pero fracaso totalmente. Antes de darse cuenta ya habia preguntado con torpeza a la senora, ahi mismo en el rellano, si alguna vez la habian violado.
– ?Que impertinencia estupida es esa? -dijo la senora, muy pintada y maquillada y con sortijas en todos los dedos y una expresion feroz en la cara-. ?Quien eres? ?Que clase de groseria vulgar es esa?
– Perdona -susurro Sigurdur Oli, y en un instante desaparecio por la escalera.
A Elinborg le fue mejor, ya que estaba concentrada en su trabajo y no tenia complejos cuando hablaba con la gente. Su especialidad eran las recetas de cocina, le gustaba cocinar, lo hacia muy bien, asi que no le costaba entablar una conversacion. Llegada la ocasion, bastaba con comentar que olor mas bueno le llegaba desde la vivienda en cuestion, y gente que quiza no habia comido mas que palomitas durante toda una semana la recibia encantada.
En este momento estaba sentada en un sotano en la parte este de Reikiavik, tomando cafe con una senora mayor de Husavik, viuda desde hacia anos y madre de dos hijos adultos. Se llamaba Sigurlaug y era el ultimo nombre de la lista de Elinborg. Formular la delicada pregunta le habia resultado facil en todas las visitas anteriores y habia pedido a las mujeres que se pusieran en contacto con ella en caso de que recibieran alguna noticia - aunque solo fuese algun viejo rumor- de su pueblo Husavik.
– Y por eso estamos buscando a una mujer de Husavik, aproximadamente de tu edad, que hubiese conocido a Holberg durante esos anos y que quizas hubiese tenido problemas con el.
– No recuerdo a nadie en Husavik que se llamara Holberg -dijo la mujer-. ?A que clase de problemas te refieres?
– Holberg era forastero en Husavik -respondio Elinborg-, asi que no tienes por que acordarte de el. Nunca vivio alli. Se trata de un ataque personal. Sabemos que abuso de una mujer del pueblo hace unos veinte anos y estamos intentando encontrarla.
– ?Y no teneis informes sobre eso en vuestros archivos?
– El ataque no se denuncio.
– ?Que clase de ataque?
– Violacion.
La mujer se tapo instintivamente la boca con una mano y enarco las cejas.
– ?Dios mio! -exclamo-. No se nada de eso. ?Violacion, santo Dios! Nunca he oido nada sobre eso.
– No, parece que se llevo muy en secreto -dijo Elinborg y evito habilmente las preguntas insistentes de la mujer que queria saber todos los detalles de la historia-. Me preguntaba -anadio Elinborg- si tal vez conoces a alguien que pueda saber algo de este asunto.
La mujer le dio los nombres de dos amigas suyas de Husavik que segun ella se enteraban siempre de todo. Elinborg se apunto los nombres y se quedo hablando un ratito mas para no parecer maleducada. Finalmente se despidio.
Erlendur tenia un corte en la frente que el mismo se habia curado y protegido con una tirita. Uno de los visitantes nocturnos habia caido al suelo, gimiendo, impotente, despues de que la puerta le rompiese la rodilla. El otro, que contemplaba atonito los acontecimientos, se encontraba totalmente desprevenido cuando Erlendur se acerco a el y, sin dudarlo, le empujo escaleras abajo. Logro agarrarse a la barandilla y evitar caer en redondo. La vision de Erlendur en lo alto de la escalera, con la frente hinchada y sangrando, no le parecia muy atractiva, asi que, despues de mirar un momento a su companero, que se quejaba en el suelo, y de nuevo a Erlendur, decidio desaparecer. Tenia poco mas de veinte anos.
Erlendur llamo a una ambulancia y mientras esperaba su llegada se entero de por que buscaban a Eva Lind. Al principio el hombre se mostro reacio a hablar, pero cuando Erlendur se ofrecio a hacerle una primera cura en la rodilla accedio. Eran cobradores. Eva Lind debia dinero y droga a un individuo que era un total desconocido para Erlendur.
Al llegar al trabajo al dia siguiente, Erlendur no dio ninguna explicacion a nadie y nadie se atrevio a hacerle preguntas. La puerta casi le habia matado cuando cayo sobre su cabeza antes de aterrizar sobre la rodilla del cobrador. Le dolia la frente y le preocupaba Eva Lind. Habia echado algunas cabezadas en el sillon durante la noche, esperando a que su hija volviese a casa antes de que ocurrieran males mayores. Se detuvo en la oficina solo lo bastante para enterarse de que Gretar habia tenido una hermana y de que su madre aun vivia, ahora huesped de la residencia geriatrica Grund.
Tal como le habia dicho a Marion Briem, no estaba buscando a Gretar exactamente, ni tampoco a la novia desaparecida de Gardabaer, pero pensaba que no estaria de mas saber algo sobre ellos. Gretar estuvo en la fiesta la noche en que violaron a Kolbrun. Quiza le habia contado a alguien algo acerca de aquella noche, algun comentario. No esperaba hallar nada nuevo sobre la desaparicion en si, y Gretar no le interesaba especialmente, aunque a Erlendur siempre le habian atraido las desapariciones de personas en Islandia. Solia haber una tragedia detras de cada caso y a Erlendur le intrigaba todo lo relacionado con la desaparicion sin rastro de una persona.
La madre de Gretar tenia noventa anos y estaba ciega. Erlendur tuvo una breve conversacion con la directora del geriatrico, que no podia apartar la vista de su frente hinchada. Se entero de que Theodora era una de las residentes de mas edad y de las que mas tiempo llevaban alli. Una senora ejemplar, querida y respetada por los empleados y por los demas residentes.e
Le acompanaron a la habitacion de Theodora y se la presentaron. La senora estaba sentada en una silla de ruedas, en bata y con una manta de lana encima de las rodillas. Llevaba la larga melena gris recogida en una trenza que se deslizaba por el respaldo de la silla. Tenia el cuerpo encogido, las manos huesudas y la cara bondadosa. En la habitacion habia pocos objetos personales. Encima de la cama colgaba enmarcada una fotografia de John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos. Erlendur se sento en una silla frente a ella, mirando a unos ojos que ya no veian, y le dijo que le gustaria hablar sobre Gretar. Parecia oir bien y tener la cabeza clara. No demostro ninguna sorpresa ni hizo preguntas. Fue directamente al grano, como sin duda habria sido su costumbre desde siempre. A Erlendur le habian dicho que era del norte, de Skagafjordur. Tenia un fuerte acento norteno.
– Mi Gretar no era modelico -dijo-. Si te soy sincera, era un chico bastante inutil. No se a quien se parecia. Ladron y poco de fiar. Se juntaba con otros inutiles, todos gentuza indeseable. ?Lo habeis encontrado, quizas?
– No -contesto Erlendur-. Hace poco mataron a uno de sus amigos. Holberg. Tal vez has oido algo sobre este caso.
– No se nada de eso. ?Lo liquidaron, dices?
Erlendur sonrio indulgentemente, por primera vez en mucho tiempo encontro una razon para sonreir.
– En su misma casa. El y tu hijo solian trabajar juntos, en una empresa portuaria.
– Lo ultimo que he sabido de mi Gretar (y entonces aun tenia una vista bastante buena) fue cuando vino a verme a casa el verano de la celebracion de la Republica y me robo algo de plata y el dinero que tenia en un monedero. No lo descubri hasta que se hubo marchado. El dinero habia desaparecido, y luego tambien desaparecio Gretar. Como si lo hubieran robado a el. ?Sabes quien se lo llevo?
– No -respondio Erlendur-. ?Sabes que tramaba antes de su desaparicion? ?Con quien andaba?
– Ni idea -dijo la vieja-. Nunca supe que tramaba Gretar. Os lo conte entonces, hace tiempo.
– ?Conocias su aficion a la fotografia?
– Si, tomaba fotos. Siempre estaba haciendo fotos. No se para que. Me decia que las fotografias eran el espejo del tiempo, pero yo no entendia de que estaba hablando.
– Una manera bastante artificiosa de hablar tratandose de Gretar, ?no?
– Nunca le habia oido hablar asi.
– Su ultima direccion era en Bergstadastraeti, donde tenia alquilada una habitacion. ?Que se hizo de sus pertenencias, la camara de fotos y los negativos? ?Lo sabes?
– Quiza lo sepa mi Klara -dijo Theodora-. Mi hija. Ella limpio la habitacion. Tiro todos sus trastos, segun creo.
Erlendur se levanto y ella siguio sus movimientos con la cabeza. Le dio las gracias por su ayuda, le dijo que le habia servido de mucho. Queria comentarle que tenia muy buen aspecto y la cabeza muy clara, pero no lo hizo. No queria hablarle como a una nina. Reparo en la fotografia colgada junto a la cama y no pudo contenerse.
