Aunque no podia perder tiempo, aquel breve descanso le hizo recobrar considerablemente su energia. Tambien le aclaro la mente. Cristalizo en ella una idea tan increiblemente sencilla que no podia creer que no se le hubiese ocurrido antes.

Llevo las latas de gasolina hasta la laguna. Despues volvio en busca del motor fuera borda. Buscando entre los montones de desperdicios, encontro una tabla que no estaba podrida. El ultimo trabajo era el mas dificil. Pero la necesidad aguza la inteligencia, se dijo Pitt.

Cuarenta y cinco minutos mas tarde, habia arrastrado la vieja banera desde el lugar donde descansaba en el patio y a lo largo del camino hasta la orilla del mar.

Empleando la tabla como yugo, sujeto el motor fuera borda detras de la banera. Despues limpio el filtro de la gasolina y soplo en las canerias. Un trozo de laton doblado en cono le sirvio de embudo para llenar el deposito del fuera borda. Aplicando el pulgar en el agujero, podria emplearlo tambien para achicar agua. Su ultima accion, antes de cerrar el orificio de desague, fue hacer saltar con una barra de hierro las cuatro patas de la banera.

Tiro doce veces de la cuerda antes de que el motor chisporroteara, tosiese y se pusiese en marcha. Empujo la banera hacia aguas mas profundas hasta que floto en ellas. Entonces se metio dentro. El lastre de su cuerpo y de las dos latas de gasolina le dieron una estabilidad sorprendente. Hizo bajar la helice dentro del agua y embrago.

La extrana embarcacion se adentro lentamente en la laguna en direccion al canal principal. Un rayo de luna mostro que el mar estaba en calma, que las olas no superaban el medio metro de altura. Pitt concentro su atencion en la rompiente. Tenia que pasar a traves de las olas que rompian y alejarse lo mas posible de la isla antes de que saliese el sol.

Redujo la velocidad, calculando el tiempo que mediaba entre las olas y contandolas. Nueve olas grandes rompieron una tras otra, dejando un amplio seno entre ellas y la decima. Pitt apreto el acelerador a fondo y se instalo en la popa de la banera. La ola siguiente fue baja y rompio inmediatamente delante de el. Recibio en la proa el impacto de la hirviente espuma, y paso. La banera se tambaleo; despues, la helice mordio el agua y la banera salvo la cresta de la ola siguiente antes de que se encorvase.

Pitt lanzo un fuerte grito al sentirse libre. Habia pasado lo peor. Sabia que ahora solo podia ser descubierto por pura casualidad. La banera era demasiado pequena para ser captada por el radar. Aflojo la marcha para no perjudicar el motor y ahorrar gasolina. Metiendo una mano en el agua, calculo que su velocidad seria de unos cuatro nudos. Si seguia asi, estaria fuera de aguas cubanas por la manana.

Miro al cielo, se oriento, eligio una estrella para guiarse y puso rumbo hacia el canal de las Bahamas.

Tercera parte

Selenos 8

37

30 de octubre de 1989

Kazakhstan, URSS

Con una bola de fuego mas brillante que el sol siberiano, el Selenos 8 se elevo en el frio cielo azul, llevando la estacion lunar tripulada, de ciento diez toneladas. El supercohete y los cuatro motores auxiliares de propulsion, que generaban un impulso de siete mil toneladas, proyectaban una cola flamigera de color amarillo anaranjado, de trescientos metros de longitud y cien de anchura. Un humo blanco envolvio la plataforma de lanzamiento y el ruido de los motores hizo temblar los cristales en veinte kilometros a la redonda. Al principio, se elevo tan majestuosamente que casi parecia no moverse. Despues adquirio velocidad y perforo ruidosamente el cielo.

El presidente sovietico, Antonov, observo el lanzamiento desde un bunker de cristal blindado, a traves de unos grandes gemelos montados sobre un tripode. Sergei Kornilov y el general Yasenin estaban a su lado, escuchando atentamente las comunicaciones entre los cosmonautas y el centro de control espacial.

– Una vision alentadora -murmuro Antonov, pasmado.

– Un lanzamiento de libro de texto -dijo Kornilov-. Alcanzaran la velocidad de escape dentro de cuatro minutos.

– ?Va todo bien?

– Si, camarada presidente. Todos los sistemas funcionan normalmente. Y siguen exactamente el rumbo previsto.

Antonov miro la larga lengua de fuego hasta que al fin se desvanecio. Solo entonces suspiro y se aparto de los gemelos.

– Bueno, senores, este espectacular viaje espacial deberia hacer que los ojos del mundo dejasen de fijarse en el vuelo de la lanzadera americana hacia su nueva estacion orbital.

Yasenin asintio con la cabeza y apoyo una mano en el hombro de Kornilov.

– Le felicito, Sergei. Ha arrebatado el triunfo a los yanquis a favor de la Union Sovietica.

– No hay merito alguno por mi parte -dijo Kornilov-. Debido a la mecanica orbital, nuestra ventana de lanzamiento lunar estuvo abierta, ventajosamente para nosotros, varias horas antes del lanzamiento que ellos tenian proyectado.

Antonov contemplo el cielo, como hipnotizado.

– Supongo que el servicio de informacion americano no se habra enterado de que nuestros cosmonautas no son lo que parecen.

– Un engano perfecto -dijo francamente Yasenin-. El cambio de cinco cientificos por soldados especialmente instruidos se realizo sin tropiezos poco antes del lanzamiento.

– Espero que podamos decir lo mismo del programa de emergencia para substituir el equipo cientifico por armas -dijo Kornilov-. Los sabios cuyos experimentos fueron cancelados estuvieron a punto de causar un motin. Y los ingenieros, a quienes se ordeno que modificasen el interior de la estacion para acomodarlo a los nuevos factores de peso y a las necesidades de almacenamiento de armas, se irritaron porque no se les dijo la razon de estos cambios en el ultimo momento. Seguro que se filtrara la noticia de su enojo.

– Esto no debe quitarle el sueno -dijo, riendo, Yasenin-. Las autoridades americanas del espacio no sospecharan nada hasta que se interrumpan las comunicaciones con su preciosa base lunar.

– ?Quien esta al mando de nuestro equipo de asalto? -pregunto Antonov.

– El comandante Grigory Leuchenko. Un experto en guerra de guerrillas. El comandante logro muchas victorias contra los rebeldes de Afganistan. Respondo personalmente de el, como soldado fiel y excepcional.

Antonov asintio reflexivamente con la cabeza.

– Una buena eleccion, general. Aunque sin duda encontrara la superficie de la Luna un poco diferente de la de Afganistan.

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