– A ver, tu, ?a quien estas timando? No te vayas. ?Les ha quitado algo?

La gitana corrio despavorida.

– A ver las manos, ?les falta un anillo, una pulsera, algo?

Las agitaron al aire como inocentes palomas.

– No, no, nada.

– Disculpenme, voy a pillarla.

– Quien lo iba a decir, una ladrona, menos mal que todavia hay gente honrada por el mundo.

– Ay, Carmina, ?tienes tu la bolsa?

– ?La bolsa? ?Que bolsa? ?La del equipaje?

– Me la han robado con tanto palique.

Distraidas con la palabreria, alguien, por detras, se habia llevado impunemente el capazo de hule depositado en el suelo a fin de facilitar el muestreo de manos.

– La madre que los pario. Voy a denunciarlos.

– ?Pero que dices? Se pueden dar cuenta de que me he fugado del cole.

Quedaron las dos impotentes y desoladas contemplando con ira el ir y venir de los municipales a la puerta del Ayuntamiento, hermosa fachada con un balcon corrido en la planta principal, con el escudo de la villa y encima el reloj de la mala fama de los maragatos, sin saber que hacer mas que insultarlos in mente, ronosos, negociantes, ladrones, de esta ciudad ni el polvo, se sacudieron las sandalias y alquilaron el taxi apalabrandolo de antemano, un atraco, tan disgustadas que a la salida ni siquiera se fijaron en las torres de cuento de hadas del palacio Episcopal, obra de Gaudi.

– Esto me pasa por cateta.

– No te culpes, Carmina, me la quitaron a mi y no valia tanto, lo que me preocupa es lo que voy a hacer.

Olvido no se atrevio a pensar en nada salvo un fluir de la conciencia sobre el que no ejercia el menor dominio, se mimetizaba con los ideales de su pareja, si le proponia huir lo harian en barco, una travesia eterna entre olas de coral, solos, sin compromisos familiares, disfrutando paisajes de pelicula, los rascacielos de Nueva York, las piramides de Mexico, las playas de Rio, las palmeras del Caribe, el tropico y la guayaba, samba y maracas, en tecnicolor y cogidos de la mano en la cubierta de un paquebote. Si tenia valor para decidirse. El coche aparco en Ponferrada en el lugar convenido, en la trasera del recien inaugurado cine Moran, con una decoracion exacta a la del cine Capitol de Madrid, ponian Una mujer endiablada, con Lupe Velez, la exquisita actriz azteca, y la cola para sacar entradas doblaba la esquina del edificio.

– Disimula, nina.

Olvido bajo del taxi y se encontro con Ausencio, tuvieron que hacer un esfuerzo para no abrazarse en publico.

– ?Que quieres de mi?

– Te quiero, Olvido, ya te lo explicare luego -y dirigiendose a Carmen-: teneis que llegar a casa al anochecer y sin que os vean.

– ?Y tu?, ?no vienes con nosotras?

– Ha surgido un contratiempo, tengo que localizar a don Angel.

– No tardes, me muero de impaciencia.

Capitulo 29

No habia vuelto a ver a mi padrino desde el dia de la matanza, ni a el ni a nadie de su familia, por eso me sorprendio la llamada de Gelon, algun disgusto, seguro, se dejaria capar antes de darme una buena noticia.

– Pero eso no es grave.

– Tienes que localizarle, Jose, se ha largado de casa y no esta en el pueblo, si es grave, hace una semana que le dio una angina de pecho y no quiere guardar reposo, ha vuelto a jugar como un energumeno.

– ?Y por que no le buscas tu, no eres su hijo?

– No me gustan las cartas, tu conoces mejor que yo esos tugurios.

– ?Y si me niego?

– Algun favor le deberas, ?no?

El muy cocho sabia que no me iba a negar, me dijo que le habian visto tomar el autobus de Ponferrada y colgo. Supuse que habia ido al Dolar y hacia alli dirigi mis pasos como si no tuviera otra cosa de que ocuparme. Entre en la fiesta perenne y cai en la cuenta de que era la primera vez que entraba solo. La Faraona cantaba de su repertorio favorito lo de amor es un algo sin nombre que obsesiona a un hombre por una mujer, podia dedicarmelo. Le pregunte al del bar, un fichero viviente:

– ?Has visto a don Angel por aqui?

– En lo de Arias.

La timba, como de costumbre, estaba repleta de ilustres jugando al giley, no era el Gran Kursaal pero el farmaceutico barajaba con la misma dignidad de sus anos mozos de casino aristocrata, con menos energia, los ojos empanados y la bilis amarga de la boca denunciaban a una persona girando la ultima vuelta de tuerca, me impresiono de veras, habia envejecido demasiado, tanto que no se percato de mi presencia, si lo hizo don Jose Carlos, que paso mano y salio a mi encuentro preocupado por sus camiones.

– ?Algun disidente?

– Todo en orden. Vengo a buscar a don Angel, esta jodido.

– Y no huele una. No te disientas tu, chaval, y andate con los ojos abiertos, ?un veguero?

Me ofrecio un puro habano.

– Gracias, no fumo esos tronchos.

– ?Cuando es el viaje?

– No puedo decirselo.

– Buena razon la prudencia. Espera y te saco al boti.

El corro vio levantarse a don Angel con el consuelo de quitarse a un torpe del medio y el disgusto de perder unos beneficios, pocos podian ser ya, le tome del brazo para ayudarle a caminar pero se zafo de lo que consideraba un vejamen.

– Quieto, Ausencio, me tengo solo.

Nos sentamos en uno de los pocos veladores libres. Estudie su rostro, nunca me parecio tan decrepito, el tono gris descolorido de sus pupilas indicaba un agotamiento irreversible, las canas de su barba se desplomaban languidas, sin fuerza, un aspecto tan desvalido que avivo al rescoldo de mi afecto, trate de mostrarme lo mas carinoso posible.

– ?Pero que hace aqui, padrino? Tiene mala cara…

– Alto, parao, no acepto consejos, los buenos consejos se dan a mi edad, cuando ya no se pueden dar malos ejemplos.

– Es muy tarde y deberia retirarse, si quiere le acompano.

– Muchacho, yo se lo que debo hacer, pero haga lo que haga la solucion optima siempre es la otra, por eso no merece la pena cambiar de conducta, si te preocupas por el dinero que pierdo te dire que conozco el precio de las cosas pero no le doy valor a ninguna, ?me comprendes?

– No es por el dinero…

La salud, se esta matando, lo leyo en mi vista y me solto un discurso para contradecirme.

– Lo que cuenta es la pasion, mi vida es el juego y voy a morir con las botas puestas, si fuera un mercachifle me hubiera hecho rico de nuevo, todo el mundo puede hacerse rico, para ello no

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