habitacion yerma y poco acogedora que intentaba sin exito causar buena impresion; incluso habian montado un rincon de juegos para las visitas mas jovenes.
El abogado hojeo los documentos. Tenia el maletin sobre la mesa. Estaba abierto y la tapa era como un escudo entre ellos. Parecia mas nervioso que el preso, cosa que el estado de salud del drogadicto le impidio apreciar. El abogado bajo la tapa del maletin y le tendio un panuelo. Desdoblo el trozo de tela y le ofrecio el contenido.
Alli estaba la bendicion, todo lo que necesitaba aquel hombre exhausto para conseguir unas horas de bien merecido extasis. Intento cogerlo, pero fue en vano. El abogado retiro la mano a toda velocidad.
– ?Que has dicho?
– ?No he dicho
– ?Hay algo en tu piso que pueda darle pistas a la Policia? ?Alguna cosa?
– No, no,
Si el cerebro del hombre no hubiera estado atontado por veinte anos de abuso de los estimulantes artificiales, quizas hubiera dicho otra cosa. Si el atisbo de la salvacion en el maletin del abogado no hubiera debilitado la pizca de juicio que aun podia atribuirsele, tal vez habria contado que estaba en posesion de material comprometedor, papeles que habia encontrado en el suelo despues de otro encuentro en una sala de visitas, tras otro arresto. Si hubiera estado en posesion plena de sus facultades mentales, probablemente habria comprendido que para que los documentos cumplieran el papel de seguro de vida, tenia que anunciar que los tenia en su poder. Tal vez incluso deberia haberse inventado una historia sobre que alguien se lo contaria todo a la Policia en caso de que le sucediera algo. De eso al menos hubiera sacado alguna ventaja, quiza le hubiera salvado la vida, quiza no. Pero estaba demasiado atontado.
– Tu sigue manteniendo la boca cerrada -dijo el abogado, y permitio que el detenido se sirviera del contenido del panuelo.
Le dio tambien un cilindro del tamano de una purera, en cuyo interior el reo, con manos entusiasmadas y cada vez mas temblorosas, consiguio introducir el material. Sin pudor, se bajo los pantalones y se metio el pequeno contenedor alargado en el recto con una mueca.
– Me van a cachear antes de volverme a meter en la celda, pero el culo no me lo van a mirar, solo he visto a mi abogado -se rio el hombre, satisfecho.
Cinco horas mas tarde lo encontraron muerto en su celda. La sobredosis lo habia despachado a la muerte con una sonrisa dichosa en los labios. El material estaba en el suelo, infimos restos de la heroina en un pequeno trozo de plastico. En la hierba humeda, dos pisos por debajo de la ventana enrejada de su celda, yacia un pequeno estuche con forma de puro; pero nadie lo busco; se quedo alli, a la intemperie, hasta que, ano y medio despues, lo encontro un vigilante.
La anciana madre del preso no fue informada de la muerte hasta dos dias mas tarde. Vertio unas lagrimas amargas y, para consolarse, se bebio una botella entera de Eau de Vie. Habia sufrido cuando el nino llego al mundo sin que tal cosa estuviera planeada y lo acompano llorosa a lo largo de su vida, del mismo modo que lloro en el momento de su muerte. Aparte de ella, nadie, absolutamente nadie, echaria de menos a Jacob Frostrup.
Aunque el hombre ya se habia comportado de modo amenazador la ultima vez que se vieron, esta vez estaba furioso, casi irreconocible. Los dos hombres se habian encontrado como la otra vez, en un aparcamiento al fondo del valle de Maridalen. Habian aparcado sus respetables coches en extremos opuestos del aparcamiento, cosa que llamaba la atencion, puesto que solo habia otros tres vehiculos en el lugar, todos aparcados juntos. Cada uno por su lado, se habian dirigido al bosque, el mayor con el equipo adecuado, el mas joven pasando frio con su traje y sus zapatos negros.
– ?En que cono estas pensando? ?No tienes otra ropa que ponerte? -le espeto el mayor, una vez que se hubieron adentrado unos cientos de metros entre los arboles-. ?Pretendes que te mire todo el mundo?
– Relajate, no me ha visto nadie.
Le castaneteaban los dientes. El pelo oscuro ya se le habia humedecido y la lluvia le habia tenido los hombros de negro. Se parecia a Dracula, una impresion que se veia reforzada por los colmillos afilados que en aquellos momentos asomaban incluso cuando cerraba la boca, puesto que los labios se le encogian a causa del frio.
A poca distancia escucharon el zumbido de un tractor. Se apresuraron a esconderse detras de sendos troncos de arbol, una medida de seguridad absolutamente innecesaria: se encontraban a mas de cien metros del camino que cruzaba el bosque. El sonido del motor fue desapareciendo.
– Tenemos una politica clara de no reunimos nunca -continuo el que estaba mas enfadado-. Y ahora he tenido que reunirme contigo dos veces en muy poco tiempo. ?Has perdido completamente el control?
La pregunta era superflua, el hombre mojado parecia estar fuera de si. Su comportamiento desvalido y cutre se hacia aun mas patente en contraste con el traje caro y el peinado a la ultima moda. Ambas cosas estaban a punto de desintegrarse. No respondio.
– ?Sobreponte, hombre! -El mayor parecia completamente desesperado y agarro al mas joven de las solapas, lo sacudio; el otro no presento resistencia, su cabeza colgaba como la de un muneco de trapo-. Escuchame, escuchame ahora mismo. -El mayor cambio de tecnica; lo solto y hablo despacio y articulando, como quien se dirige a un nino pequeno-:
Cerramos el negocio. Vamos a pasar como de la mierda de los dos o tres meses de los que hable. Recogemos nuestros bartulos. ?Me oyes? Pero me tienes que contar en que punto estamos. ?El pajaro de la carcel sabe algo sobre nosotros?
– Si, sobre mi. Sobre ti no sabe nada, por supuesto.
El mayor se puso casi a gritar:
– ?Que cono querias decir entonces cuando me contaste que no habias sido tan idiota como Hansa? ?Me dijiste que no tenias contacto con los correos!
– Te menti -respondio el otro con apatia-. ?Como narices iba a reclutarlos si no? Les he proporcionado droga dentro de la carcel. No mucha, pero la suficiente como para poder mover los hilos. Corren detras de la droga como los perros tras las perras en celo.
El hombre mayor alzo el puno, como si le fuera a asestar un punetazo, pero fue demasiado lento como para pillar al otro por sorpresa. El joven dio un paso hacia atras, completamente espantado, resbalo en la hojarasca humeda y cayo de espaldas. No se levanto. Lleno de desden, el viejo le dio un puntapie en las piernas.
– Esto lo vas a arreglar -le ordeno.
– Ya lo he hecho -gimoteo el joven entre las hojas putrefactas-. Ya lo he arreglado.
Viernes, 23 de octubre
No tenia sensacion de soledad, aunque tal vez si la de estar solo. La voz femenina que emanaba del noticiero de las seis era agresiva y ordinaria, pero le servia de compania. Habia heredado la butaca de su abuela, era muy comoda y por eso la usaba, pese a que la anciana se habia reunido con el Senor estando sentada en el sillon en cuestion. Dos motas de sangre seguian manchando uno de los reposabrazos como resultado de un golpe que la mujer, al parecer, se habia dado en la cabeza al sufrir un infarto. Eran imposibles de quitar, como si la abuela, desde su existencia inmaterial en el mas alla, tratara obstinadamente de que prevaleciese su derecho de propiedad, cosa que provocaba en Hakon un sentimiento de ternura. La recordaba terca como una mula y los restos palidos de sangre sobre la funda de terciopelo azul evocaban a la esplendida mujer que habia ganado la guerra en solitario, que se habia ocupado de todos los indefensos y abandonados, que habia sido su heroina de la infancia y que le habia convencido para que estudiara derecho a pesar de tener una cabeza bastante limitada para los libros.
El piso estaba amueblado con muy poco gusto, sin ninguna coherencia o intento de mantener un estilo homogeneo. Los colores se mataban, pero paradojicamente la vivienda transmitia amabilidad y calor hogareno. Cada objeto tenia su propia historia: habia heredado algunas cosas, otras las habia comprado en mercadillos, y los muebles del salon comedor los adquirio en IKEA. En suma, era un apartamento de hombre, aunque mas limpio
