que, sin embargo, no llega a entrar ni una particula de hielo. Os dejo el trabajo de explicar tal anomalia.

– ?Los esquimales esculpen los bloques de hielo que colocan sobre esas tumbas? -pregunto Fidele.

– No -dijo el mayor-, por la sencilla razon de que se construyen en forma de hornacina. Es decir, se retira un bloque de hielo y se mete en el hueco al cliente, y despues se echa un poco de agua encima, pero de manera que no llegue hasta el borde.

– ?Toma! ?Y por que? -pregunto Fidele.

– Puede explicarse desde un punto de vista fisico -dijo el mayor-. El agua que se vierte proviene de un bloque de hielo previamente retirado, y todo el mundo sabe que el hielo pierde volumen al fundirse.

– Pero -insistio Fidele-, dado que vuelve a congelarse a continuacion…

– Si -dijo el mayor-, pero te estas olvidando de los pinguinos.

– ?Ah! -dijo Fidele sin acabar de comprender.

– ?Siempre tienen sed…! -dijo el mayor-. Y no son los unicos -anadio con discrecion mirando hacia su vaso.

Fidele volvio a llenar el vaso del mayor, y este continuo:

– Vuelve a telefonear a Laurent, querido Pierre. Debe haber terminado ya.

Pierre desaparecio en el despacho, y se dejaron oir desde alla los ecos de su insistencia.

– No puede venir… -dijo.

– ?Sigue con esa maldita mujer? -trono el mayor.

– No, ahora es el marido. Tiene dos costillas rotas, la nariz aplastada y una fractura en el cuello del femur.

– Afortunadamente, su esposa se contuvo a causa de la cria -suspiro el mayor-. Asi que, dime -continuo volviendose hacia Fidele-, ?o sea que te casas manana…?

– Si… -dijo Fidele-. En el Registro Civil…

– ?Y como es tu prometida…?

– Es muy linda… -dijo Fidele-. Tiene las mejillas lisas como porfido pulimentado, los ojos como grandes cuentas de vidrio negras, los cabellos de un rojo oscuro y peinados en forma de corona, un busto de marmol y, ademas, tiene el aspecto de estar aislada del resto del mundo por una pequena verja de hierro forjado.

– ?Sugestivo…! -aprecio el mayor, mientras un escalofrio le recorria el espinazo.

XII

Noemi era verdaderamente linda, y lo siguio siendo incluso despues de que el camion la hubiera despedido contra la acera. Su cabeza resono y sus dientes entrechocaron con violencia. Su amiga se puso a gritar. La ambulancia no llego acto seguido, y el hospital mas cercano era el de Hotel-Dieu.

Despues la transportaron sobre una camilla. Por los pasillos, las enfermeras pasaban vaciando los cubos llenos de amigdalas o de apendices que los ayudantes de los cirujanos acababan de sacar a la puerta de las salas de operaciones. Dos de ellas jugaban con un gran balon de oxigeno con bandas rojas y amarillas. Sobre la camilla, Noemi seguia teniendo bonitos labios rojos bien dibujados, sus cabellos de color rojo oscuro y su rectilinea nariz, pero sus ojos estaban cerrados.

XIII

– Ocurra lo que ocurra -dijo el mayor-, en esta llamada vas a decirle que venga de una vez y rapidamente, porque si no yo me largo.

– Si -dijo Fidele-. Voy a insistir. Nos esta jorobando con sus enfermos…

– …Pero es que no puedo -dijo Laurent-. Acaban de traerme a una muchacha a la que ha atropellado un camion…

– Ven en cualquier caso -dijo Fidele-. Deja que otro se ocupe de ella.

– Escucha -dijo Laurent-. No me gustaria… Ademas, es muy linda…

– Me das asco -dijo Fidele-. Lo que acabas de decir te condena. Por favor, haz un esfuerzo.

– Esta bien -dijo Laurent-. Pero si el burro de Duval se la carga, sera culpa tuya.

– ?A la mesa…! -bramaba el mayor.

XIV

Y, naturalmente, la operacion salio bien, pero no para Noemi, quien fallecio. Y como no quedaba ni un sitio para poner su cuerpo, se aviso en seguida a sus padres para que se lo llevaran a casa inmediatamente. Ella estaba ya envuelta en una sabana, pues resulta penoso constatar los efectos del trabajo que exige una fractura de craneo, pero a los viejos les entregaron sus cabellos. Habia habido que cortarlos, pues eran demasiado largos.

Los peces muertos *

I

La puerta del vagon se resistia, como de costumbre. En la otra punta del convoy el jefe de la gorra apretaba con fuerza el boton rojo, y el aire comprimido brotaba a chorros en el interior de los tubos. El ayudante se afanaba en intentar separar las dos hojas. Tenia calor. Gotas de sudor gris zigzagueaban sobre su rostro, como moscas, y podia verse el sucio cuello de su camisa de cefiro blindado.

El convoy estaba a punto de volver a ponerse en marcha, cuando el jefe solto el boton. El aire regurgito alegremente por debajo del tren y el ayudante estuvo a punto de perder el equilibrio, pues la puerta acababa de ceder de improviso. Se bajo dando traspies, no sin desgarrar su macuto con el mecanismo de cierre.

El tren volvio a ponerse en marcha, y el desplazamiento atmosferico resultante lanzo al ayudante hacia las malolientes letrinas, en las que dos arabes estaban discutiendo de politica a navajazos.

El ayudante se sacudio y se dio unos golpecitos en el pelo, que se aplasto sobre su fofo craneo como hierba podrida. Un leve humillo brotaba de su semidescubierto pecho, en el que se dibujaban las claviculas prominentes, asi como el agradable espectaculo de uno o dos pares de costillas desairadas y mal implantadas. Con paso torpe recorrio el anden, embaldosado con hexagonos rojos y verdes maculados de vez en cuando por prolongados regueros negros. Habian llovido pulpos durante toda la tarde, pero los empleados de la estacion pasaban en ocupaciones inconfesables el tiempo que, segun su monumental codigo, hubieran debido consagrar a la limpieza de los andenes.

El ayudante hurgo en los bolsillos y sus dedos dieron por fin con el grueso carton ondulado que debia entregar a la salida. Sentia molestias en las rodillas, y la humedad de las charcas exploradas durante el dia hacia chirriar sus mal afianzadas articulaciones.

En su macuto llevaba un botin mas que respetable, hay que reconocerlo.

Alargo su billete al indeterminado hombre que estaba de pie detras de la reja. El hombre lo cogio, lo miro y sonrio con ferocidad.

– ?No tiene otro? -dijo.

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