y un garaje. Ah, si, y la entrada de la residencia, decorada al estilo de un castillo espanol.
– ?Grosor de las paredes?
– Alrededor de medio metro.
– ?Calidad de la construccion?
– Buena. Ni humedad ni grietas visibles en el hormigon.
– ?Que clase de vehiculos habia en el garaje?
– Dos camiones militares. Los demas, dedicados a la construccion: un bulldozer, una excavadora, un recogedor de cerezas.
La mujer levanto la mirada de sus notas.
– Perdon. ?El ultimo?
– Un recogedor de cerezas -explico Pitt-. Un camion especial, con una plataforma telescopica para trabajar en las alturas. Los usan los que podan arboles y los operarios de las lineas telefonicas.
– ?Dimensiones aproximadas de la antena parabolica?
– Fue dificil medirla en la oscuridad. Aproximadamente trescientos metros de longitud por doscientos de anchura. Es izada hasta su posicion de funcionamiento por brazos hidraulicos camuflados como palmeras.
– ?Maciza o de reja?
– De reja.
– ?Circuitos, cajas de empalmes, repetidores?
– No vi ninguno, lo cual no quiere decir que no estuviesen.
Brogan habia seguido estas preguntas sin intervenir. Ahora levanto una mano y miro a un hombre de aspecto estudioso sentado a uno de los lados de la mesa.
– ?Que deduce de esto, Charlie?
– No hay bastantes detalles tecnicos para saber exactamente su objetivo. Pero hay tres posibilidades. Una de ellas es que sea una estacion de escucha capaz de interceptar senales telefonicas, de radio y de radar en todos los Estados Unidos. Otra, que sea una poderosa instalacion para crear interferencias y que este alli a la espera de un momento crucial, como un primer golpe nuclear, para ser activada y dar al traste con todas nuestras comunicaciones militares y comerciales. La tercera posibilidad es que tenga capacidad para transmitir informaciones falsas a traves de nuestros sistemas de comunicacion. Y lo mas preocupante es que el tamano y la complicada disposicion de la antena sugiere la capacidad de realizar las tres funciones.
Los musculos de la cara de Brogan se tensaron. El hecho de que semejante operacion supersecreta de espionaje se hubiese realizado a menos de doscientas millas de la costa de los Estados Unidos no era exactamente para entusiasmar al director de la Agencia Central de Inteligencia.
– Si ocurre lo peor, ?que podemos esperar?
– Temo -respondio Charlie- que podemos esperar un poderoso y electronicamente avanzado instrumento, capaz de interceptar las comunicaciones por radio y por telefono y emplear la tecnologia de retraso para que un modernisimo sintetizador computarizado imite las voces de los que llaman y altere las conversaciones. Les sorprenderia ver como pueden ser manipuladas sus palabras por telefono sin que su interlocutor advierta el cambio. En realidad, la Agencia de Seguridad Nacional emplea el mismo tipo de equipo a bordo de un barco.
– Asi pues, los rusos nos han alcanzado -dijo Brogan.
– Su tecnologia es probablemente mas tosca que la nuestra, pero parece que han dado un paso adelante y la han mejorado en gran manera.
La mujer miro a Pitt.
– Ha dicho usted que la isla era abastecida mediante submarinos.
– Asi me lo dijo Raymond LeBaron -dijo Pitt-. Y en lo poco que vi de la costa no habia ningun lugar de amarre.
Sandecker jugueteo con uno de sus cigarros pero no lo encendio. Apunto con el a Brogan.
– Parece que los sovieticos han recurrido a tecnicas desacostumbradas para despistar a sus vigilantes de Cuba, Martin.
– El miedo a ser descubiertos se manifesto durante el interrogatorio - dijo Pitt-. Velikov insistio en que eramos agentes a sueldo de usted.
– En realidad, no puedo censurar por ello a ese bastardo -dijo Brogan-. Su llegada debio sacarle de sus casillas.
– Senor Pitt, ?podria describir a las personas que estaban cenando cuando llegaron ustedes? -pregunto un hombre con aire de erudito y que llevaba un sueter a cuadros.
– Aproximadamente, diria que eran dieciseis mujeres y dos docenas de hombres.
– ?Ha dicho mujeres?
– Si.
– ?De que tipo? -pregunto la unica mujer presente en el salon.
Pitt tuvo que preguntar:
– Defina lo de tipo.
– Ya sabe -respondio seriamente ella-. Esposas, bellas damas solteras, o prostitutas.
– Desde luego, no eran prostitutas. La mayoria de ellas vestia uniforme y, probablemente, formaba parte del personal de Velikov. Las que llevaban alianzas parecian ser esposas de los militares o los paisanos cubanos que se hallaban presentes.
– ?En que diablos estara pensando Velikov? -pregunto Brogan a nadie en particular-. ?Cubanos con sus esposas en una instalacion supersecreta? Esto no tiene sentido. Sandecker miro reflexivamente la mesa.
– Para mi tiene sentido -dijo-, si Velikov esta usando Cayo Santa Maria para algo mas que espionaje electronico.
– ?Que insinua, Jim? -pregunto Brogan. -La isla seria una excelente base de operaciones para derribar el gobierno Castro.
Brogan le miro asombrado.
– ?Como se ha enterado usted de esto?
– El presidente me informo -respondio Sandecker, con altaneria.
– Ya veo.
Pero estaba claro que Brogan no veia nada.
– Escuchen -dijo Pitt-, me doy cuenta de que todo esto es sumamente importante, pero cada minuto que gastamos con nuestras especulaciones pone a Jessie, a Al y a Rudi mucho mas cerca de la muerte. Espero que hagan ustedes todo lo posible para salvarles. Pueden empezar notificando a los rusos que, gracias a mi fuga, estan enterados de que los mantienen prisioneros.
La peticion de Pitt fue acogida con un extrano silencio. Nadie, salvo Sandecker, le miro. Especialmente la gente de la CIA evito su mirada.
– Disculpeme -dijo friamente Brogan-, pero creo que no seria una maniobra acertada.
Los ojos de Sandecker brillaron subitamente de colera.
– Cuidado con lo que dice, Martin. Se que esta dando vueltas a un plan maquiavelico en su mente. Pero advierta, amigo mio, que tendra que haberselas conmigo y que no estoy dispuesto a dejar que mis amigos sean arrojados literalmente a los tiburones.
– Nos estamos jugando mucho -dijo Brogan-. Tener a Velikov a oscuras puede ser muy ventajoso.
– ?Y sacrificar varias vidas por un juego de espionaje? -dijo amargamente Pitt-. Ni hablar.
