y recogido. Como hijo unico de lavandera, aprendio pronto el oficio y le gustaban las labores domesticas.
El fiscal general del Estado lanzaba duros ataques contra la prensa por el modo en que cubria los procesos criminales y la locutora tenia problemas para moderar la tertulia y conducir a los propios tertulianos, mientras que Hakon seguia el debate con los ojos cerrados y escaso interes. «Sea como sea, la prensa nunca se deja gobernar», penso. Estaba a punto de dormirse cuando sono el telefono.
Era Karen. Podia oir el eco de su propio zumbido de oidos en el aparato. Intento en vano tragar saliva, una y otra vez, pero tenia la boca seca como en un dia de resaca.
Se saludaron, pero ahi quedo la cosa. Era incomodo permanecer mudo en un telefono silencioso, asi que, para llenar el vacio, Hakon carraspeo de modo algo forzado.
– Estoy sola en casa -dijo Karen finalmente-. ?Te apetece pasarte por aqui? -Y como para justificar que deseaba compania anadio-. Tengo miedo.
– ?Y Nils?
– En un cursillo. Puedo preparar algo rico para cenar, tengo vino y podemos hablar del caso y de los viejos tiempos.
Estaba dispuesto a hablar con ella de lo que fuese, estaba encantado, feliz, expectante y muerto de miedo. Tras una larga ducha y veinte minutos de taxi llego al barrio de Grunerlokka y se quedo boquiabierto al ver el piso, en su vida habia visto nada igual.
Las mariposas debajo de su camisa dejaron pronto de aletear y se tranquilizaron. El recibimiento por parte de Karen no fue muy atento, ni siquiera le dio un beso de bienvenida, solo le dirigio esa sonrisa circunspecta que tenia por costumbre dispensarle. No tardaron en entrar en conversacion y el fue recuperando su pulso normal; Sand estaba acostumbrado a las decepciones.
La comida dejo mucho que desear, el mismo lo habria hecho bastante mejor. Habia frito demasiado las costillas de cordero antes de echarlas a la marmita, asi que la carne estaba dura. Conocia la receta y sabia que la salsa contenia vino blanco, pero Karen habia exagerado tanto la dosis que el penetrante sabor del vino blanco lo dominaba todo. Sin embargo, el tinto de las copas era exquisito. Durante demasiado tiempo hablaron de esto y de aquello, de antiguos companeros de estudios. Ambos se mantenian alerta, la conversacion fluia, pero discurria por una senda estrecha y rigida. Karen fue quien eligio el camino.
– ?Habeis avanzado algo en la investigacion?
Habian acabado de comer y el postre habia sido un desastre, un sorbete de limon que se nego a mantenerse firme mas de treinta segundos. Hakon se trago la sopa limonera fria con una sonrisa y aparentemente buen apetito.
– Tenemos la sensacion de que entendemos un monton de cosas, pero estamos a anos luz de poder demostrar algo; ahora nos aburrimos con toda la mierda rutinaria. Reunimos todo lo que podria tener algun valor y lo repasamos con lupa para comprobar si sirve o no. De momento no tenemos nada que colgarle a Jorgen Lavik, pero dentro de unos dias sabremos mas sobre su vida.
Karen lo interrumpio alzando su copa para brindar; el, al tragar demasiado liquido, casi se ahogo, lo cual le provoco una tos indeseada, ademas de tenir el mantel de rojo. Se lanzo sobre el salero para atenuar su torpeza, pero ella le cogio la mano, lo miro a los ojos y lo calmo.
– Relajate, Hakon, lo limpiare manana, sigue hablando.
Poso el salero sobre la mesa y se disculpo un par de veces antes de proseguir.
– Si supieras lo aburrido que es… El noventa y cinco por ciento del trabajo en un caso de asesinato es totalmente esteril. Comprobar una y otra vez el ancho y el largo de las paredes y los postes de luz. Por suerte, a mi no me toca hacer ese trabajo, en la practica, digamos, pero tengo que leermelo todo y hasta ahora hemos interrogado a veintiun testigos. ?Veintiuno! Y ninguno de ellos ha aportado lo mas minimo. Las pocas pistas tecnicas que tenemos no nos dicen absolutamente nada. La bala que acabo con la vida de Hansa Olsen proviene de un arma que ni siquiera se vende en este pais… Vamos, que seguimos igual. Creemos vislumbrar un patron en todo esto, pero no encontramos el denominador comun, esa pieza del puzle que nos proporcionaria la conexion para poder seguir trabajando. -Intento aplanar el bultito de sal con el dedo indice, con la esperanza de que el consejo de maruja fuera mas eficiente-. Tal vez estemos equivocados del todo -anadio bastante desanimado-. Creimos haber encontrado algo importante cuando el registro de visitas revelo que Lavik habia estado en los calabozos el dia que tu cliente se volvio majareta. Yo estaba como una moto, pero el policia de apoyo recordaba la visita al detalle y juro que el abogado no hablo con nadie mas que con su propio defendido y que, ademas, estaba en todo momento acompanado, como ocurre con todas las visitas.
Hakon Sand no deseaba hablar del caso, era viernes, la semana habia sido larga y agotadora, y el vino empezaba a subirsele a la cabeza. Se sintio aliviado y el calor interno se expandio y ralentizo sus movimientos. Estiro los brazos para recoger el plato de su anfitriona, echo los restos con cuidado en el suyo, coloco los cubiertos encima y se estaba levantando para llevarlo a la cocina cuando ocurrio.
Ella se despego de la mesa como un resorte, rodeo la gigantesca mesa de pino y se golpeo la cadera con el borde redondeado, algo que tuvo que hacerle bastante dano, aunque no mostro signo alguno de dolor, y acabo sentada sobre las rodillas de su companero. El permanecio mudo y perplejo, sus brazos colgaban indolentes y flacidos; balanceaba sendas manos como dos pesas plomizas, no sabia que hacer con ellas.
Tenia los ojos acuosos de miedo y de deseo, y el temor aumento cuando ella le quito las gafas con firmeza y habilidad. Estaba tan aturdido que al parpadear una lagrima diminuta y solitaria resbalo por su mejilla izquierda; ella la vio, acerco su mano y la limpio con el pulgar.
A continuacion acerco su boca a la suya y le obsequio con un beso interminable. Era muy distinto al roce que habian experimentado en el despacho de Hakon. Este era un beso lleno de promesas, de pasion y de deseo, un beso con el que habia sonado Hakon, pero que tambien habia desechado hacia tiempo, como una dulce fantasia. Era exactamente como se lo habia imaginado, distinto a todos los besos que llevaba almacenando a lo largo de quince anos de solteria. Era la compensacion y la recompensa por haber amado a una unica mujer, desde que se conocieron en la facultad catorce anos antes, ?catorce anos! Se acordaba de aquel encuentro con mas claridad que del almuerzo del dia anterior. Llegaba cinco minutos tarde, entro dando tumbos al aula del edificio Oeste y se sento en un asiento abatible justo delante de una rubia muy mona. Al bajar el asiento aplasto los pies que ella tenia apoyados sobre la butaca. La chica pego un grito y Hakon se disculpo entre sus propios balbuceos y las risas y alaridos de los demas, pero cuando descubrio a su victima cayo en un enamoramiento que nunca mas lo soltaria. Jamas dijo una sola palabra, aunque su paciente espera fue dolorosa y triste, pues durante todos esos anos vio desfilar a los amantes de Karen. La resignacion lo habia sumido en la creencia de que las mujeres eran algo que podia uno agenciarse durante un par de meses, mientras el interes de la novedad mantenia la vitalidad en los juegos de cama. No esperaba nada mas, no con otras mujeres.
Permanecio pasivo durante unos segundos hasta que el beso eterno empezo a ser cosa de dos. El valor crecio y las manos dejaron de estar tan aturdidas, se volvieron mas ligeras y recorrieron la espalda de la mujer al tiempo que separaba las piernas para que ella estuviera mas comoda.
Hicieron el amor durante horas, una extrana y cercana pasion entre dos viejos amigos con mucha historia en comun que nunca se habian tocado, no de esa forma. Era como pasear por un entranable paraje familiar, pero disfrazado de una estacion poco habitual. Conocido y desconocido a la vez, cada cosa en su lugar, aunque la luz fuera diferente y el paisaje inexplorado y ajeno.
Se susurraron intimidades y palabras dulces al oido y se sentian fuera de la realidad. El tranvia traqueteaba a lo lejos y el ruido se abrio camino y penetro en la densa atmosfera del suelo del salon, engullo el amanecer y desaparecio como un buen amigo que les deseaba lo mejor. Karen y Hakon estaban de nuevo solos: ella, confundida, agotada y feliz; el, feliz, solo feliz.
El viernes por la noche Hanne Wilhelmsen estuvo ocupada con cosas muy distintas. Compartio con Billy T. el asiento delantero de un coche oficial, que tenia las luces apagadas y estaba aparcado en el repecho de una callejuela en la zona de Grefsenkollen. La calle era estrecha y para no obstaculizar el escaso trafico de una noche de fin de semana, dejaron el vehiculo tan al borde que estaba ladeado. La espalda de Hanne protestaba por la postura que la obligaba a mantener un gluteo mas bajo que el otro. Intento incorporarse, aunque sin exito.
– Aqui tienes -dijo Billy T., estirandose para agarrar la cazadora que reposaba sobre el asiento trasero-. ?Ponte esto debajo de medio culo!
Aquello la ayudo, al menos como remedio provisional. Comieron lo que ella habia traido, elegantemente empaquetado en papel film: seis rodajas de pan con fiambre para el, y una para ella.
