magia, irradiaba energia y a pesar de su brusca apariencia era de lo mas persuasivo, un lider, lo recitaba como el credo, la cueva estaba desescombrada, empezariamos a picar en el nodulo, salvo para damiselas tan practicable como una pista de baile, sin entibar y los salientes de cuarzo sin escofino, pero este era el menor de los riesgos, desde el fin de semana hasta la noche del martes laboreo, despues, con nocturnidad y alevosia, el transporte a casa de los Mayorga, solo dos bestias, una de subida y otra de bajada, con mas como si lo voceara el pregonero, listos los dos camiones, uno a cada orilla y con la balsa de la herreria presta a elegir cual, por si hay acaso, suspire, ahi entro yo en accion, una vez en la carretera seria mi problema llegar a Zamora y colocar la mercancia, supuse que don Antonio Diaz Diez del Moral no me fallaria como la furcia de luto porque no le iba a regatear el precio.

– ?Cuanto puede ser?

– Un millon y pico.

– ?Pico de loro o de ciguena?

Jovino se mostro tan convincente que no le discutieron lo impreciso de la venta bruta, nos perdiamos en las cifras astronomicas como cuando quieres seguir la marcha de las cometas en la noche de San Juan, pasando de cierto limite todo lo aceptabamos por anadidura, tan convincente que tampoco le discutieron el preciso y leonino reparto, un tercio para el, un tercio para mi y un tercio para el resto, yo no hice ningun comentario porque me parecia justo y porque ademas ya nos habiamos puesto de acuerdo de antemano, tampoco se comento la obviedad de que si aparecian los civiles o los del Gas nos abririamos paso a tiro limpio, no te preocupes, Olvido, todo va a ir como la seda, pero colabora con la que va en tu busca.

Capitulo 28

Le parecio que tardaban un siglo en abrir. Astorga entera le inspiraba un extrano temor, le parecia una ciudad levitica aunque con otro calificativo mas proximo a sus cortas entendederas, una ciudad maragata, y todos saben como son los maragatos, de la Virgen del Puno, jamas se habia alejado tanto de su casa y eso influia. Trago saliva cuando sono el cerrojo por dentro y se abrio la puerta.

– Buenos dias, madre, vengo a visitar a la senorita Olvido.

– ?Y usted quien es?

– Soy Carmen, la criada de dona Dositea Valcarce Vega, su madre, madre.

– Hermana.

– ?La hermana de quien?

– Que no soy madre, soy la hermana Nino Dios.

Antes de entrar ya habia metido el cuezo y mira que se vino haciendo recomendaciones de prudencia y sentido comun a lo largo del trayecto que desde Ponferrada hizo en el autobus de linea, Empresa Fernandez, mas conocido por Tacata Leon, pero es que la ciudad le ponia nerviosa, nunca habia salido del Bierzo y Astorga era la Maragateria, el extranjero, ni siquiera hablaban con acento gallego, hoscos, con pocas palabras le indicaron la direccion del colegio y le parecio caminar como perdida en la selva, un edificio antiguo, bonito como los de Villafranca, reconocio con disgusto, paredes de lajas y grandes ladrillos, con espadana y sobre el arco de la entrada lo ponia, «Colegio de las Hermanas Ensenantes de la Congregacion del Santo Maestro», las llamaban las maestristas y no cayo en lo de hermana, un error, pero no tanto, se disculpo, tenia que pasar por criada, no por senorita, y las criadas son mas burras.

– Usted disculpe, madre, digo hermana.

– Pase, pase, no se quede ahi de pasmarote.

– Si, senora.

Atravesaron un largo corredor con un suelo de marmol desgastadisimo, los muros cubiertos de santos y orlas de sucesivas promociones en orden cronologico, hasta llegar a la sala de espera. Era domingo y conforme habian calculado habia un gran numero de padres o parientes varios listos para sacar a las alumnas de paseo, les daban libre hasta una hora antes de la puesta del sol, la gente favorecia la dispersion de las celadoras, pero la azoraba terriblemente.

– Vera, tengo que explicarle antes una cosa delicada, dona Dositea…

– Digame.

– De su parte.

Y para hacerse perdonar o distraerla, ofrecio a la monja el presente de los melocotones en almibar de Ledo, para disimular cuando apareciese Olvido habia comprado en la misma plaza Mayor en donde se bajo una caja de mantecadas, si el personal le parecio hosco, el tendero hostil, y eso que no le dijo que era berciana, de la tierra en donde habian matado a Custodio, el fabricante, fue una casualidad comprar esa marca, la primera a la que echo mano.

– Dona Dositea esta muy enferma y la senorita no sabe nada, ya me comprende, ?no?, Nina Dios.

– Hermana Nino Dios.

Carmen estuvo a punto de morir de verguenza, otra metedura de pata, pero se sobrepuso, era una mujer esforzada y valiente, amiga de sus amigos seguiria hasta el final.

– Bueno, que dona Dositea quiere verla y ademas es que la necesita para cuidar de la casa.

La hermana, por una cuestion de tacto, no se sabe si por delicadeza por la confesion o por no mezclar a la sirvienta con las senoras alli presentes, se la llevo a una salita adjunta, pequena y solitaria.

– Digame, no sabiamos nada, ?es tan grave?

Carmen recito de memoria, «no tan grave como doloroso, una fiebre reumatica que la tiene postrada en la cama con las junturas de los huesos asi de hinchadas, no se puede mover, anda en un puro grito y a base de friegas. Esta carta lo explica mejor», la habia falsificado Ausencio con papel de la farmacia, «es de don Angel Sernandez Valcarce, el boticario de Cacabelos, el primo de la senora que tambien anda muy delicado el pobre, los estoy atendiendo y no doy abasto, dice que mientras duren las friegas lo mejor es que Olvidin este en casa, ya es mayor y puede ayudar, pero no hay que asustar a la senorita, se lo dire poco a poco no se crea que se esta muriendo, y tampoco es eso, aunque si quiere que le diga la verdad no me gusta nada el aspecto de la pobrina», siguio recitando con mas confianza, la hermana se habia tragado la bola del papel impreso y disfrutaba con las confidencias, mando llamar a Olvido y se intereso por otros aspectos de la familia Valcarce.

– Decian que por parte de los Sernandez eran de las familias mas ricas de la provincia, ?no es asi?

– Eran, pero en estos tiempos las cosas cambian y no se si podran aguantar…

– Que Dios no nos de todo lo que podemos aguantar.

– Porque no lo resistiriamos, hermana.

Carmen conto los chismes que corrian en el pueblo sobre hipotecas y deudas de juego hasta que no supo ya de que hablar y, por temor al silencio y las preguntas que podian volverse al tema inicial, se agarro a un clavo ardiendo, «que bonito es ese cuadro de la Virgen, parece un cuadro de veras», maldito si le gustaba la pintura, no entendia ni falta que le hacia.

– Me alegro de que le guste, lo he dibujado yo, es una copia de Nuestra Senora de la Majestad, doy clase de dibujo, ?sabe?

Carmen solto un suspiro de alivio, era un tanto a su favor, a la monjita le gusto que le abanicase el ego.

– Precioso.

Entro Olvido y por poco la pilla en renuncio.

– ?Olvidin, hija!

Se precipito sobre la joven con las mantecadas y un abrazo aparatoso, impidiendole hablar, tapandole la sorpresa de la cara con caricias de quien la ha visto nacer y desviando el beso

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