?Quien habria sospechado que transmitian y recibian mensajes de la Luna, mientras emitian los discos del «hit parade» para la comunidad universitaria circundante?
Hagen empujo la puerta y entro en lo que parecia ser una cabina de control de unos estudios.
Hudson y Eriksen estaban sentados de espaldas a el, mirando una gran pantalla de video donde se veia la cara y la cabeza afeitada de un hombre que se interrumpio en mitad de una frase y dijo:
– ?Quien esta detras de ustedes?
Hudson miro por encima del hombro.
– Hola, Ira. -La voz era tan helada como la mirada-. Me estaba preguntando cuando comparecerias.
– Entra -dijo Eriksen, en tono igualmente helado-. Llegas justo a tiempo para hablar con nuestro hombre de la Luna.
40
Pitt habia salido de aguas cubanas y estaba en la ruta que seguian los barcos en el canal de las Bahamas. Pero su suerte se estaba agotando. Ninguno de los buques que pasaron por alli le descubrio. Un gran petrolero con pabellon panameno paso a no mas de una milla de distancia. El se irguio lo mas que pudo sin volcar la banera y agito la camisa, pero su pequena embarcacion paso inadvertida a los tripulantes.
Que un oficial de guardia en el puente enfocase sus gemelos al lugar exacto y en el momento preciso en que la banera se elevase sobre la cresta de una ola, antes de caer de nuevo en un seno y perderse de vista, era una posibilidad por la que no hubiese apostado ningun jugador profesional. Pitt comprendio la amarga verdad: era un objetivo demasiado pequeno.
Los movimientos de Pitt se estaban volviendo mecanicos. Tenia entumecidas las piernas despues de balancearse en la exigua banera durante casi veinte horas, y el constante roce de las nalgas contra la dura superficie le habia levantado ampollas dolorosas. El sol tropical caia sobre el, pero tenia la piel curtida y las quemaduras por los rayos solares eran el menor de sus problemas.
El mar permanecia en calma, pero todavia tenia que esforzarse continuamente en mantener la banera en la direccion del oleaje y achicar el agua al mismo tiempo. Habia vertido las ultimas gotas de gasolina en el motor fuera borda, y llenado despues las latas con agua de mar para que le sirviesen de lastre.
Otros quince o veinte minutos era lo mas que podia esperar que siguiese funcionando el motor antes de pararse por falta de gasolina. Despues, todo habria terminado. Sin control, la banera no tardaria en llenarse de agua y hundirse.
Empezo a fallarle la mente; no habia dormido en treinta y seis horas. Se esforzo en permanecer despierto, manejando el timon y achicando agua con los brazos cansados y las manos arrugadas. Durante horas interminables sus ojos escrutaron el horizonte, sin ver nada que viajase en direccion a su pequeno sector de mar. Algunos tiburones habian chocado contra el fondo de la lenta banera, y uno de ellos cometio el error de acercarse demasiado a la helice y esta le corto la aleta. Pitt les observaba con aire indiferente. Penso tontamente en ofrecerles un banquete abriendo la boca y ahogandose, pero se dio cuenta de que era una idea estupida y la borro de su mente.
El viento empezo a soplar con mas fuerza. Cayo un chaparron y deposito un par de centimetros de agua en la banera. El agua no era muy limpia, pero si mejor que nada, La recogio con las manos y engullo unos cuantos sorbos, y se sintio aliviado.
Miro el reluciente horizonte, hacia el oeste. Dentro de una hora seria de noche. Su ultimo rayo de esperanza se desvanecia con el sol poniente. Aunque de alguna manera se mantuviese a flote, nadie lo veria en la oscuridad.
Habia pecado de imprevision, penso. Hubiese tenido que robar una linterna.
De pronto, el motor fuera borda tosio y arranco de nuevo. Pitt redujo el gas lo mas que se atrevio, sabiendo que solamente retrasaba un minuto o dos lo inevitable.
Lucho contra la depresion moral e hizo acopio de valor para seguir achicando agua hasta que sus brazos no le obedeciesen o hasta que una ola cayese de costado sobre la banera a la deriva y la inundase. Vacio una de las latas de gasolina que habia llenado con agua de mar. Cuando se hundiese la banera, penso, la emplearia como flotador. Mientras pudiese mover un musculo, no iba a darse por vencido.
El fiel y pequeno motor fuera borda volvio a toser una vez, dos veces, y al fin se paro. Despues de haber estado oyendo el ruido del tubo de escape durante toda la noche anterior, Pitt se sintio como sofocado por el subito silencio. Permanecio sentado alli, en la pequena y fatidica embarcacion, sobre un mar vasto e indiferente y bajo un cielo claro y sin nubes.
Consiguio mantenerla a flote durante otra hora, a la luz del crepusculo. Estaba tan fatigado, tan agotado fisicamente, que no advirtio un pequeno movimiento en el agua a quinientos metros de distancia.
El capitan de fragata Kermit Fulton se aparto del periscopio, con una expresion interrogadora en el semblante. Miro a traves del cuarto de control del submarino
– ?Algun contacto en nuestros sensores?
El segundo oficial hablo por uno de los telefonos del cuarto de control.
– Nada en el radar, capitan. El sonar ha registrado un pequeno contacto, pero lo ha perdido hace cosa de un minuto.
– ?Que deducen de ello?
La respuesta tardaba en llegar, por lo que el capitan repitio la pregunta.
– El encargado del sonar dice que parecia un pequeno motor fuera borda, de no mas de veinte caballos de potencia.
– Aqui pasa algo muy raro -dijo Fulton-. Quiero comprobar lo que es. Reduzcan la velocidad a un tercio y viren cinco grados a babor.
Apreto de nuevo la frente contra el ocular del periscopio y puso el aumento al maximo. Poco a poco, con aire de perplejidad, se echo atras.
– De la orden de salir a la superficie.
– ?Ha visto algo? -pregunto el segundo oficial.
El capitan asintio con la cajpeza, en silencio.
Todos los que estaban en el cuarto de control miraron con curiosidad a Fulton. El segundo oficial tomo la iniciativa.
– ?Quiere decirnos de que se trata, capitan?
– Llevo veintitres anos en el mar -dijo Fulton- y creia que lo habia visto casi todo. Pero que me aspen si no hay un hombre alli, a casi cien millas de la tierra mas proxima, flotando en una banera.
41
Desde la desaparicion del dirigible, el almirante Sandecker habia salido
