– Basta ya, ?imbeciles!… -y como los hombres se detuvieran indecisos, agrego:- A levantarse he dicho… ?hatajo de bestias!

Bernabe fue el primero en incorporarse… -Si me lo deja un poco mas, patron, le iba a ensenar a ese… - murmuro, escupiendo sangre. Pero su rostro magullado mostraba lo contrario. Pavlosky seguia en el suelo, sentado, mirando estupidamente a su patron y sin comprender bien que ocurria, mas molesto que asustado por la interrupcion. Aquel bruto, magnificamente dotado, sentia un placer vesanico en ejercitar su tremenda fuerza. Sus punos colorados y enormes continuaban apretados obstinadamente. De el se decia que era capaz de parar un potro en plena carrera y tenderlo en tierra como un cordero. Solo la superioridad intelectual de Mateo Sandoval le provocaba un respeto animal y embotador, tornandolo docil como un nino asustado.

– Ustedes vengan conmigo -ordeno Sandoval, y enfrentando al resto de los parroquianos que aun permanecian en el boliche, agrego: -?Vamos! Mejor estarian trabajando…

Se fueron alejando todos a sus tareas, comentando todavia los pormenores de la pelea y lamentando el brusco final.

El administrador de la Compania rechazo la copa de ginebra que solicito le ofrecia el proveedor y repitio su orden a Bernabe y Pavlosky, que mirandose con odio echaron a andar. De nuevo recorrieron el trayecto hasta el despacho de Sandoval, arremetiendo contra el viento, que restallaba como un latigo.

– ?Asi que los amigos se pelean ahora!… Andan por ahi asaltando indios y se lo callan ?idiotas! ?Creen que no llegaria a saberlo?… ?eh!

Los acusados enmudecian y Sandoval, entre divertido y burlon, continuo:

– Merecen que los cargue en un matungo, bien amarrados y los largue en la pampa para escarmiento. ?Los mande yo a robar o a reconocer los valles? ?eh!

– El paisano estaba cazando en nuestra tierras -apunto animandose Bernabe.

– ?Conque “en nuestras tierras”? ?Pero muy bien!… ?No seria mejor decir las tierras de la Compania?

– Y… desde luego, patron… -aclaro Bernabe, tratando de calmar su enojo.

– Entonces esas pieles son de la Compania y a mi me las debieron entregar -recalco Sandoval, mirandolos fijamente.

– … Este… quiero decir…-interrumpio Bernabe, viendose mal parado y metido en la trampa de palabras que Sandoval le provocara.

– Nada, amigo, usted ha faltado a la confianza que le tenia y lo peor ?entiendalo bien!, es haber entrado en arreglos con ese imbecil charlatan…

– Le juro, patron, que si el vuelve a hablar algo del asunto le pego un balazo ?por esta!

Y Bernabe se beso la una del pulgar derecho con elocuente ademan.

– No va a ser necesario si hacen lo que les mando… quieren atropellar indios ?pues les hare el gusto! ?A mi tambien me estan fastidiando!

La inesperada declaracion hizo que los hombres se irguieran con subito interes y admiracion.

– ?Es cierto, patron? ?Y olvidara lo ocurrido? -farfullo Pavlosky con su media lengua.

– Tanto como olvidar… depende de ustedes… Les voy a dar algunas instrucciones y ya veremos luego. Si cumplen, tendran su buena recompensa. De lo contrario, ?pobres de ustedes!

Durante largo tiempo Sandoval se entretuvo explicando a aquella pareja de bandidos un detallado plan que estos aprobaban con repetidas exclamaciones. Muy satisfechos iban cuando al fin se retiraron, y nadie al verlos hubiera reconocido en ellos a los enconados rivales de un rato antes. Fenomenos similares en cualquier latitud hacen que hombres cuyos resortes morales han perdido toda firmeza, olviden sus odios subalternos, ante la perspectiva de alguna empresa de comun beneficio. Fieles a esta ley obscura y tenebrosa que nace y se enrosca en los corazones mas innobles. Bernabe y Pavlosky, unidos ahora por identico interes e iguales temores, marchaban a cumplir la tarea dictada por el calculo artero de Sandoval, quien conseguia mantener el dominio sobre sus secuaces y realizar una campana contra las tolderias de indios, que estorbaban con su permanente hambruna la expansion infatigablemente buscada por la Compania.

Ambicionaba Sandoval, acabar con las tolderias apelando a cualquier medio. “?Para lo que sirven esos ronosos!”, era su constante queja. Desaparecidos los indigenas se sentiria libre de trabas y la tierra, hasta las cordilleras, con sus valles verdeantes, capaces de sustentar inmensos rebanos de ovejas, no conocerian entonces otro amo que el; el proyecto no seria posible hasta que los indios, obstinados y contumaces ladrones de ganado, hubieran desaparecido todos. ?Que le importaban a el sus derechos a la vida!

Caia la tarde… el viento, asiduo visitante del angosto canadon, cruzaba silbando sin piedad entre las cuatro casas que formaban las instalaciones de la compania. El rio Aayanes 1, estrecho y sinuoso, arrastraba sus aguas heladas bajo el plumbeo cielo patagonico.

En una curva proxima, una naciente arboleda se torcia bajo la fuerza del viento. Los alamos, arqueandose, se quejaban viriles, mientras la cabellera de los sauces se agitaba enloquecida. El tiempo hasta entonces frio, pero agradable, amenazaba tormenta. Por el oeste grandes nubes sombrias se amontonaban ocultando parcialmente al sol que, moribundo las incendiaba con cardenas tonalidades. Reinaba ya la obscuridad en los profundos valles.

Horas despues las pesadas nubes cubrian el firmamento y, silenciosa, la inminente tormenta se cernia sobre las extensas mesetas, cubriendo los valles y canadones con su calma ominosa; sin truenos ni relampagos, los tonantes heraldos de la furia de los cielos, que en la Patagonia raramente se deja oir. Tan raros son estos fenomenos, que los antiguos habitantes, supersticiosos y aferrados a la tierra -sus campos de caza y guerra-, atribuian al enojo de los dioses las roncas voces del cielo.

Luego, tan silenciosamente como se anunciara, la lluvia comenzo a repiquetear insistentemente sobre las chapas del Paso. Lenta y silenciosa la lluvia se deslizaba como una fria cortina, esfumando los relieves del terreno. La obscuridad nocturna completo la densa cortina y todo fue borrado sobre la tierra y el cielo. Apenas alguna luz, como un ojo vigilante, brillaba suspendida en el espacio. Hombres y animales buscaban en la noche su refugio, mientras la lluvia, cenida y opaca, se volcaba sin pausa, con agobiadora persistencia.

2

La lluvia habia sorprendido a Bernabe y Pavlosky y otros dos con ellos destacados, a pocas leguas de Loma Redonda. Marchaban sin hablar, en fila, seguidos por tres cargueros que trasportaban en sus lomos voluminosa carga.

Solo se escuchaba el golpe de las herraduras contra las piedras de la huella. Ascendian lentamente, seguros del camino, aun cuando hacia rato que el contorno singular de la Loma se habia confundido con la total obscuridad.

Era Loma Redonda un cerro que a la distancia, visto desde la uniforme llanura, parecia un huevo enterrado en la tierra. Protegida por grandes rocas, se extendia la tolderia india, habitada por unos quinientos tehuelches, todos igualmente pobres y harapientos. Las enfermedades, el alcohol y su indolencia fatalista los habian reducido a la mas espantosa miseria. Perdido el minimo vestigio de sus pasadas glorias, apenas recordadas por los mas viejos como un sueno antiguo; incapaces de bolear avestruces por falta de caballos y el necesario vigor para rodearlos, vivian comiendo cuanto caia a sus manos, desde las ovejas propias y ajenas, hasta los piches que sorprendian en sus cuevas. En Apelegg habian enarbolado por ultima vez, muchos de ellos, las lanzas de guerra; pero aquella derrota acabo con todas sus esperanzas y nada les despertaba el deseo de trabajar por la propia existencia. Una larga noche los cubria mientras aguardaban la muerte blanca cada invierno.

– ?Maldita lluvia!… -exclamo sordamente uno de los jinetes, cubierto por inmenso poncho negro- ?lindo tiempo para salir de paseo!

– ?Que pasa? -reclamo el mas cercano.

– Que me dan ganas de volverme ahora mismo -grito el que habia hablado, colocandose al flanco del otro-. Estoy helandome. ?No tenes algo fuerte por ahi?…

– ?Vos bebiendo? Toma… y cuidado ?eh!

– ?Bah! Esos matungos llevan bastante para todos… rezongo el primero, tosiendo al sentir el fuego liquido que bebia-, ?uff! ?Falta mucho todavia?

Como respuesta le llego en la noche el ladrido de un perro.

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