todo fibra y optimismo. Confiaba en sus propias fuerzas, que durante la guerra civil y en la propia Rusia le hicieron enfrentarse en situaciones limite. Bajito, con una gran cabeza y unos ojos como bolitas de fuego, el dia que se quito la camisa azul le parecio que se quedaba desnudo. Su voz era convincente. Vocalizaba a la perfeccion y sabia medir los silencios, las pausas. En cualquier tertulia al poco rato se convertia en el oraculo seductor. Por eso fue delegado nacional de Prensa y Propaganda y Franco le encargo la transmision de incontables mensajes.

Necesitaba poco equipaje. La opulencia le repugnaba. El gerente del hotel, senor Vilalta, le dijo: 'Lo que le haga falta, digalo. Estamos a su disposicion'. Los camareros le miraban como a un ser de un estadio superior. 'Por desgracia -les informo- podre daros pocas propinas. Ando muy justo de esas monedas que los millonarios califican de vil metal'. Solo una suplica: que le cambiaran el espejo del lavabo de las habitaciones. Era un espejo que 'envejecia', que multiplicaba y ampliaba las arrugas.

– Necesitare mucha letra impresa… -le dijo al senor Vilalta-. Muchos periodicos y revistas. Traigame todos los que le parezca; sobre todo, y por descontado, La Vanguardia, ABC y Amanecer, de Gerona. Y carguelo en mi cuenta.

La caracteristica de Nunez Maza, aparte de su miraba febril, era su castellano correcto, rotundo. Habia nacido en Segovia y el sentido del lenguaje circulaba por sus venas. Con el escribia sonetos que en Caldetas no iban a interesar a nadie. De repente le vencia un enorme cansancio y durante unos dias era incapaz de escribir; pero de golpe, como si sonara una campana, los endecasilabos le fluian con pasmosa seguridad.

Pronto Caldetas fue un lugar de peregrinacion, como lo habia sido Ronda. Peregrinacion en pequena escala, naturalmente, pero de personas de calidad. Salazar, al despedirse de el porque debia regresar a Madrid, le dijo: 'Apuesto a que el problema catalan te va a interesar. Estudialo y tenme al corriente… Yo te tendre al corriente de las cosas importantes que pasen por Madrid'.

Вы читаете Los hombres lloran solos
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату