embargo, sentia el corazon alegre y, por tal razon, cerro dicho libro y cogio en su lugar Tres hombres en una barca, mas como empezo a pensar en cosas serias de repente, decidio dejar de leer, pues hubiera tenido que levantarse para escoger una obra adecuada, ya que sobre la mesilla de noche no le quedaba mas que la Guia de Telefonos.
Para solazar su espiritu, realizo algunos movimientos de gimnasia finlandesa, que se practica sin moverse, en posicion tumbada, y que consiste en la tension y posterior distension de determinados musculos juiciosamente seleccionados.
Se levanto finalmente, se cubrio con un vestido de tela de colores alegres, subio tres escalones, y cayo desde una altura de cincuenta centimetros en la habitacion vecina, que estaba al mismo nivel que la suya. La caida le produjo un ligero esguince, por lo que se dirigio al cuarto de bano para vendarse el tobillo. Asi que se sento delante del espejo y se aliso su cabello rojo subido. Sonreia a su imagen reflejada, pero el dolor del tobillo impidio a esta devolverle la sonrisa y Noemi, afectada, se puso a llorar. Animosamente, su reflejo se esforzo en sonreir para devolverle la calma, y todo volvio a ponerse en orden, aunque estaba ya muy ordenado.
V
Fidele empezaba a preparar la recepcion de sus amigos. A ella no asistirian sus padres. La presencia de estos resultaba a veces compatible con la libertad, pero son precisamente los padres de tal especie los que por si mismos deciden irse al cine para dejar campo libre a la juventud. Fidele no estaba preparando una orgia, pero, sin embargo, el pudor exige ciertas restricciones verbales en la expresion de los propios sentimientos delante de las personas mayores, y Fidele deseaba, por lo menos, describir a sus camaradas lo profuso de su felicidad mediante una bacanal fraseologica que le hacia estremecerse de antemano.
El comedor, estancia alargada y de alto techo, se prestaria comodamente a la comida. Fotografias de sepulturas de lujo, maquetas de proyectos realizados por Fidele, alegraban sus paredes con el retoque gris de las piedras antiguas. Pocos muebles: un largo y bajo aparador de abedul afligido soportaba dos candelabros de plata provistos de velas rojas. Una mesa del mismo tipo de madera, asi como sillas de un abedul mas oscuro, casi negro, que se produce en Africa, donde se le designa con un nombre cuya traduccion literal seria ebano, sillas tapizadas con tafilete rojo. Fidele se colocaria dando la espalda a las ventanas.
El unico engorro era el papel con sus naranjas de color naranja sobre el fondo azul de Prusia, y Fidele descolgo el telefono y telefoneo para que fueran a cambiarlo. Deseaba naranjas azul de Prusia sobre un fondo de color naranja. Pero, pensandolo mejor decidio que un papel crudo, liso y granulado tampoco estaria mal, por lo que el empapelador coloco bandas alternativamente marfil y blanco de nata, con una cenefa de rojo intenso haciendo juego con el tafilete de las sillas, reemplazando ademas las fotos de las sepulturas por el retrato de Noemi, que saco con una sonrisa complice de su mesa plegable de encolar.
VI
Aquella manana, Noemi haraganeo en la cama hasta hora muy avanzada. Sin embargo, no permanecia por completo inactiva, sino que habia cogido su labor. En su cesto de mimbre barnizado habia tres gruesos ovillos de lana de angora blanca y uno de lana corriente roja. Estaba terminando la parte superior de la delantera: tan solo le quedaban catorce pasadas. Toda la mencionada delantera era de angora blanca con una raya roja horizontal cada dos pasadas, y a continuacion dos nuevas pasadas de blanco. Sobre diez de estas pasadas se proponia tricotar con un telar Jacquard el nombre de su prometido. Este apareceria en tonos rojos sobre el fondo de angora blanco, fondo en el que el suave pelo lo ocultaria a medias y lo mantendria bien calentito. Para simplificar, lo escribiria con caracteres runicos, para lo que seria suficiente con contar, a lo largo de diez pasadas, ocho puntos del reves en blanco y dos puntos del derecho en rojo. Seria un jersey muy bonito.
Aquella tarde pensaba ir al cine con una amiga a ver la ultima pelicula de Manfred Carote y de esa chica que en la cinta llevaba un jersey exactamente igual que el que ella estaba haciendo.
Habia quedado a las cuatro y media en El Pajaro Verde, para no perderse el principio de la pelicula y llegar, sin embargo, una vez terminado el noticiero, visto ya diecinueve veces aquella semana.
VII
Aquella misma manana, Pierre, uno de los invitados de Fidele, se afeito cuidadosamente y se puso una camisa limpia antes de dirigirse a su trabajo. Trabajaba como ingeniero en una empresa muy lanzada. Esperaba una llamada telefonica del mayor para indicarle la direccion de Fidele y, en caso necesario, encontrarse con el antes de la cena a fin de hacer el trayecto en su compania.
Por su parte, el mayor descendio a las catorce veinte de su avion especial, dejo su maleta vacia en consigna, y se llevo la de uno de sus companeros de cola para compensar la perdida sufrida de tal modo. A continuacion llamo a grandes voces a un taxi, indico a su conductor que tenia una mancha de tizne en la nariz, bajo a tomar el Metro y no dejo ni un centimetro para los demas, salio a las quince horas de la estacion deseada, y llego pedestremente a El Tazon de Oro y a la entrada de su hotel particular, en la calle Corazon de Leon.
Volvio a salir una media hora despues, dejando al servicio el cuidado de hacer justicia al espantoso desorden completado en aquel tiempo record. Se habia cambiado de traje, ejecutaba molinetes con ayuda de un elegante baston de concha rubia, y su ojo de vidrio brillaba como un faro, cegando para siempre a las escasas personas a las que distinguia con una mirada.
Entro en un cafe, decapito de un bastonazo a un inofensivo consumidor, paro en seco las protestas del camarero mediante una aparatosa propina que le introdujo en la abierta boca como si se tratase de una mordaza, y se encerro con dos vueltas de llave en la cabina telefonica, cuyo piso cedio bajo su peso como consecuencia de una maniobra defectuosa del cuadrante.
El mayor se encontro asi en la bodega del cafe, se apropio de algunas botellas escogidas que repartio por sus diversos bolsillos, y a continuacion subio la escalera, salio a la calle con toda naturalidad y busco un establecimiento mas solido.
Lo encontro, se instalo, echo una ficha en la ranura y telefoneo a Pierre.
VIII
Ayudado por Peter Gna, Laurent estaba operando su cuarto hiparion de ovario desde el principio de la jornada. Ahora iba a proceder a su fijacion. El paciente reposaba sobre un caballete de tubo niquelado, especie de asnilla con forma de letra A. Su columna vertebral procuraba equilibrarse sobre la arista de la letra, y la cabeza y los pies pendian a una parte y otra de la misma, a lo largo de los dos ramales de la A. Su vientre se mantenia tenso como un parche. El dolor provocado por dicha postura hacia olvidar las crueles punzadas producidas por el hiparion. Un aparatoso reflector blanco saeteaba sobre el campo operatorio una luminosidad estridente, y el hiparion se agitaba ligeramente bajo la piel. La luz le molestaba.
– Evipan -dijo Laurent.
Peter Gna preparo la jeringa, froto la hinchazon del enfermo con una hila de algodon embebida de alcohol, y pincho la aguja en la azulosa y cordada vena, que estallo con un ruidito humedo. Busco otro lugar, y no encontrandolo, clavo con gesto decidido la punta sesgada bajo la velluda axila. El plateado liquido descendio lentamente bajo la presion del embolo, al mismo tiempo que una pequena protuberancia conica se iba formando bajo el ojo derecho del paciente.
– Cuente hasta diez -ordeno Laurent a este ultimo.
