– Habra que probarlas.

– ?Y el ruido?

– No hay problema.

Los ojos del viejo Delfino relucian felices, se sentia util y disfrutaba mostrandonos sus recursos, puso en marcha el yunque de su invencion, con un pedal semiautomatico el martillo golpeaba indefinidamente y a la velocidad deseada, lo acelero, su estruendo amortiguaria el de los disparos, eso suponiendo que los vecinos mas proximos, bastante alejados, tuvieran interes en oir algo tan inquietante. Por alguna razon oscura que de momento no supe interpretar, Jovino cambio de programa y se dirigio en especial al de Paradaseca.

– Va a ser una noche de prueba y no hay prueba como la del fuego, el que no aguante lo que yo aguanto no me vale.

– Resisto tanto como tu.

– Eso hay que verlo.

Su aire luciferino me advirtio del disparate, pero fue tan rapido que no me dio tiempo de evitarlo, me dejo con las manos papando moscas. Saco del horno una de las varillas al rojo y se marco el brazo como si fuera una res, me dio nauseas el aroma de la carne asada, apreto los dientes y no solto ni un ay, sudaba copiosamente, se habia despojado de la camiseta y por primera vez me detuve en la contemplacion de su cuerpo, lo menos espectacular era la bailarina del tatuaje, las heridas habian dibujado infinitas cicatrices en su pecho, en su espalda la doble paralela del saco terrero de castigo, tipica del legionario no disciplinado, y en el flanco izquierdo la tambien doble de un tiro en sedal, mas terrorifico el boton de salida que el orificio de entrada, lo compare con el mio, una unica cicatriz por quemaduras en las costillas fruto de una cataplasma contra una pulmonia infantil, y me dije que por lo menos en ese aspecto habia tenido suerte en la vida.

– Si tu puedes, puedo yo.

Para recogio la varilla del suelo y se la aplico al antebrazo, estaba prevenido y me lance con tiempo suficiente para poder evitarlo, esta vez si, hice el ademan, incluso sujete su carne palpitante de miedo, pero ahi detuve la accion, le deje herirse, ?por que?, me pregunte mientras el otro se derrumbaba en un monticulo de virutas y trapos sucios con soplidos de corzo agonico, porque en el fondo estaba de acuerdo con Jovino, la operacion de la noche del martes podia decidir nuestro futuro y se necesitaba la catarsis de una prueba de valor supremo, nos ibamos a enfrentar a lo que saliera y saldria hasta la Muerte en persona, resistir el dolor y encarar el riesgo eran las monedas con que pagariamos el exito, tambien yo queria probar a mis companeros por mas que no me apeteciera el probarme a mi mismo quemandome la piel, trate de evitarlo.

– No hagamos mas estupideces.

– No vais a poder trabajar -me auxilio Villa.

– Y con un manco tenemos bastante.

El razonamiento laboral parecio convencer a Jovino que murmuro frases ininteligibles, ronco de dolor, mientras dibujaba algo con un carboncillo en un papel de estraza, nos mostro la diana satisfecho del dibujo y de la idea.

– Esta bien, probemos las pistolas, hay que tener cojones para jugar a esto, venga.

Clavo el papel en la pared y se coloco debajo como un san Jovino, virgen y martir, igual de impavido.

– Te toca a ti.

Respire profundo, hice punteria y aprete el gatillo, me parecio oir la voz en el campo de tiro, blanco y diana en el centro, me aproxime a comprobar el impacto, un centimetro por encima del lugar central, punteria exacta, la desviacion correspondia al margen de seguridad autoconcedido para no volarle la tapa de los sesos. El martillo seguia golpeando sobre el yunque con indiferencia mecanica. Cambiamos las posiciones, me coloque en la de firmes y aguante los fantasmas del negro orificio que encanonaba a mi entrecejo, imagenes que no se dilataron en el tiempo como antes sino que cristalizaron voluntarias en un instante infinito, en una persona concreta, Olvido, ?por que teniamos que estar siempre separados?, la iba a rescatar de aquel maldito colegio y nos fugariamos juntos hasta que la muerte nos separara, estaba pensando en mi, lo sentia, no te preocupes Olvido, esto es solo una broma y lo del martes una pesadilla, lo que viene despues es el comienzo de nuestro futuro, te lo prometo, no me dejare matar, colabora con la que te envie y no te preocupes de mas, confia en mi, no hay dique capaz de contener la riada de nuestro amor, pasearemos en barco, nina Olvido, un instante que coincidio con el del disparo, el atletico cuerpo de Jovino parecia una estatua griega erosionada mas por las pedradas de la chiquilleria que por el paso de los siglos, inmovil, no podia fallar, senti el impacto erizandome el cabello y comprobe la punteria, se habia desviado mas o menos la misma distancia que yo, pero hacia un lado, el muy cabron no se habia concedido ningun margen de seguridad, tan seguro estaba de si mismo.

– Los siguientes.

A Villa se le puso un color de cirio en entierro de tercera y a Para el pulso le latia con saltos de a metro, no obstante dispararon el uno sobre el otro con una punteria mas que aceptable. Todos respiramos tranquilos, los oidos acusaron el repentino silencio.

– ?Que tal?

– ?Que? Ah, si, de puta aldaba.

– Bautizados.

La ceremonia iniciatica consiguio templar los animos proporcionando al mismo tiempo un grado especial de camaraderia, palmadas, sonrisas y gritos de jubilo ante las bandejas que nos ofrecio Delfino con un excelente revuelto de jamon con guisantes una y de cachelos la otra, se lucio Leonora, «compartir riesgo y comida une tanto a los hombres como los desune el compartir a la misma dama o a la misma burra, la montura es indivisible», bromeo el viejo forzando la distension con otras anecdotas, me despejo la incognita de la esperpentica banera, «es la que utiliza el veterinario para cortar el despeluche de las cabras, la llena de agua y con una latas de zotal se pone como la leche, las metes ahi, las coge un tio por delante y otro por detras y hale, es la que tenia el Ayuntamiento de cuando la medicion, de cuando los quintos, los lavaban alli antes de reconocerlos el medico, pero de eso hace mucho, ?eh?, ahora para las cabras, a eso le llamo yo bajar de categoria», en su casta pasaba lo mismo, el Lauren no le llegaba a los talones.

– Bueno, vamos a estudiar la operacion Meona -corto Jovino-, los Mayorga podeis retiraros.

– Si puedo hacer algo mas…

– Gracias, Lauren, lo dicho y punto. Asi, si alguien viene a preguntar, nada podra sacarte.

– Ojala viniera el Mediocapa.

Laurentino me dio pena, pertenecia a los hojalateros, a los que siempre tienen en boca la justificacion de si hubiera sido asi no seria de la otra forma, claro, no tenia coraje para vengarse como debiera haber hecho, el ojala era una pequena bravata, pasaba largo de los treinta y los hombros le colgaban hasta las baldosas, cumpliria su mision pasiva de recepcionista del mineral y sacaria lo suficiente para largarse, vuelo, volar lejos de aqui lo hariamos todos, o quedarnos, pero a nuestro aire, el no tendria valor para darse el bote y seguiria a la sombra del padre, extendida politica la hereditaria, una de las pocas cosas por las que me alegraba de no conocer al mio, aire libre, en cuanto terminasemos a volar con Olvido, ahora a escuchar las explicaciones del senor Menendez.

– El monte os lo conoceis de memoria.

– Si.

– Pues el plan igual, cada uno con lo suyo bien aprendido, que no tendra con quien consultar cuando se arme la marimorena.

– Si.

– La cueva esta desescombrada, empezaremos picando en el nodulo…

– Si.

– No me digas siempre si, cono, que esto no es una boda.

Si con ese de silbido, Para acusaba la quemadura en sus doloridas afirmaciones, aguantate, estuve a punto de gritarle, la verdad es que nos sobra fortaleza para aguantar la desgracia ajena, la propia ya es otro cantar, a Jovino se le habia cicatrizado la herida como con balsamo de Fierabras, por arte de

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