el.
Ella estaba detras de la quinta puerta que abrio, tendida sobre el suelo de hormigon con solo una sucia manta debajo de ella. Su cuerpo desnudo parecia completamente ileso, pero su cara, antes tan adorable, estaba grotescamente hinchada y llena de cardenales. Gly habia puesto habilmente en practica toda su maldad, humillando su virtud y estropeando el bien mas valioso de una mujer hermosa: su cara.
Pitt se agacho y le hizo reclinar la cabeza en sus brazos, con expresion carinosa, pero loca la mirada de furor. Le consumia el afan de venganza. Un afan enloquecido de venganza mucho mas fuerte que cuanto habia experimentado hasta entonces. Apreto los dientes y sacudio ligeramente a Jessie para despertarla.
– Jessie. Jessie, ?puedes oirme?
Ella abrio los labios temblorosos y le miro fijamente.
– Dirk -gimio-, ?eres tu?
– Si, y voy a sacarte de aqui.
– Sacarme…, ?como?
– He encontrado la manera de escapar de este edificio.
– Pero la isla… Raymond dijo que es imposible escapar de esta isla.
– He escondido el motor fuera borda del bote neumatico. Si puedo construir una pequena balsa…
– ?No! -murmuro energicamente ella.
Quiso incorporarse, mientras una expresion reflexiva se pintaba en la mascara hinchada que era su rostro. El la sujeto suavemente de los hombros para impedirselo.
– No te muevas -dijo.
– Debes marcharte solo -dijo ella.
– No voy a dejarte asi.
Ella sacudio debilmente la cabeza.
– No. Ello solamente aumentaria las probabilidades de que te sorprendiesen.
– Perdona -dijo llanamente Pitt-. Quieras o no, vendras conmigo.
– No lo comprendes -suplico Jessie-. Tu eres nuestra unica esperanza de salvacion. Si puedes volver a los Estados Unidos y decirle al presidente lo que ocurre aqui, Velikov tendra que mantenernos vivos.
– ?Que tiene que ver el presidente con esto?
– Mas de lo que te imaginas.
– Entonces, Velikov tenia razon. Hay una conspiracion.
– No pierdas el tiempo con suposiciones. Vete, por favor. Si te salvas, puedes salvarnos a todos.
Pitt sintio una enorme admiracion por Jessie. Ahora parecia una muneca deshecha, estropeada e inutil, pero se dio cuenta de que su belleza exterior era superada por otra interior, de valentia y resolucion. Se inclino y la beso ligeramente en los hinchados y partidos labios.
– Lo conseguire -dijo confiadamente-. Prometeme que aguantaras hasta que yo vuelva.
Ella trato de sonreir, pero su boca no pudo obedecerla.
– No seas tonto. No puedes volver a Cuba.
– Ya lo veras.
– Que tengas suerte -murmuro suavemente ella-. Perdoname por haber estropeado tu vida.
Pitt sonrio, pero las lagrimas acudieron a sus ojos.
– Esto es lo que nos gusta a los hombres de las mujeres. Nunca dejan que nos aburramos.
La beso de nuevo, esta vez en la frente, y se volvio, con los nudillos blancos de tanto apretar los punos de rabia.
A Pitt le dolieron los brazos al subir por la escalera de emergencia y, cuando llego arriba, descanso un minuto antes de levantar la trampa y agacharse en la oscuridad del garaje. Los dos soldados seguian todavia jugando al ajedrez. Parecia ser una rutina nocturna para pasar las aburridas horas de guardia. Raras veces se molestaban en mirar los vehiculos aparcados fuera de su oficina, No habia motivos para esperar conflictos. Probablemente eran mecanicos, no guardias de segundad, penso Pitt.
Reconocio la zona del garaje: bancos de trabajo, instalaciones de engrase, depositos de gasolina y de accesorios, camiones, y equipo de construccion. Los camiones tenian latas de veinticinco litros de gasolina de repuesto. Pitt los golpeo ligeramente hasta que encontro uno que estaba lleno. Los demas estaban llenos solo hasta la mitad o menos. Busco en uno de los bancos hasta que encontro un tubo de goma que empleo para trasegar gasolina del deposito de un camion a una de las latas. Dos latas, con un total de cincuenta litros, era todo lo que podia llevar. El problema era ahora hacerlas pasar por el respiradero del techo.
Pitt tomo una cuerda de remolque que pendia de una pared y ato dos extremos a las asas de las latas de gasolina. Sujetando la cuerda por la mitad, subio a las viguetas de soporte. Poco a poco, observando a los mecanicos para asegurarse de que continuaban enfrascados en su juego, izo las latas, una a una, hasta el techo y las hizo pasar antes que el por el respiradero.
Dos minutos mas tarde, las transporto a traves del patio y hasta el canal de desague que pasaba por debajo del muro de cerca. Rapidamente, separo los barrotes y salio al exterior.
El cielo estaba claro y la media luna flotaba en un mar de estrellas. Solo se oia el susurro del viento, y el aire nocturno era fresco. Espero fervientemente que el mar estuviese en calma.
Por ninguna razon particular, fue esta vez por el lado opuesto del camino. La marcha era lenta, las pesadas latas hicieron pronto que sintiese como si sus brazos se estuviesen descoyuntando. Sus pies se hundian en la blanda arena, y tenia que pararse cada doscientos metros para recobrar aliento y esperar a que se mitigase el dolor de las manos y los brazos.
Pitt tropezo y cayo en el borde de un ancho claro rodeado de un bosquecillo espeso de palmeras, tan espeso que los troncos casi se tocaban los unos a los otros. Alargo las manos y palpo a su alrededor. Toco una red metalica que se hundia en la arena y era casi invisible.
Impulsado por la curiosidad, dejo las latas de gasolina y se arrastro cautelosamente alrededor del borde del claro. La red metalica se alzaba a solo cinco centimetros del suelo y se extendia a traves de todo el diametro. El centro de este se hundia hasta convertirse en una concavidad parecida a un cuenco. Paso las manos por los troncos de las palmeras que circundaban el borde.
Eran imitaciones. Los troncos y las hojas estaban hechos con tubos de aluminio cubiertos de plastico en un camuflaje realista. Habia mas de cincuenta palmeras, pintadas de manera que enganasen a los aviones espias americanos y a sus potentes camaras.
El cuenco era una gigantesca antena de radio y television, en forma de plato, y las palmeras simuladas eran brazos hidraulicos que la levantaban y bajaban. Pitt se quedo pasmado por la significacion de lo que accidentalmente habia descubierto. Ahora sabia que, encerrado debajo de la arena de la isla, habia un vasto centro de comunicaciones.
Pero, exactamente, ?para que fin?
No tenia tiempo para reflexionar. Pero estaba mas resuelto que nunca a alcanzar la libertad. Siguio andando entre las sombras. El pueblo estaba mas lejos de lo que parecia recordar. Estaba empapado en sudor y jadeaba de fatiga cuando al fin llego al patio donde habia ocultado el motor fuera borda debajo de la banera. Aliviado, solto las latas de gasolina, se tendio en el suelo sobre el viejo colchon y durmio una hora.
