Laurie.

– Creo que es mejor que te sientes -dijo ella.

– No; insisto.

Cuando acabaron de reponer las cosas dentro del maletin,

Lou cogio la cinta de video.

– ?Que es esto? Tu pelicula porno favorita.

– Ni mucho menos.

Lou la giro para leer la etiqueta.

– ?El asesinato de Franconi? ? La CNN te ha enviado esta cinta por iniciativa propia?

– No -respondio Laurie-. La pedi yo. Pensaba usar la pelicula para corroborar nuestros hallazgos una vez hecha la autopsia. Pense que era un buen tema para una monografia sobre la fiabilidad de los estudios forenses.

– ?Te importa si la pongo? -pregunto Lou.

– Claro que no. ?No viste el atentado por la tele?

– Como todo el mundo. Pero aun asi sera interesante ver la cinta.

– Me sorprende que en la policia no tengais una copia.

– Puede que la tengamos -repuso Lou-, pero yo no la he visto.

– Esta no es tu noche, tio -bromeo Warren-. Te estas haciendo viejo.

Jack habia llegado tarde al campo de juego y se habia visto obligado a esperar su turno para jugar. Entretanto habia decidido que ganaria independientemente del equipo en que lo pusieran. Sin embargo, le habian hecho morder el polvo, ya que Warren y Spit estaban en el mismo equipo y ninguno de los dos fallaba jamas. Habian ganado todos los partidos, incluido el ultimo que acababa de rematarse con un dulce pase en picado que habia dado a Spit la oportunidad de encestar.

Cuando Jack salio del campo le temblaban las piernas.

Habia puesto todo su empeno en el juego y sudaba a chorros. Cogio la toalla que habia dejado sobre el cerco de cadenas y se seco la cara. Su corazon parecia a punto de saltarle del pecho.

– Venga, hombre -dijo Warren desde el centro del campo, mientras hacia rebotar el balon entre las piernas-. Un partido mas. Esta vez te dejaremos ganar.

– Ya -grito Jack-. Corta el rollo, tio. Vosotros nunca dejais ganar a nadie. -Se esforzaba para adaptar su vocabulario al entorno-. Me largo.

Warren salto por encima del cerco, engancho un dedo en uno de los eslabones de la cadena y se sento sobre esta.

– ?Que pasa con tu chica? -pregunto-. Natalie no deja de darme la lata preguntandome por ella, porque hace mucho que no os vemos juntos. Ya me entiendes.

Jack miro la cara esculpida de Warren. Para su verguenza, Warren no solo no sudaba, sino que tampoco estaba agitado. Y lo peor era que habia empezado a jugar mucho antes de que el llegara. El unico indicio del esfuerzo realizado era un pequeno triangulo de sudor en la pechera de su camiseta sin mangas.

– Dile a Natalie que Laurie esta bien -repuso Jack-. Solo que nos tomamos unas pequenas vacaciones el uno del otro.

Fue culpa mia. Queria que la relacion se enfriara un poco.

– Ya te entiendo -dijo Warren.

– Anoche estuve con ella -anadio Jack-. Y parece que la cosa promete. Me pregunto por ti y por Natalie, asi que no eres el unico.

Warren hizo un gesto de asentimiento.

– ?Estas seguro de que no quieres jugar?

– No, ya me largo.

– Cuidate, tio -dijo Warren mientras se alejaba del cerco.

Luego grito a los demas-: Venga, otro partido, troncos.

Jack sacudio la cabeza mientras miraba correr a Warren.

Envidiaba la energia de su amigo. Era obvio que no estaba cansado.

Jack se puso el jersey del chandal y echo a andar hacia su casa. Aunque durante el juego la imposibilidad de ganar lo habia enfurecido, ahora no le importaba. El ejercicio le habia aclarado la mente y durante una hora y media no habia pensado en el trabajo. Sin embargo, no habia llegado al final de la calle Ciento seis, cuando comenzo a preocuparse otra vez por el intrigante misterio de la ultima autopsia.

Mientras subia por las escaleras cubiertas de desperdicios de su edificio, se pregunto si habria alguna posibilidad de que Ted hubiera cometido un error en el analisis del ADN.

Estaba convencido de que a la victima le habian trasplantado el higado.

Cuando llegaba al tercer rellano, oyo el timbre de su tele fono. Sabia que era el suyo porque Denise, una madre soltera que vivia en la misma planta con sus dos hijos, no tenia telefono. Con un esfuerzo sobrehumano, Jack consiguio que sus cansados cuadriceps lo impulsaran hasta el ultimo rellano.

Metio la llave en la cerradura y, en cuanto abrio la puerta, el contestador automatico se puso en marcha con una voz que Jack no reconocio como suya. Corrio hacia el telefono y levanto el auricular, interrumpiendo la grabacion en mitad de una frase.

– ?Si? -pregunto, agitado. Despues de una hora y media de intenso ejercicio en el campo de baloncesto, la subida por el ultimo tramo de escalera lo habia llevado al limite de sus fuerzas.

– No me digas que acabas de volver de tu partido de baloncesto -dijo Laurie-. Son casi las nueve. No cuadra con tus horarios.

– No llegue a casa hasta las siete y media -explico Jack entre jadeos. Se seco la cara para evitar que las gotas de sudor cayeran al suelo.

– Eso significa que aun no has cenado.

– Exactamente.

– Lou esta aqui y estabamos a punto de comer ensalada y espaguetis. ?Por que no te vienes?

– No quisiera aguaros la fiesta -respondio Jack en tono de broma, aunque al mismo tiempo sintio una punzada de celos.

Sabia que Laurie y Lou habian tenido una pequena aventura, y se pregunto si estarian a punto de volver a empezar.

Jack sabia que no tenia derecho a sentir celos, dada su resistencia a comprometerse con una mujer. Despues de perder a su familia, no queria correr el riesgo de volver a sentir tanto dolor. Por otra parte, reconocia que se sentia solo y que disfrutaba de la compania de Laurie.

– No aguaras ninguna fiesta-repuso Laurie-. Solo es una cena informal. Pero queremos ensenarte algo. Algo que te sorprendera y que quiza te duela tanto como una patada en el culo. Como veras, estamos muy entusiasmados.

– ?Ah, si? -dijo Jack con la boca seca. Al oir la risa de Lou en el fondo, sumo dos mas y dos y dio por sentado que lo que querian ensenarle era un anillo de compromiso. Lou le habia propuesto matrimonio.

– ?Vendras?-pregunto ella.

– Es muy tarde. Y todavia tengo que ducharme.

– ?Eh, carnicero! -exclamo Lou, que le habia arrebatado el auricular a Laurie-. Ven aqui pitando. Laurie y yo nos morimos de ganas de pasarte el parte.

– De acuerdo. Me dare una ducha rapida y estare alli dentro de cuarenta minutos.

– Hasta ahora, colega -se despidio Lou.

Jack colgo el auricular.

– ?Colega? -dijo para si. Lou no acostumbraba hablarle de esa manera. Jack penso que el detective debia de sentirse en las nubes.

– -

Ojala supiera que hacer para animarte -dijo Darlene-. Se habia tomado la molestia de ponerse un body de seda de Victoria's Secret, pero Raymond ni siquiera se habia enterado.

Estaba tendido en el sofa con una bolsa de hielo en la cabeza y los ojos cerrados.

– ?Estas seguro de que no quieres comer nada? -pregunto Darlene.

Era una mujer alta, de mas de metro setenta y cinco de estatura, con el pelo oxigenado y un cuerpo

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