voluptuoso. Tenia veintiseis anos. Ella y Raymond bromeaban a veces sobre el hecho de que el, con sus cincuenta y dos, le doblaba la edad.

Habia sido modelo antes de que el medico la conociera en un bar del este de Nueva York, llamado Auction House.

Raymond retiro despacio la bolsa de hielo y dirigio una mirada fulminante a Darlene. Su vitalidad lo exasperaba.

– Tengo un nudo en el estomago -dijo-. Y no tengo hambre. ?Es tan dificil de entender?

– Bueno. No se por que estas tan nervioso -repuso Darlene-. Acabas de recibir una llamada de una doctora de Los Angeles que ha decidido unirse al grupo. Eso significa que pronto tendremos estrellas de cine entre nuestros clientes.

Creo que deberiamos celebrarlo.

Raymond volvio a ponerse la bolsa de hielo en la cabeza y cerro los oios.

– Los problemas no tienen nada que ver con los beneficios del negocio. Esa parte va de maravilla. Lo que me preocupa son los imprevistos, como el problema de Franconi, y ahora Kevin Marshall. -Raymond no queria hablar de Cindy Carlson. De hecho, hacia todo lo posible para no pensar en ella.

– ?Por que sigues preocupado por Franconi? -pregunto Darlene-. Ese problema ya esta resuelto.

– Oye -dijo Raymond, intentando ser paciente-, creo que seria mejor que te fueras a ver la tele y me dejaras sufrir en paz.

– ?No quieres una tostada o un tazon de cereales?

– ?Dejame en paz! -grito el. Se sento con brusquedad, apretando la bolsa de hielo entre las manos. Tenia la cara encendida y los ojos parecian a punto de saltar de sus orbitas.

– De acuerdo, es evidente que mi presencia te molesta -dijo Darlene, enfurrunada. Cuando se disponia a salir del salon sono el telefono-. ?Quieres que lo coja?

Raymond hizo un gesto de asentimiento y le pidio que atendiera la llamada en el estudio. Tambien dijo que si era para el dijera que no sabia donde estaba, pues no queria hablar con nadie.

Darlene dio media vuelta y desaparecio en el estudio.

Raymond solto un suspiro de alivio y volvio a ponerse la bolsa de hielo en la cabeza. Se tendio y procuro relajarse.

Cuando empezaba a ponerse comodo, Darlene regreso.

– Llaman desde abajo -dijo-. Hay un hombre que quiere verte. Se llama Franco Ponti y dice que es importante. Le he dicho que no estabas. ?Que hago?

Raymond se incorporo con un movimiento brusco y nervioso. Aunque al principio no identifico el nombre, este no le gustaba. Entonces recordo. Era uno de los esbirros de Vinnie Dominick que lo habian visitado el dia anterior.

– ?Y bien? -pregunto Darlene.

Raymond trago saliva con dificultad.

– Hablare con el.

Cogio el supletorio que estaba detras del sofa e, intentando que su voz sonara autoritaria dijo:

– Hola.

– Hola, doctor -respondio Franco-. Si no hubiera estado en casa, me habria llevado una gran decepcion.

– Estaba a punto de meterme en cama. Es algo tarde para recibir visitas.

– Le pido disculpas por la hora. Pero a Angelo Facciolo y a mi nos gustaria ensenarle algo.

– ?Por que no lo dejamos para manana?, entre las nueve y las diez, por ejemplo.

– No puede esperar -dijo Franco-. Venga, doctor. No nos complique las cosas. Vinnie Dominick nos ha ordenado expresamente que vengamos para que usted conozca los detalles del ultimo trabajo. -Raymond busco desesperadamente una excusa para no bajar, pero con el dolor de cabeza que tenia, no se le ocurrio nada-. Solo le robare dos minutos de su tiempo -insistio Franco.

– Estoy muy cansado. Me temo que…

– Eh, un momento, doctor. Insisto en que baje o lo sentira mucho. Espero que este claro.

– De acuerdo -dijo Raymond reconociendo lo inevitable.

No era tan ingenuo como para pensar que Vinnie Dominick y sus hombres amenazaban en vano-. Un momento.

Abrio el armario del pasillo y descolgo su abrigo. Darlene estaba atonita.

– ?Vas a salir? -pregunto.

– No tengo otra alternativa-respondio el-. Supongo que deberia alegrarme de que no quieran subir.

Mientras bajaba en el ascensor, procuro tranquilizarse, aunque era dificil, pues el dolor de cabeza se habia intensificado. Aquella visita inesperada y no deseada era la clase de imprevisto que no le dejaba vivir.

No tenia idea de que pretendian ensenarle, aunque suponia que estaria relacionado con Cindy Carlson.

– Buenas noches, doctor -dijo Franco cuando aparecio Raymond-. Lamento molestarle.

– Vayamos al grano -dijo Raymond fingiendo una seguridad que no sentia.

– Todo sera breve e indoloro. Confie en mi. Si no le importa… -Senalo hacia la calle, donde habian dejado el Ford.

Angelo estaba apoyado contra el maletero del coche, fumando un cigarrillo.

Raymond siguio a Franco hasta el coche. Angelo se incorporo y se hizo a un lado.

– Queremos que eche un vistazo al maletero -dijo Franco.

Cogio las llaves del coche y lo abrio-. Acerquese para ver mejor. La luz no es muy buena.

Raymond paso entre el Ford y el coche que estaba aparcado detras y se coloco a escasos centimetros de la puerta del maletero mientras Franco la levantaba. Un segundo despues, Raymond creyo que iba a darle un paro cardiaco. En el preciso instante en que vio la siniestra silueta de Cindy Carlson acurrucada en el maletero hubo un fogonazo de luz. Raymond se tambaleo hacia atras. La vision de la cara de porcelana de la joven obesa le produjo nauseas y al mismo tiempo se sintio mareado por el fogonazo de luz, que, como comprendio de inmediato, era el flash de una camara Polaroid.

Franco cerro el maletero y se restrego las manos.

– ?Que tal la foto? -pregunto a Angelo.

– Hay que esperar un minuto -respondio el susodicho cogiendo el borde de la fotografia a medida que salia de la camara.

– Solo sera un segundo -dijo Franco a Raymond. Este dejo escapar un gemido involuntario mientras miraba alrededor con nerviosismo. Le horrorizaba la posibilidad de que alguien mas hubiera visto el cadaver.

– Ha salido bien -dijo Angelo. Le entrego la fotografia a Franco, que hizo un gesto de asentimiento y se la enseno a Raymond.

– Yo diria que es su mejor perfil -comento Franco.

Raymond trago saliva. La fotografia mostraba con claridad su expresion de terror, asi como la imagen de la muchacha muerta.

Franco se metio la fotografia en el bolsillo.

– Bien, ya esta, doctor. Le dije que no le robariamos mucho tiempo.

– ?Por que han hecho esto? -pregunto Raymond con un hilo de voz.

– Fue idea de Vinnie. Penso que era conveniente tener un recuerdo del favor que le ha hecho, por si acaso.

– ?Por si acaso que?

Franco abrio las manos.

– Nunca se sabe.

Franco y Angelo subieron al coche. Raymond subio a la acera. Se quedo mirando el vehiculo hasta que este giro en la esquina y desaparecio de la vista.

– ?Dios mio! -murmuro Raymond. Se volvio y echo a andar con piernas temblorosas hacia la puerta de su casa. Cada vez que resolvia un problema, se le presentaba otro.

– -

La ducha resucito a Jack. Puesto que esta vez Laurie no le habia prohibido ir en bicicleta, decidio hacerlo. Pedaleo hacia el sur a buen ritmo. Teniendo en cuenta las malas experiencias que habia tenido en el parque el ano anterior, siguio por Central Park West hasta Columbus Circle. A partir de alli, cogio la calle Cincuenta y nueve

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