Hudson sacudio la cabeza.

– Esto es lo que me alarma, Gunnar. No acierto a ver que tenemos que ganar con ello.

Inadvertida en el intenso trafico, una vieja y polvorienta caravana con matricula de Georgia se mantenia a una discreta distancia detras de la camioneta. En su interior, Ira Hagen se sento a una mesita, con unos auriculares y un microfono sujetos a la cabeza, y descorcho una botella de Martin Ray Cabernet Sauvignon. Dejo la botella abierta, mientras ajustaba el boton de sonido de un receptor de onda corta conectado a un magnetofono.

Despues levanto los auriculares, dejando al descubierto una oreja.

– Se esta desvaneciendo el sonido. Acerquese un poco,

El conductor, que llevaba una revuelta barba postiza y una gorra de beisbol de los Atlanta Braves, respondio sin mirar atras:

– Tuve que frenar cuando un taxi me corto el paso. Recuperare la distancia en la proxima manzana.

– No los pierda de vista hasta que aparquen.

– ?De que se trata? ?Trafico de drogas?

– Nada tan exotico -respondio Hagen-. Se sospecha que estan enzarzados en una partida de poker mientras viajan.

– ?Vaya una cosa! -gruno el conductor, sin advertir la pulla.

– El juego es todavia ilegal.

– Tambien lo es la prostitucion, y es mucho mas divertido.

– Mantenga los ojos fijos en la camioneta -dijo Hagen, en tono oficial-. Y no deje que se alejen a mas de una manzana.

La radio crepito.

– T-bone, aqui Porterhouse.

– Le oigo, Porterhouse.

– Podemos ver a Sirloin, pero prefeririamos volar mas bajo. Si se mezclase con algun otro vehiculo de color parecido debajo de los arboles o detras de un edificio, podriamos perderlo.

Hagen se volvio y miro por la ventanilla de atras de la caravana hacia el helicoptero.

– ?A que altura esta?

– El limite para los aviones en esta parte de la ciudad es de cuatrocientos metros. Pero no es este el unico problema. Sirloin se dirige hacia el paseo del Capitolio. No podemos sobrevolar aquella zona.

– Continua, Porterhouse. Conseguire que con ustedes hagan una excepcion.

Hagen hizo una llamada por el telefono del coche y volvio a comunicar con el piloto del helicoptero en menos de un minuto.

– Soy T-bone, Porterhouse. Puede volar a cualquier altura sobre la ciudad, mientras no ponga vidas en peligro. ?Entendido?

– Hombre, debe usted tener mucha influencia.

– Mi jefe conoce a mucha gente importante. No pierda de vista a Sirloin.

Ira Hagen levanto la tapa de una costosa cesta de picnic de Abercrombie amp; Fitch y abrio una lata de foiegras. Despues escancio el vino y volvio a escuchar por los auriculares.

No habia duda de que Leonard Hudson era uno de los hombres que iban en la camioneta. Y Gunnar Eriksen era mencionado por su nombre de pila. Pero la identidad del tercer hombre seguia siendo el misterio.

El factor desconocido sacaba de quicio a Hagen. Ocho hombres del «circulo privado» le eran conocidos, pero el noveno estaba todavia oculto en las tinieblas. Los hombres de la camioneta se dirigian… ?adonde? ?Que clase de instalacion albergaba a la sede de! proyecto de Jersey Colony? Un nombre tonto, Jersey Colony. ?Cual era su significado? ?Guardaba alguna relacion con el Estado de New Jersey? Tenia que haber algo que pudiese explicar la causa de que ninguna informacion sobre el establecimiento de la base lunar hubiese llegado a conocimiento de algun alto funcionario del Gobierno. Alguien con mas poder que Hudson o Eriksen tenia que ser la clave. Tal vez el ultimo nombre de la lista del «circulo privado».

– Aqui Portehouse. Sirloin se dirige al nordeste por la Rhode Island Avenue.

– Tomo nota -respondio Hagen.

Extendio un mapa del Distrito de Columbia sobre la mesa y desdoblo otro de Maryland. Empezo a trazar una linea con lapiz rojo, extendiendola al pasar desde el Distrito a Prince George's County. Rhode Island Avenue se convirtio en la Autopista 1 y giro hacia el norte en direccion a Baltimore.

– ?Tiene alguna idea de adonde van? -pregunto el conductor.

– Ninguna -respondio Hagen-. A menos que… -murmuro para si.

La Universidad de Maryland. A menos de veinte kilometros del centro de Washington, Era natural que Hudson y Eriksen se mantuviesen cerca de una institucion academica para aprovechar sus medios de investigacion.

Hagen hablo por el micro:

– Porterhouse, aguce la vista. Es posible que Sirloin se dirija a la Universidad.

– Comprendido, T-bone.

Cinco minutos mas tarde, la camioneta salio de la autopista y cruzo la pequena ciudad de College Park. Despues de aproximadamente dos kilometros, se metio en un importante centro comercial, en cuyos dos extremos habia unos conocidos almacenes. El parking estaba lleno de coches de compradores. Ceso toda conversacion en el interior de la camioneta, y esto pillo desprevenido a Hagen.

– ?Maldicion! -juro.

– Porterhouse -dijo la voz del piloto del helicoptero.

– Le oigo.

– Sirloin acaba de detenerse debajo de un gran cobertizo delante de la entrada principal. No tengo contacto visual con el.

– Espere a que aparezca de nuevo -ordeno Hagen-, y sigale. -Se levanto de la mesa y se puso detras del conductor-. Peguese a el.

– No puedo. Hay al menos seis coches entre el y yo.

– ?Se ha apeado alguien y entrado en los almacenes?

– Es dificil saberlo, con tanto gentio. Pero me parecio que dos o tal vez tres cabezas se asomaban de la camioneta.

– ?Pudo ver bien el tipo al que recogieron en la ciudad? -pregunto Hagen.

– Cabellos y barba grises. Delgado, de mas o menos un metro setenta y cinco de estatura. Sueter con cuello de tortuga, chaqueta de tweed y pantalon marron. Si, le reconoceria.

– De la vuelta a la zona de aparcamiento y mire si le ve. Es posible que el y sus compinches cambien de automovil. Yo voy a entrar en el centro comercial.

– Sirloin se mueve -anuncio el piloto del helicoptero.

– Sigale, Porterhouse -dijo Hagen-. Yo estare fuera del aire durante un rato.

Вы читаете Cyclops
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату