– No tiene pinta de muerto.

– Ya lo veo, ya. Pero tu me diras. Un hombre al que le mojas toda la cara, aunque sea con chorro caliente, y no se estremece…

– Usted que es casi medico reconozcalo.

Don Lotario saco el panuelo y con gesto de mucha repugnancia, aunque fuese suyo el liquido a enjugar, le seco el pelo y la cara aEl Toledano y tiro rapido el trapillo al que fue rio. Luego, dejandose escurrir un poco por la pendiente, se arrodillo junto al Toledano. Le tomo el pulso, le palpo la frente y le pego la oreja en la corbata, asi medio tumbado, alzando mucho la cara bajo el sombrero algo ladeado:

– Esta tan vivo como tu y como yo.

– Que raro… Hagale cosquillas.

Don Lotario le rasco en los sobacos y Manuel GarciaEl Toledano, como sonando, dejo escapar una sonrisa nerviosa.

– Se rie y todo. Que tio.

– Vamos a subirlo que este mas comodo.

Lo tomaron de un brazo y de una solapa cada uno y en dos tirones lo dejaron sobre la senda del rio. Don Lotario le cruzo los brazos sobre el vientre, porque quedo muy desparramado. Tan grandon y bien vestido, como iba siempre, aunque con arrugas y la calva sucia, ahora estaba echado paralelo al cauce seco.

– ?Y que hacemos ahora, Manuel?

– Esperar a ver si se despabila… No entiendo que puede hacer aqui un hombre como este, solo y sin sentido. Borracho tampoco parece.

Don Lotario le acerco la nariz a la boca entreabierta.

– No huele.

– ?O estara drogado?

– Yo no se como se quedan los drogados. En mi vida he visto a uno.

– Yo tampoco… Y cualquiera se lo lleva al pueblo. Con lo que pesa este hombre necesitariamos otros dos como nosotros para acercarlo al auto… Voy ahi, a la casa de los Peinado, que alguien debe de haber, puesto que estan los chicos, y nos echan una mano.

– Esperate un poco, a ver si resucita.

– Espero un pito -dijoPlinio ofreciendole un caldo.

– Bueno. Todas tus esperas son tabaqueras.

– Nuestras esperas.

– No estaria mal poderse fumar un pito, el ultimo cuarto de hora, en espera de la muerte.

– Yo, desde luego, como tenga aliento, me lo fumo.

– Y yo… A ver si nos entierran con la colilla en la boca.

Encendieron y, despues de dar la primera chupada, con los ojos bien puestos en la lumbre, quedaron mirando a Manuel GarciaEl Toledano, que en aquella posicion mas comoda, parecia estar a gusto.

– Y el tio va de traje nuevo, corbata hermosa y camisa limpia.

– Ya sabe usted que estosToledanos son mas presumios que una novia con el ramo.

– Si, para andar por el pueblo, pero para salir al campo, no me digas.

– Entonces usted cree que ha venido de excursion.

– Yo, Manuel, creo lo que tu digas.

– Como va a venir solo y se va a tumbar ahi en tan mala postura… A ver que lleva en los bolsillos.

Se pusoPlinio en cuclillas y empezo a registrarle todos los huecos.

– Lleva su cartera con billetes…, el reloj de oro, monedas, mechero, gafas, la alianza.

– Normal.

El Toledano, como incomodado al sentir manos por tantas partes del cuerpo, se dio media vuelta y quedo con el perfil hacia la zarzamora.

Cuando acabaron el cigarro los justicias, el tumbado seguia igual.

– Bueno, creo que ya ha estado bien. Este no amanece. Voy a ver si hay algun Peinado y nos ayuda a llevarlo.

– Venga. Te esperamos.

«Cada dia cosas nuevas. Pero un hombre con la cara meada no habia visto nunca. Y unToledano, ademas. Tan relimpios… Este ya tendra los cincuenta bien cumplidos…»

Iba diciendosePlinio rio abajo.

Apenas llego al solar del viejo molino, sono una voz entre los arboles:

– Pero hombre, Manuel, ?que hace usted por este Guadiana jubilado?

Era Eladio Peinado, con su hermano Anselmo, el catedratico y astronomo.

Despues de cambiar saludos, les contoPlinio el percance, y los dos Peinado, mas su hermano Emilio, las mujeres y el monton de chicos, fueron al lugar del tumbado…

– Pues nosotros no hemos visto ni oido pasar a nadie por aqui.

– Habra sido mientras echabamos la siesta.

Plinio iba delante sin hacer preguntas, de momento.

El Toledano estaba panza arriba, como quedo despues del registro, despatarrado, y con amago de sonrisa.

Lo estuvieron contemplando todos un rato y haciendo suposiciones nada esclarecedoras, hasta que por fin decidieron llevarlo a la casa deSan Juan.

– Venga, a la una, a las dos y a las tres.

– Aunque somos tantos, pesa lo suyo.

– EstosToledanos siempre fueron de mucho comer.

– No tengais miedo que se vaya a despertar por mas que lo movamos -dijo don Lotario-. Despues de irte tu, Manuel, le he hecho mas cosquillas, y le he tirado pellizcos, y que si quieres.

– El que no se despierta cuando se mean encima de el, no se despierta nunca -dijo una de las mujeres.

– No seas malaguera, que el tio esta vivo y caliente -le replico su marido.

– Creo que antes de meterlo en el coche convenia dejarlo un rato en una cama para ver si se anima - aconsejo Eladio-. ?Te parece, Manuel?

– Como querais… Era por no molestar.

El Toledano, con la cabeza caida hacia atras, daba una especie de ronquidos gorgoritosos.

– Con la boca abierta, y con el meneo, ronca -dijo Anselmo.

– Venga -dijo otra de las senoras-, dejadme que le sujete un poco la cabeza al pobre.

Y se puso tras el cruzandole las manos bajo el cogote.

Al llegar a la puerta de la casa lo dejaron en el suelo.

– Venga, chicas, abrid las puertad de par en par para que podamos entrarlo. Y preparad una cama bien fuerte.

– Si, aqui en la de hierro.

– Ya esta.

– Venga, vamos al ultimo viaje.

– Pero que gafe esta esta…

– A una, a dos, a tres…

Lo tomaron entre casi todos los presentes por donde podian, y lo entraron en la habitacion que estaba en el mismo portal, y dejaron caer sobre una cama muy ancha, de hierros dorados, que habia en la penumbra. Se le quedo alzada la pernera del pantalon y se veian petalos de flores de hinojo pegadas a los calcetines granate.

Ya bien posado en la cama, Manuel Garcia solto un suspiro muy profundo y reasomo la sonrisa de gusto, como si apreciara la comodidad del colchon o viera entre suenos algo de muy buen color.

– ?Y usted, don Lotario, que cree que puede ser esto? -le pregunto Emilio.

– Ni idea. Mis enfermos, cuando los tenia, tal vez por ser irracionales, no tenian males tan gustosos.

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