– Genial. Yo comprare un Chianti de camino. Te dare un toque cuando salga de la jefatura.
– Perfecto.
Cuando Lou se marcho, Laurie volvio a la muestra. Pero la visita del policia habia roto su concentracion y le habia recordado el caso Franconi. Ademas, estaba cansada de mirar por el microscopio. Se echo hacia atras y se restrego los ojos.
– A la mierda con todo -murmuro. Suspiro y miro el techo lleno de telaranas. Cada vez que se preguntaba como habian sacado el cuerpo de Franconi del deposito, volvia a angustiarse. Tambien se sentia culpable por no poder ayudar a Lou.
Laurie se puso en pie, cogio su abrigo, cerro el maletin y salio del despacho. Sin embargo, no salio del deposito. En cambio, bajo a hacer otra visita a la oficina del deposito. No hacia mas que dar vueltas en la cabeza a una pregunta que habia olvidado hacer a Marvin Fletcher, el asistente del turno de tarde.
Encontro a Marvin ante el escritorio, rellenando los formularios correspondientes a las recogidas de esa tarde. Marvin era uno de los companeros de trabajo favoritos de Laurie. Antes del tragico asesinato de Bruce Pomowski durante el caso Cerino, habia estado en el turno de dia. Despues del incidente lo habian pasado a la tarde. En rigor, habia sido un ascenso, porque el asistente del turno de la tarde tenia mucha responsabilidad.
– Hola, Laurie, ?que cuentas? -dijo Marvin al verla.
Marvin era un afroamericano con la piel mas perfecta que Laurie hubiera visto en su vida. Brillaba como si una luz la iluminara desde el interior.
Laurie converso con Marvin durante unos minutos y, tras compartir con el algunos cotilleos del trabajo, fue directamente al grano.
– Marvin, quiero preguntarte algo, pero prometeme que no te pondras a la defensiva.
Laurie no pudo evitar recordar la reaccion de Mike Passano ante su interrogatorio y no queria que Marvin fuera con quejas a Calvin.
– ?Sobre que? -pregunto Marvin.
– Sobre Franconi -respondio Laurie-. Queria preguntarte por que no se hicieron radiografias del cadaver.
– ?Que dices?
– Ya me has oido. Antes de descubrir que el cuerpo habia desaparecido, note que faltaban el informe radiologico y las placas de la carpeta de la autopsia.
– Yo hice las radiografias -aseguro Marvin, que parecia ofendido ante la mera sugerencia de que no fuera asi-. Siempre hago radiografias de un cadaver que ingresa, a menos que un medico me indique lo contrario.
– Entonces ?donde estan el informe y las placas? -pregunto Laurie.
– No se que paso con el informe. Pero las placas se las llevo el doctor Bingham.
– ?Bingham se las llevo? -pregunto ella. Era extrano, aunque supuso que Bingham se proponia hacer la autopsia a la manana siguiente.
– Me dijo que se las llevaba a su despacho -explico Marvin-. ?Que querias que hiciera? ?Que le dijera al jefe que no podia llevarse unas radiografias? De eso nada, monada.
– Por supuesto -repuso Laurie con aire distraido. Estaba perpleja. Aquello era una nueva sorpresa. ?Habia radiografias del cuerpo de Franconi! Desde luego, no tenian mayor utilidad sin el cadaver, pero se pregunto por que nadie se lo habia dicho. Aunque lo cierto es que no habia visto a Bingham hasta despues de la desaparicion del cuerpo-. Bueno, me alegro de haber hablado contigo -dijo saliendo de su ensimismamiento-. Y te pido disculpas por sugerir que habias olvidado hacer las placas.
– Descuida.
Laurie estaba a punto de marcharse cuando recordo la funeraria Spoletto. Movida por un impulso, le pregunto a Marvin que sabia de ese sitio.
Marvin se encogio de hombros.
– ?Que quieres saber? -pregunto-. No se mucho al respecto. Nunca he estado alli. Ya sabes lo que quiero decir.
– ?Como son los empleados que vienen aqui?
– Normales -respondio el, volviendo a encogerse de hombros-. Creo que solo los he visto un par de veces. No se… que quieres que te diga.
– Ya -dijo ella asintiendo con la cabeza-. Ha sido una pregunta tonta. No se por que la he hecho.
Laurie abandono la oficina del deposito y salio del edificio por la puerta de la calle Treinta. Tenia la impresion de que en el caso Franconi no habia nada casual.
Mientras caminaba por la Primera Avenida, la asalto otro impulso. De repente, la idea de visitar la funeraria Spoletto se le antojaba muy atractiva. Se detuvo, reflexiono durante unos segundos y luego se acerco al bordillo para parar a un taxi.
– ?Adonde va, senora? -pregunto el conductor. Laurie vio en la licencia ajada y amarillenta que se llamaba Michael Neuman.
– ?Sabe donde esta Ozone Park? -pregunto.
– Claro, en Queens -respondio el taxista. Era un hombre mayor. Laurie calculaba que rondaria los setenta. Estaba sentado sobre un cojin de gomaespuma, con gran parte del relleno a la vista, y el respaldo del asiento tenia un protector hecho con cuentas de madera.
– ?Cuanto tardariamos en llegar alli? -Si era un viaje de varias horas, no pensaba hacerlo.
Michael la miro con expresion inquisitiva y apreto los la bios mientras pensaba.
– No mucho -dijo con vaguedad-. Las calles estan bastante despejadas. De hecho, acabo de regresar del aeropuerto Kennedy en un santiamen.
Tal como Michael habia prometido, el viaje fue rapido, sobre todo una vez que cogieron la via rapida Van Wyck. En el trayecto, Laurie se entero de que Michael llevaba treinta anos trabajando de taxista. Era un hombre locuaz e informado, con una encantadora actitud paternal.
– ?Conoce Gold Road en Ozone Park? -pregunto Laurie, que se alegraba de haber encontrado a un taxista experimentado. Recordaba la direccion de la funeraria porque estaba en la agenda del despacho del deposito. El nombre de la calle, Mortos, se le habia quedado grabado porque le habia parecido ironico para una funeraria.
– ?Gold Road? Ningun problema. Es la continuacion de la calle Ochenta y ocho. ?Busca una casa particular?
– Busco la funeraria Spoletto.
– La llevare en menos que canta un gallo.
Laurie se arrellano en el asiento con expresion satisfecha, escuchando a medias la interminable chachara de Michael.
Por el momento parecia que la suerte estaba de su parte.
La razon que la habia impulsado a visitar la funeraria Spoletto era que Jack se habia equivocado al respecto. La firma en cuestion estaba relacionada con la mafia, y aunque segun Lou fuera con la familia equivocada, esa asociacion la hacia sospechosa a los ojos de Laurie.
Fiel a su promesa, en un tiempo sorprendentemente breve Michael freno delante de una casa de tres plantas, construida con tablas de chilla y empotrada entre varios edificios de ladrillo. Unas columnas de estilo griego sostenian el techo del amplio porche delantero. En medio del minusculo jardin, un cartel luminoso anunciaba: Funeraria Spoletto, negocio famliar.
El negocio estaba en pleno funcionamiento. Se veian luces encendidas a traves de todas las ventanas. Un grupo de personas fumaban en el porche, y a traves de las ventanas de la planta baja se veia mas gente.
Michael estaba a punto de bajar la bandera, cuando Laurie le dijo:
– ?Le importaria esperarme? Solo tardare unos minutos, y supongo que debe de ser dificil encontrar un taxi por aqui.
– Claro, senora -respondio-. No hay problema.
– ?Puedo dejar mi maletin aqui? No hay nada de valor dentro.
– De todos modos estara seguro.
Laurie bajo y se dirigio a la puerta de la funeraria con nerviosismo. Recordaba como si fuera ayer el caso que el doctor Dick Katzenburg habia presentado en una conferencia cinco anos antes. Un hombre de veintitantos anos habia sido practicamente embalsamado vivo en la funeraria Spoletto como castigo por arrojarle acido en la cara a Pauli Cerino.
