Trato de volver al lugar donde habian llegado entre las rocas. El paisaje no parecia el mismo bajo la palida luz de la luna, aunque, por haber tenido entonces los ojos casi cerrados, no podia recordar como era cuando habian llegado alli azotados por el huracan.
Pitt camino arriba y abajo por la playa, buscando entre las formaciones rocosas, y a punto estaba de darse por vencido cuando vio que la luz de la luna se reflejaba en un objeto sobre la arena. Alargo las manos y toco el deposito de carburante del motor fuera borda del bote hinchable. El vastago y la helice estaban enterrados en la arena a unos diez metros de la linea marcada por la marea alta. Aparto la humeda arena hasta que pudo extraer el motor. Despues se lo cargo a la espalda y echo a andar por la playa, alejandose del recinto de los.rusos.
No sabia adonde iba ni donde iba a esconder el motor. Sus pies se hundian en la arena y la carga de treinta kilos dificultaba todavia mas su marcha. Tenia que pararse a descansar cada pocos centenares de metros.
Habia caminado dos o tres kilometros cuando encontro una calle cubierta de hierbajos que discurria entre varias hileras de casas desiertas y ruinosas. La mayoria de ellas eran poco mas que chozas y se agrupaban alrededor de una pequena laguna. Debia de haber sido un pueblo de pescadores, penso Pitt. No podia saber que era uno de los poblados cuyos vecinos habian sido echados de alli y trasladados a tierra mas firme durante la ocupacion sovietica.
Dejo con alivio el motor en el suelo y empezo a registrar las casas. Las paredes y los techos eran de chapa de hierro ondulada y de tablas. Quedaban muy pocos muebles. Encontro una barca varada en la playa, pero en seguida perdio toda esperanza de poder utilizarla. El casco estaba podrido.
Pitt considero la posibilidad de construir una balsa, pero necesitaria demasiado tiempo y no podia correr el riesgo de ensamblar las piezas de madera, con la doble dificultad de trabajar a oscuras y sin herramientas. El resultado no ofrecia muchas garantias en un mar agitado.
La esfera luminosa de su reloj marcaba la una y media. Si queria encontrar a Giordino y a Gunn y hablar con ellos, tenia que darse prisa. Se pregunto como podria hacerse con carburante para el fueraborda, pero ahora no tenia tiempo de buscar la solucion. Calculo que tardaria al menos una hora en volver a su celda.
Encontro una vieja banera de hierro junto a una barraca derrumbada. Dejo el motor fuera borda en el suelo y volvio la banera boca abajo encima de el. Despues arrojo encima de ella unos neumaticos y un colchon medio podrido y desanduvo su camino, teniendo buen cuidado de borrar sus pisadas con una hoja de palmera hasta que se hubo alejado unos veinticinco metros.
La vuelta fue mas facil que la ida. Lo unico que tuvo que recordar fue enderezar los barrotes del canal de desague. Se pregunto por que no estaria llena aquella instalacion islena de guardias de seguridad, pero entonces se acordo de que la zona era constantemente sobrevolada por aviones espias americanos, cuyas camaras tenian la extraordinaria facultad de sacar fotografias en las que podia leerse el nombre de una pelota de golf a pesar de haber sido tomadas desde treinta mil metros de altura.
Los sovieticos debian haber pensado que, mas que una fuerte seguridad, era mejor dar al lugar el aspecto de una isla abandonada y sin vida. Los disidentes cubanos que huian del regimen de Castro no se detendrian en ella y cualquier comando de exiliados cubanos la pasaria por alto si se dirigia a la isla principal. Como nadie desembocaria ni saldria de alli, los rusos no tenian nada que guardar.
Pitt bajo a traves del respiradero y cruzo sin ruido el garaje en direccion a la salida. El pasillo seguia desierto. Observo la puerta y vio que el cabello seguia en su sitio.
Su plan era buscar a Gunn y a Giordino. Pero no queria abusar de su suerte. Aunque su encierro no era muy severo, siempre existia el problema de un descubrimiento casual. Si Pitt era sorprendido ahora fuera de su celda, seria el fin. Si Velikov y Gly no le habian ejecutado todavia era porque creian tenerle a buen recaudo.
Decidio que tenia que arriesgarse. Tal vez no tendria otra oportunidad. Los ruidos resonaban mucho en el pasillo de hormigon. Si no tenia que alejarse demasiado, tendria tiempo sobrado de volver a su celda si oia pisadas.
La habitacion contigua a la suya era un deposito de pinturas. La registro durante unos minutos pero no encontro nada util. Al otro lado del pasillo, habia dos habitaciones vacias. La tercera contenia articulos de fontaneria. Entonces abrio otra puerta y se encontro con las caras sorprendidas de Gunn y Giordino. Entro rapidamente, cuidando de que no se cerrase el pestillo.
– ?Dirk! -grito Giordino.
– No levantes la voz -murmuro Pitt.
– Me alegro de verte, amigo.
– ?Habeis comprobado que no haya micros en esta habitacion? - pregunto Pitt.
– Lo hicimos apenas nos metieron en ella -respondio Gunn-. No hay nada.
Entonces vio Pitt las feas moraduras alrededor de los ojos de Giordino.
– Ya veo que has estado con Foss Gly en la habitacion numero seis.
– Sostuvimos una conversacion muy interesante. Aunque el llevo la voz cantante.
Pitt miro a Gunn, pero no vio ninguna senal.
– ?Y tu?
– Es demasiado listo para levantarme la tapa de los sesos -dijo
Gunn, con una agria sonrisa. Senalo su tobillo fracturado. La escayola habia desaparecido-. Le resulta mas practico retorcerme el pie.
– ?Y Jessie?
Gunn y Giordino intercambiaron una mirada triste.
– Tememos lo peor -dijo Gunn-. Al y yo oimos unos gritos de mujer al salir del ascensor por la tarde.
– Veniamos de que nos interrogara ese untuoso bastardo de Vetikov.
– Es su sistema -explico Pitt-. El general emplea el guante de seda y despues te entrega a Gly, para que emplee su puno de hierro. -Paseo irritado por la pequena habitacion-. Tenemos que encontrar a Jessie y salir de aqui, cueste lo que cueste.
– ?Como? -pregunto Giordino-. LeBaron nos ha visitado y nos ha dicho que es imposible escapar de la isla.
– Yo no confio mas en el rico y arrojado Raymond que en la posibilidad de destruir este edificio -dijo rapidamente Pitt-. Creo que Gly le ha convertido en gelatina.
– Me parece que tienes razon.
Gunn se volvio de lado en su litera, acariciandose el tobillo roto.
– ?Como piensas salir de la isla?
– He encontrado y escondido el motor fuera borda, para el caso de que pueda robar una barca.
– ?Que? -Giordino miro a Pitt con incredulidad-. ?Saliste de aqui?
– No ha sido exactamente un paseo agradable -respondio Pitt-. Pero he descubierto una manera de escapar hacia la playa.
– Robar una barca es imposible -dijo rotundamente Gunn.
– Entonces, sabes algo que yo no se.
– Mis nociones de ruso me han servido de algo. He escuchado conversaciones entre los guardianes. Tambien pude ver unos pocos fragmentos de los papeles que tiene Velikov en su despacho. Una informacion bastante interesante es que la isla es abastecida de noche por un submarino.
– ?Por que buscarse tantas complicaciones? -murmuro Giordino-. A mi
