– Parece que no llevo nada.
– Eso es bueno. Y ?como se siente?
– Comoda.
– ?Linda?
– Si, por que no.
– ?Atractiva?
– Tambien.
– ?Seductora?
– Bastante.
– Asi se ve.
– Gracias, yo no pensaba llevar nada, pero la verdad es que me gusta mucho. ?Tiene ropa interior que haga juego?
– Si, ?quiere verla?
– Por favor.
– ?Todo azul, entonces?
– Es un lindo color y bastante mas discreto que el que llevo la senora.
– Ah, es una vieja clienta, casi de los comienzos. A esta altura le hago la ropa a medida.
– Es claro, con ese cuerpo no creo que encuentre ropa de este tipo, digo, asi tan bonita y tan, tan…
– ?Erotica?
Elena se prueba el resto de las prendas. Las llevara todas y punto. Sale del probador. La mujer la esta esperando detras de una mesa baja que hace juego con el marco del espejo. Esta mirandose las manos, acaricia la izquierda con el pulgar derecho, luego con toda la mano. Hace lo mismo con la otra, lenta, suavemente. Despues estira los brazos y las mira de lejos. Los brillantes engarzados hacen extranos juegos de luz con un rayo de sol que se cuela entre las puntillas. Tiene un aire aristocratico, un estilo refinado y algo altanero; no es simpatica y, sin embargo, inspira confianza. A Elena le gustaria conocerla un poco mas, saber de donde ha sacado ese aspecto de institutriz.
– Me llevo todo. Es una locura, no pensaba comprar nada, ni siquiera se por que lo hago.
– Porque tiene ganas me parece una razon suficiente.
– A mi me resulta raro.
– ?Que?
– Hacer cosas por el puro placer de hacerlas. Usted sabe, primero son los padres, despues los maridos, los hijos; desde que tengo uso de memoria estoy cumpliendo deseos de los demas. Y cuando me doy un gusto pienso una y mil veces de que manera puede afectar a los otros, si no seria mejor gastar el dinero en otra cosa.
– Se ha olvidado de usted, creo.
– No se, suena algo fuerte, ?no le parece? Pero, podria ser, quiza no en un sentido extremista. Me refiero a que tengo muchos motivos para ser, digamos, feliz. Ahora, en el sentido estrictamente personal, tiene razon, he vivido bastante mal, una vida mediocre.
Mientras hablan, la mujer va envolviendo con primor cada prenda. Primero coloca algunos petalos aromaticos dentro, despues la dobla, la envuelve en papel de seda blanco, de ahi a la caja del mismo color con el nombre de la casa impreso en relieve dorado y, como broche final, un lazo salmon que ella transforma habilmente en una mona parecida a una mariposa.
– Como para casi todo, se requiere entrenamiento. Vea, no creo en esas decisiones abruptas; la senora que esta deprimida y decide dar un vuelco a su vida, cambiar en unas horas lo que ha mal construido por anos. Eso no sirve para nada. A lo sumo gastan dinero en cosas materiales que simbolizan las ganas de cambio, como esta ropa, por ejemplo; pero si la cuestion no es mas profunda, si la transformacion no se opera de adentro hacia afuera, le dire que: terminan frustradas, con los cachivaches inutilizados por una nueva depresion mayor que la anterior. Eso no sirve; me he cansado de verlo. Ahora bien, cuando la ola viene formandose desde hace tiempo, cuando lo unico que se necesita es un rayo que inicie la tormenta, entonces ?cuidado con estas mujeres! Son capaces de dar vuelta el mundo con su energia. Da gusto verlas. Son ventarrones, entran, se prueban todo, llevan solamente lo que las hace felices, piensan poco en los demas y mucho en ellas.
– ?Y eso no es ser egoista?
– Si, pero si se han pasado una vida dando y dando y eso no las ha hecho felices, cambiar es cuestion de inteligencia. Lo que a primera vista parece un acto de egoismo se vuelca luego en el bienestar de los demas.
– ?Usted es de las que piensa que si uno no esta bien no sirve a los demas?
– Es muy simple, si usted vive angustiada, dificilmente pueda transmitir alegria. Si vive con miedos, ?como infundira seguridad y confianza? Si no se quiere, si no se cuida, ?de donde sacara fuerza, salud mental para querer a los otros? Esta clarisimo.
– Como el agua.
– Esto esta listo, ?como lo quiere pagar?
– Con tarjeta y lo mas tarde posible.
– Tres pagos, ?esta bien?
– Perfecto.
La mujer hace el tramite habitual. Elena sigue con la mirada cada detalle de sus movimientos, la elegancia natural que despliega al hablar, al tomar la lapicera, la letra estilizada, la sonrisa apenas perceptible, casi una mueca.
– ?Sabe? Es curioso que la haya encontrado hoy que tengo un dia de locos.
– Lo note en cuanto entro. Es bastante transparente, ?lo sabia?
– Nunca me lo habian dicho, pero me cae bien.
– Que tenga suerte. ?Ah! Una cosa mas, no espere mucho; yo que usted estreno la ropa esta misma noche.
El cielo, que por la manana amenazaba lluvia, se ha desplegado en un azul intenso. Parece mentira, pero la caja blanca que lleva bajo el brazo le infunde confianza, como si alguien pudiera adivinar con solo verla que ahi va una parte de su nueva vida, un simbolo de que algo esta cambiando o va a cambiar. Del maquillaje, casi no quedan rastros, apenas un rubor en las mejillas; el resto es un conjunto palido de lineas atenuadas. Las fuerzas, lejos de apagarse, parecen ir creciendo mientras transcurre este extrano dia, tan diferente al de ayer, la semana pasada, el mes anterior, los anos que recuerda.
Ahora marcha sin rumbo, disfruta de esa rara sensacion de que le sobra tiempo. Justo a ella que ha vivido corriendo y mientras corria se olvidaba de vivir. Pero hoy es un dia especial. Camina un par de cuadras y se topa con la solemnidad de la iglesia que tantas veces ha visto pero que nunca antes, como hoy, le llamo la atencion. Es una bonita construccion en piedra gris y ladrillo que se alza al cielo como una aguja divina, intentando imitar un estilo gotico al que no accede del todo. Al frente hay un pequeno jardin donde crecen petunias y corales. A modo de reja, han dejado crecer un cerco de hortensias. Una monja esta cortando unas hojas que intentan sublevarse por los costados. Mas alla hay un plato con algo que dos gatos devoran a toda prisa. Elena vuelve tras sus pasos y franquea el cerco. Se encuentra caminando sobre el pedregullo rojo que la lleva a la puerta central, abierta de par en par. La monja no levanta la vista para mirarla, pero sigue sus movimientos de reojo.
Apenas entra, la invade la frescura del lugar en penumbra, solamente iluminado por la luz que se cuela a traves de los vitrales. Es una luz especial, dividida en colores y formas, que va a posarse sobre el mosaico del suelo y hace un fantastico juego de caleidoscopio. El aroma tambien invita al recogimiento y, sobre todo, al silencio. Eso es lo mejor, lo que mas la atrae de este lugar. Se oyen sonidos de ecos lejanos, murmullos de voces antiguas, silencios dentro de otros silencios grandes, respetuosos.
Asi lo siente mientras sus ojos recorren el lugar vacio, los largos bancos de madera oscura luciendo las pequenas placas con el nombre del benefactor, el altar de marmol blanco con un microfono en el centro y un ramito de flores frescas a la izquierda; las aranas colgando del techo prendidas apenas por unas cadenas que amenazan con no soportar el peso de tanto bronce y cairel, un cirio colocado sobre un pedestal tallado, las inevitables rajaduras en las paredes que anuncian que, despues de todo, si existe algo terrenal alli. Las hay de todas formas, cruzan el lugar como serpientes y se mezclan con las manchas de humedad que vienen bajando