Hay solo una posibilidad entre miles de millones de una asimilacion casual. Y para mi propia tranquilidad, repetire la secuencia de DQ alfa en la muestra de tejido hepatico y en el paciente para figurarme por que coincidieron.

– Te agradezco que hagas todo lo que puedas.

– Es mas, subire y empezare esta misma noche -se ofrecio Ted-. Asi tendras los resultados manana.

– ?Eso es un colega! -exclamo Jack. Levanto una mano y Ted le dio una palmada.

Cuando Ted se hubo marchado, Jack apago la luz del mi croscopio. Se sentia como si la muestra que examinaba se hubiera estado burlando de el con sus intrigantes detalles.

Llevaba tanto tiempo mirandola que le dolian los ojos.

Despues de unos minutos, Jack se sento frente al escritorio y contemplo el monton de casos inconclusos. Las carpetas estaban apiladas desordenadamente. Calculo que, en el mejor de los casos, habia veinticinco o treinta. El papeleo nunca habia sido su fuerte, y la cosa se complicaba aun mas cuando se obsesionaba por un caso en particular. Maldiciendose a si mismo por su ineptitud, se separo del escritorio y descolgo su cazadora acolchada del perchero situado detras de la puerta. Habia permanecido sentado y concentrado mas de lo que era capaz de resistir. Necesitaba un poco de ejercicio energico y el campo de baloncesto del barrio lo esperaba.

La vista de Nueva York desde el puente George Washington era sobrecogedora. Franco Ponti intento girar la cabeza para apreciarla, pero el congestionado transito de la hora punta se lo impedia. Franco iba al volante de un Ford robado, de camino a Englewood, Nueva Jersey. Angelo Facciolo, sentado a su lado, miraba fijamente al frente. Los dos llevaban guantes.

– Contempla el paisaje a la izquierda -dijo Franco-. Mira esas luces. Se ve la isla entera, incluida la estatua de la Libertad.

– Si, ya la he visto -respondio Angelo de mal humor.

– ?Que te pasa? -pregunto Franco-. Pareces un perro rabioso.

– Detesto estos trabajos. Me recuerdan a cuando Cerino se volvio loco y nos envio a mi y a Tony Ruggerio por toda la ciudad haciendo la misma mierda. Deberiamos limitarnos al trabajo de siempre y tratar con la gente de siempre.

– Vinnie Dominick no es Pauli Cerino. ?Y que hay de malo en ganarse unos pavos extra con un trabajo facil?

– La pasta esta bien -dijo Angelo-. Lo que no me gusta son los riesgos.

– ?A que te refieres? -pregunto Franco-. No hay ningun riesgo. Somos profesionales y no corremos riesgos.

– Siempre puede surgir un imprevisto. Y en mi opinion, ya ha surgido.

Franco miro la cara picada de viruela de Angelo a la luz tenue del interior del coche. Sabia que hablaba en serio.

– ?De que hablas?

– De Laurie Montgomery -respondio-. Todavia tengo pesadillas con esa mujer. Tony y yo intentamos cargarnosla, pero no pudimos. Era como si Dios la protegiera.

A pesar de la seriedad de Angelo, Franco rio.

– La tal Laurie Montgomery deberia sentirse halagada por darle pesadillas a un tio con tu reputacion. Es descojonante.

– Yo no le veo la gracia -replico Angelo.

– No la tomes conmigo. Ademas, ella no tiene nada que ver con lo que vamos a hacer ahora.

– Todo esta relacionado. La tia le dijo a Vinnie Amendola que se ocuparia personalmente de investigar la desaparicion del cadaver de Franconi.

– ?Y que va a hacer? -pregunto Franco-. Ademas, en el peor de los casos, el trabajo sucio lo hicieron Freddie Capuso y Richie Herns. Creo que te estas apresurando a sacar conclusiones.

– ?Ah, si? Tu no conoces a esa mujer. Es una puta obstinada.

– De acuerdo -respondio Franco-. Si quieres seguir comiendote el coco es cosa tuya.

Al llegar al otro lado del puente, Franco se dirigio directamente hacia la carretera que conducia a Palisades Avenue.

Como Angelo seguia de morros, encendio la radio. Tras pulsar unos cuantos botones, sintonizo una emisora que ponia musica para carrozas. Subio el volumen y tarareo Sweet Caroline a coro con Neil Diamond. Cuando iba por la segunda estrofa, Angelo se inclino y apago la radio.

– Tu ganas -dijo-. Yo me animare un poco siempre y cuando me prometas que no cantaras mas.

– ?No te gusta esa cancion? -pregunto Franco-. A mi me trae dulces recuerdos. -Se lamio los labios, como si saboreara algo exquisito-. Me recuerda a Maria Provolone.

– No empieces -dijo Angelo riendo a su pesar. Le gustaba trabajar con Franco Ponti, pues era un profesional y tenia mucho mas sentido del humor que el.

Franco salio de la carretera y giro en direccion a Palisades Avenue. Cruzo la G-W y descendio una larga cuesta hacia el oeste, rumbo a Englewood, Nueva Jersey. Rapidamente, los restaurantes de comida rapida y las areas de servicio dejaron paso a una lujosa zona residencial.

– ?Tienes el mapa y la direccion a mano? -pregunto Franco.

– Aqui mismo. -Estiro el brazo y encendio la luz de mapas-. Vamos a Overlook Place. Deberia de estar a la izquierda.

Fue sencillo encontrar la zona y cinco minutos mas tarde recorrian una sinuosa calle flanqueada por arboles. Los jardines que se extendian entre las casas eran tan grandes que parecian pistas de un campo de golf.

– ?Te imaginas vivir en un sitio asi? -dijo Franco mirando hacia un lado y otro-. Joder, me perderia yendo de la puerta a la calle.

– Esto no me gusta -dijo Angelo-. Esta demasiado tranquilo. Llamaremos la atencion. Aqui cantamos mas que una mosca en la leche.

– No empieces -lo reprendio Franco-. Por el momento, solo estamos haciendo un reconocimiento del terreno ?Que numero buscamos?

Angelo consulto la nota que tenia en la mano.

– Overlook Place, numero 8.

– Eso significa que esta a la izquierda. -Acababan de pasar el numero 12.

Unos instantes despues, Franco disminuyo la velocidad y aparco al lado derecho de la calle. Ambos contemplaron el camino serpenteante bordeado de farolas que conducia a una casa estilo Tudor, rodeada de altos pinos. La mayoria de las ventanas estaban iluminadas. La residencia era del tamano de un campo de futbol.

– Parece un maldito castillo -protesto Angelo.

– Debo reconocer que no esperaba algo asi.

– Bien, ?y que vamos a hacer? No podemos permanecer aqui. No nos hemos cruzado con un solo coche desde que salimos de la carretera.

Franco encendio el contacto. Sabia que Angelo tenia razon. Si se quedaban alli, despertarian sospechas y alguien llamaria a la policia.

Ya habian pasado uno de esos condenados carteles que anunciaban Guardia vecinal, con la silueta de un tipo con un panuelo en la cabeza.

– Investiguemos algo mas sobre esa ninata de dieciseis anos -sugirio Angelo-. Como a que colegio va, que le gusta hacer o quienes son sus amigos. No podemos arriesgarnos a ir a la casa. De ninguna manera.

Franco asintio con un grunido. Cuando estaba a punto de pisar el acelerador, vio una figura pequena que salia de la casa. Desde esa distancia no podia asegurar si se trataba de un hombre o de una mujer.

– Acaba de salir alguien.

– Ya lo he visto -respondio Angelo.

Los dos hombres observaron en silencio la figura que descendia una escalinata de piedra y echaba a andar por el camino.

– Sea quien fuere, le sobra chicha y lleva un perro -dijo Angelo.

– ?Virgen santa! -exclamo Franco tras unos segundos-. Es la chica.

– No me lo creo. ?De verdad es ella? No estoy acostumbrado a estos golpes de suerte.

Atonitos, los dos hombres miraron a la joven que bajaba por el camino como si fuera directamente a su encuentro.

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