– Es indudable que el comandante Leuchenko realizara con exito la operacion.
– Olvida a los astronautas americanos, general -dijo Kornilov.
– ?Y bien?
– Las fotografias demuestran que tambien ellos tienen armas. Rezo para que no sean fanaticos capaces de luchar a sangre y fuego por defender sus instalaciones.
Yasenin sonrio con indulgencia.
– ?Reza, Sergei? ?A quien? Ciertamente, no a ningun dios. Este no ayudara a los americanos en cuanto Leuchenko y sus hombres inicien su ataque. El resultado esta decidido de antemano. Los cientificos nada pueden contra soldados profesionales, adiestrados para matar.
– No les menosprecie. Es cuanto tenia que decir.
– ?Basta! -Grito Antonov-. No quiero oir mas frases derrotistas. El comandante Leuchenko tiene la doble ventaja de la sorpresa y de la superioridad en armamento. Dentro de menos de sesenta horas empezara la verdadera batalla por el espacio. Y no creo que la Union Sovietica la pierda.
En Moscu, Vladimir Polevoi estaba sentado a su mesa de la sede de la KGB en la plaza Dzerzhinski, leyendo un informe del general Velikov. No levanto la mirada cuando Lyev Maisky entro en la habitacion y se sento aunque nadie le hubiera invitado a hacerlo. La cara de Maisky era vulgar, inexpresiva y unidimensional, lo mismo que su personalidad. Era el jefe delegado de Polevoi al frente del Primer Directorio, la rama de operaciones en el extranjero de la KGB. Las relaciones de Maisky con Polevoi eran limitadas, pero los dos se completaban perfectamente.
Por ultimo, Polevoi miro fijamente a Maisky.
– Quisiera que me diese una explicacion.
– La presencia de los LeBaron fue un accidente imprevisto -dijo concisamente Maisky.
– La de la senora LeBaron y sus companeros buscadores de tesoros, tal vez si; pero ciertamente, no la de su marido. ?Por que lo tomo Velikov de los cubanos?
– El general penso que Raymond LeBaron podia ser un instrumento util en las negociaciones con el Departamento de Estado de los Estados Unidos cuando los Castro sean eliminados.
– Sus buenas intenciones nos han metido en un juego peligroso -dijo Polevoi.
– Velikov me ha asegurado que LeBaron esta sometido a una estricta seguridad y que le da informacion falsa.
– Sin embargo, todavia existe una pequena posibilidad de que LeBaron descubra la verdadera funcion de Cayo Santa Maria.
– En tal caso, seria simplemente eliminado.
– ?Y Jessie LeBaron?
– Pienso, personalmente, que ella y sus amigos nos seran muy utiles para atribuir a la CIA nuestro proyectado desastre.
– ?Han descubierto Velikov o nuestros agentes residentes en Washington algun plan del servicio secreto americano para infiltrarse en la isla?
– No -respondio Maisky-. Una investigacion sobre los tripulantes del dirigible demostro que ninguno de ellos tiene actualmente lazos con la CIA o con los militares.
– No quiero fallos -dijo firmemente Polevoi-. Estamos demasiado cerca del triunfo. Transmita mis palabras a Velikov.
– Sera informado.
Llamaron a la puerta y entro la secretaria de Polevoi. Sin decir palabra, le tendio un papel y salio de la estancia.
De pronto, la ira enrojecio la cara de Polevoi.
– ?Maldicion! Habla de amenazas, y estas se convierten en realidad.
– ?Senor?
– Un mensaje urgente de Velikov. Uno de los prisioneros ha escapado.
Maisky hizo un nervioso movimiento con las manos.
– Es imposible. No hay embarcaciones en Cayo Santa Maria, y si es lo bastante estupido para huir a nado, se ahogara o sera comido por los tiburones. Sea quien fuere, no ira lejos.
– Se llama Dirk Pitt, y, segun Velikov, es el mas peligroso del grupo.
– Peligroso o no…
Polevoi le impuso silencio con un ademan y empezo a pasear sobre la alfombra, mostrando una profunda agitacion en el semblante.
– No podemos permitir que ocurra lo inesperado. El tiempo limite para nuestra empresa en Cuba debe ser adelantado una semana.
Maisky sacudio la cabeza para mostrar su desacuerdo.
– Los barcos no llegarian a tiempo a La Habana. Ademas, no podemos cambiar las fechas de la celebracion. Fidel y todos los miembros de alto rango de su Gobierno estaran preparados para los discursos. El mecanismo de la explosion esta ya en movimiento. Es imposible cambiar el tiempo. Ron y Cola debe ser cancelada o hay que continuar como estaba previsto.
Polevoi cruzo y descruzo las manos, con el nerviosismo de la indecision.
– Ron y Cola, un nombre estupido para una operacion de esta magnitud.
– Otro motivo para seguir adelante. Nuestro programa de desinformacion ha empezado ya a difundir rumores sobre un complot de la CIA para desestabilizar Cuba. La frase «Ron y Cola» es evidentemente americana. Ningun Gobierno extranjero sospechara que ha sido inventada en Moscu.
Polevoi asintio con un encogimiento de hombros.
– Muy bien, pero no quiero pensar en las consecuencias, si ese tal Pitt sobrevive milagrosamente y consigue volver a los Estados Unidos.
– Ya esta muerto -declaro rotundamente Maisky-. Estoy seguro de ello.
38
El presidente se asomo a la oficina de Daniel Fawcett y agito una mano.
– No se levante. Solo queria que supiese que voy a subir para almorzar con mi esposa.
– No olvide que tenemos una reunion con los jefes de informacion y con Doug Oates dentro de cuarenta y cinco minutos -le recordo Fawcett.
– Prometo ser puntual.
El presidente se volvio y tomo el ascensor para subir a sus habitaciones de la segunda planta de la Casa Blanca. Ira Hagen lo estaba esperando en la suite Lincoln.
– Pareces cansado, Ira.
