LeBaron para que la encontrase antes que los rusos. Habia que borrar las huellas delatoras del dano causado por sus colonos. Pero los cubanos se anticiparon a los dos y recobraron la nave espacial hundida. Ustedes no lo han sabido hasta ahora, y los rusos todavia no lo saben. A menos que… -El presidente hizo una pausa despues de esta palabra-. A menos que Raymond LeBaron haya revelado bajo tortura lo que sabe de la Jersey Colony. Se de fuente fidedigna que los cubanos le capturaron y entregaron al servicio secreto militar sovietico, el GRU.

– Raymond no hablara -dijo airadamente Hudson.

– Tal vez no tenga que hacerlo -replico el presidente-. Hace unas pocas horas que los analistas de informacion, a quienes pedi que volviesen a examinar las senales espaciales sovieticas recibidas durante las orbitas de regreso de, Selenos 4, han descubierto que sus datos sobre la superficie lunar fueron transmitidos a una estacion de seguimiento situado en la isla de Socotra, cerca del Yemen. ?Comprenden las consecuencias, caballeros?

– Comprendemos lo que quiere decir. -Era el general Fisher quien hablaba en tono reflexivo-. Los sovieticos pueden tener pruebas visuales de la Jersey Colony.

– Si, y probablemente ataron cabos y pensaron que los que estaban alla arriba tenian algo que ver con los desastres de las Selenos. Pueden estar seguros de que tomaran represalias. Sin llamadas por el telefono rojo, sin mensajes cursados a traves de vias diplomaticas, sin anuncios de la TASS o en Pravda. La batalla por la Luna se mantendra secreta por ambos bandos. En resumen, caballeros, el resultado es que han iniciado ustedes una guerra que pueble ser imposible de atajar.

Los hombres sentados alrededor de la mesa estaban impresionados y confusos, perplejos e irritados. Pero solamente estaban irritados a causa de un error de calculo en un hecho del que no podian tener conocimiento. La horrible verdad tardo varios momentos en registrarse en sus mentes.

– Habla usted de represalias sovieticas, senor presidente -dijo Fawcett-. ?Tiene alguna idea que confirma esa posibilidad?

– Ponganse ustedes en el lugar de los sovieticos. Estaban informados de los actos de ustedes al menos una semana antes de que fuese lanzada su estacion lunar Selenos 8. Si yo fuese el presidente Antonov, habria ordenado que la mision se convirtiese de una exploracion cientifica en una operacion militar. Tengo pocas dudas en mi mente de que, cuando Selenos 8 alunice dentro de veinticuatro horas, un equipo especial de comandos sovieticos rodeara y atacara la Jersey Colony. Y ahora diganme. ?Puede la base defenderse por si sola?

El general Fisher miro a Hudson; despues se volvio al presidente y encogio los hombros.

– No sabria decirlo. Nunca trazamos planes de contingencia para el caso de un ataque armado contra la colonia. Si no recuerdo mal, su unico armamento es un par de armas cortas y un lanzador de misiles.

– A proposito, ?para cuando estaba proyectado que sus colonos volviesen de la Luna?

– Deberian despegar de alli aproximadamente dentro de treinta y seis horas -respondio Hudson.

– Tengo curiosidad por saber una cosa -dijo el presidente-. ?Como pretenden volver a traves de la atmosfera terrestre? Ciertamente, su vehiculo de transporte lunar no tiene capacidad para hacer tal cosa.

Hudson sonrio.

– Volveran al puerto espacial Kennedy, de Cabo Canaveral, en la lanzadera.

El presidente suspiro.

– La Gettysburg. Estupido de mi por no haberlo pensado. Esta ya amarrada en nuestra estacion espacial.

– Su tripulacion no ha sido todavia advertida -dijo Steve Busche, de la NASA-, pero en cuanto se hayan recobrado.de la impresion de ver aparecer subitamente a los colonos en el vehiculo de transporte, estaran mas que dispuestos a admitir a unos pasajeros suplementarios.

El presidente hizo una pausa y miro fijamente a los miembros del «circulo privado», con expresion subitamente triste.

– La cuestion candente con la que todos tenemos que enfrentarnos, caballeros, es si los colonos de Jersey sobreviviran para emprender el viaje.

44

– ?De veras espera salirse con la suya? -pregunto Pitt.

El coronel retirado Ramon Kleist, de la Marina de los Estados Unidos, se balanceo sobre los pies y se rasco la espalda con un baston de petimetre.

– Con tal de que podamos retirarnos como una unidad con nuestras bajas, si, creo que la mision puede realizarse con exito.

– Nada tan complicado puede ser perfecto -dijo Pitt-. Destruir la instalacion y la antena, ademas de matar a Velikov y a todo su personal, me parece que es querer abarcar demasiado.

– Su observacion ocular y las fotos de nuestros aviones de reconocimiento corroboran las pocas medidas defensivas del lugar.

– ?Cuantos hombres constituiran su equipo? -pregunto Pitt.

– Treinta y uno, incluido usted.

– Los rusos descubriran sin duda alguna quienes atacaron su base secreta. Sera como dar una patada a un nido de avispas.

– Todo forma parte del plan -dijo ligeramente Kleist.

Kleist estaba tieso como un palo, amenazando romper con el pecho su camisa floreada. Pitt calculo que tendria poco menos de sesenta anos. Era un mestizo nacido en la Argentina, unico hijo de un ex oficial SS que habia huido de Alemania despues de la guerra y de la hija de un diplomatico liberiano. Enviado a un colegio particular de Nueva York, decidio marcharse de alli y hacer carrera en la Infanteria de Marina.

– Yo creia que habia un acuerdo tacito entre la CIA y la KGB: no liquidaremos a sus agentes, mientras ustedes no liquiden a los nuestros.

El coronel dirigio a Pitt una candida mirada.

– ?Quien le ha dado la idea de que seremos nosotros los que haremos el trabajo sucio?

Pitt no respondio; solo miro a Kleist y espero.

– La mision sera realizada por las Fuerzas Especiales de Seguridad cubanas -explico el coronel-. Su equivalente a nuestros SEALS. O, si he de ser sincero, exiliados perfectamente adiestrados y vistiendo autenticos uniformes cubanos de campana. Incluso su ropa interior y sus calcetines seran de los que usan los soldados cubanos. Las armas, los relojes de pulsera y otros articulos seran de fabricacion sovietica. Y para salvar las apariencias, el desembarco se efectuara desde el lado correspondiente a Cuba.

– Muy ingenioso.

– Tratamos de ser eficientes.

– ?Dirigira usted la operacion?

– No -sonrio Kleist-; soy demasiado viejo para saltar de la rompiente a la playa. El equipo de asalto estara bajo el mando del comandante Angelo Quintana. Usted se encontrara con el en nuestro campamento de San Salvador. Yo estare en el TSE.

– Repitalo, por favor.

– Transporte submarino especial -respondio Kleist-. Una embarcacion

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