– Entendido.
Hagen salto de la caravana y corrio entre la multitud de compradores y entro en el centro comercial. Era como buscar tres agujas en un pajar. Sabia el aspecto que tenia Hudson y habia conseguido fotografias de Gunnar Eriksen, pero uno de ellos o los dos podian estar todavia dentro de la camioneta.
Corrio freneticamente de una tienda a otra, observando las caras, estudiando cada cabeza masculina que sobresalia de la multitud de compradoras femeninas. ?Por que tenia que ser un fin de semana?, penso. Otro dia cualquiera, y a una hora tan temprana, habria podido disparar alli un canon sin alcanzar a nadie. Despues de casi una hora de busqueda infructuosa, salio al exterior e hizo una sena a la caravana para que se detuviera.
– ?Los ha localizado? -pregunto, aunque sabia de antemano la respuesta.
El conductor sacudio la cabeza.
– Se tarda casi diez minutos en dar toda la vuelta. El trafico es demasiado denso y la gente conduce como automatas cuando estan buscando aparcamiento. Sus sospechosos pueden haber encontrado facilmente otra salida y haberse largado por ella, mientras yo estaba en el otro lado del edificio.
Hagen descargo un punetazo de frustracion contra la caravana. Habia llegado tan cerca, tan endiabladamente cerca, solo para fracasar en el ultimo momento.
35
Pitt resolvio el problema de poder dormir sin el constante resplandor de la lampara fluorescente por el sencillo procedimiento de subirse encima del armario y desconectar los tubos. No se desperto hasta que el guardian le trajo el desayuno. Se sentia relajado y empezo a comer las espesas gachas como si fuesen su plato predilecto. El guardia parecio perplejo al encontrarse con que la lampara estaba apagada, pero Pitt se limito a extender las manos en un ademan de ignorancia y de impotencia, y termino las gachas.
Dos horas mas tarde fue llevado al despacho del general Velikov. Alli fue sometido a la acostumbrada espera interminable encaminada a quebrantar sus barreras emocionales. Pero, Dios mio, ?que ingenuos eran los rusos! Siguio el juego, paseando arriba y abajo como si estuviese muy nervioso.
Las proximas veinticuatro horas serian, por lo menos, criticas. Confiaba en que podria escapar de nuevo del recinto, pero no podia prever que nuevos obstaculos se levantarian a su paso, ni si seria capaz de hacer un esfuerzo fisico despues de otra entrevista con Foss Gly.
Pero no cabia un aplazamiento, no podia volver atras. De alguna manera, tenia que salir esta noche de la isla.
Por fin entro Velikov en la habitacion y observo a Pitt durante varios segundos antes de dirigirse a el. Habia una ostensible frialdad en el general, una dureza inconfundible en su mirada. Senalo con la cabeza una silla de madera que no habia estado en la habitacion durante la ultima entrevista, invitando a Pitt a sentarse en ella. Cuando hablo, lo hizo en tono amenazador.
– ?Firmara una confesion autentica de que es un espia?
– Si esto le complace…
– No se pase de listo conmigo, senor Pitt.
Pitt no pudo contener su ira, que se sobrepuso a su sentido comun.
– No soporto a los salvajes que torturan a las mujeres.
Velikov arqueo las cejas.
– Expliquese.
Pitt repitio las palabras de Gunn y de Giordino como si fuesen suyas.
– El ruido resuena en los pasillos de hormigon. He oido los gritos de Jessie LeBaron.
– ?De veras? -Velikov se aliso los cabellos con una mano-. Me parece que deberia ver las ventajas de colaborar conmigo. Si me dice la verdad, creo que podre encontrar la manera de aliviar las incomodidades de sus amigos.
– Usted sabe la verdad. Por eso ha llegado a un callejon sin salida. Cuatro personas le han contado historias identicas. ?No le parece esto raro a un inquisidor profesional como usted? Cuatro personas que han sido fisicamente torturadas en sesiones separadas y que han dado las mismas respuestas a las mismas preguntas. La falta absoluta de profundidad de la mentalidad rusa solo puede compararse con su fosilizada aficion a las confesiones. Si yo firmase una confesion de espionaje, me pediria otra de crimenes cometidos contra su precioso Estado, seguida de otra de escupir en la via publica. Su tactica es tan vulgar como su arquitectura y sus recetas de cocina. Cada exigencia va seguida de otra. ?La verdad? Usted no aceptaria la verdad aunque saliese del suelo y le mordiese las pelotas.
Velikov permanecio sentado en silencio, mirando a Pitt con el desprecio que solo un eslavo puede mostrar por un mogol.
– Le pido de nuevo que colabore.
– Yo no soy mas que un ingeniero marino. No conozco ningun secreto militar.
– Lo unico que me interesa saber es lo que le dijeron sus superiores sobre esta isla y como consiguieron llegar hasta aqui.
– ?Y que ganaria con ello? Usted dijo claramente que mis amigos y yo teniamos que morir.
– Tal vez podriamos aplazar esta decision.
– Lo mismo da. Ya le hemos dicho todo lo que sabemos. Velikov tamborileo con los dedos sobre la mesa.
– ?Todavia sostiene que vinieron a parar a Cayo Santa Maria por pura casualidad?
– Asi es.
– ?Y espera que crea que, de todas las islas y playas de Cuba, vino a parar la senora LeBaron precisamente al lugar exacto, y debo anadir que sin saberlo de antemano, donde estaba residiendo su marido?
– Francamente, tambien a mi me costaria creerlo. Pero esto es exactamente lo que ocurrio.
Velikov miro fijamente a Pitt, pero parecio percibir una sinceridad que se negaba a reconocer.
– Tengo todo el tiempo del mundo, senor Pitt. Estoy convencido de que usted posee informacion vital. Volveremos a hablar cuando se muestre menos arrogante.
Pulso un boton de encima de la mesa para llamar al guardia. Habia una sonrisa en su semblante, pero no era de satisfaccion, ni en modo alguno de placer. En todo caso, era una sonrisa triste.
– Debe disculparme por ser tan brusco -dijo Foss Gly-. La experiencia me ha ensenado que lo inesperado produce resultados mas eficaces que lo que ya se espera.
No se habia pronunciado una palabra cuando Pitt entro en la habitacion numero seis. Solo habia dado un paso en el interior cuando Gly, que estaba plantado detras de la puerta medio abierta, le golpeo en la espalda justo por encima del rinon. Pitt lanzo un grito de angustia y casi perdio el conocimiento, pero de algun modo consiguio mantenerse en pie.
