abandonado la colonia -dijo, esperanzado, Fawcett.
– Lo saben -respondio Hudson-. Desde que sus satelites de escucha fueron dirigidos hacia la Jersey Colony, han registrado todas nuestras transmisiones.
– Tendremos que concebir un plan para neutralizar el equipo de la isla -sugirio Post.
Brogan sonrio.
– Solo que ocurre que hay una operacion en marcha.
Post sonrio a su vez.
– Si esta proyectando lo que me imagino, me gustaria saber
– Se dice…, es solamente un rumor, comprendalo, que las fuerzas militares cubanas van a lanzar una mision de ataque y destruccion despues de la medianoche de hoy, aunque no se sabe exactamente cuando.
– ?Y cual es la hora de la partida de la lanzadera para casa? -pregunto Slan Mercier.
– Las cinco de la madrugada de manana -respondio Post.
– Esto resuelve la cuestion -dijo el presidente-. Informa al comandante del
Todos los que se hallaban sentados alrededor de la mesa parecieron satisfechos de momento, salvo Hudson. Este tenia la expresion del muchacho a quien el perrero del distrito acaba de quitar su perrito mimado.
– Solo desearia -dijo, a nadie en particular- que todo fuese tan sencillo.
52
Velikov y Maisky se hallaban en una galeria, tres plantas por encima del centro de escucha electronica, contemplando un pequeno ejercito de hombres y mujeres que manejaban el complicado equipo receptor electronico. Veinticuatro horas al dia, antenas gigantescas emplazadas en Cuba interceptaban las llamadas telefonicas civiles y las senales de radio militares de los Estados Unidos, transmitiendolas a Cayo Santa Maria, donde eran descifradas y analizadas por los ordenadores.
– Una obra realmente soberbia, general -dijo Maisky-. Los informes sobre su instalacion han sido demasiado modestos.
– No pasa un dia sin que continuemos la expansion -dijo orgullosamente Velikov-. Ademas tenemos una despensa bien abastecida y un centro de cultura fisica, con equipo de ejercicios y una sauna. Tenemos incluso un salon de entretenimientos y una barberia.
Maisky contemplo dos pantallas, de diez por quince pies, instaladas en paredes diferentes. La de la izquierda contenia representaciones visuales generadas por los ordenadores, mientras que la de la derecha mostraba diversos datos e intrincados graficos.
– ?Ha descubierto su gente la situacion de los colonos de la Luna?
El general asintio con la cabeza y levanto un telefono. Hablo unas cuantas palabras por el microfono mientras contemplaba al atareado equipo de la planta baja. Un hombre que estaba ante una consola miro hacia arriba y agito una mano. Entonces las dos pantallas se oscurecieron por un breve instante y volvieron a la vida con una nueva exhibicion de datos.
– Un informe detallado -dijo Velikov, senalando la pantalla de la derecha-. Podemos captar casi todo lo que es transmitido entre el Control de Houston y sus astronautas. Como puede ver, el transbordador de los colonos de la Luna atraco hace tres horas en la estacion espacial.
Maisky estaba fascinado mientras sus ojos recorrian aquella informacion. Se resistia a aceptar el hecho de que el servicio secreto americano supiese indudablemente tanto, si no mas, sobre los esfuerzos espaciales sovieticos.
– ?Transmiten en clave? -pregunto.
– En ocasiones, cuando se trata de una mision militar; pero generalmente la NASA habla claramente con sus astronautas. Como puede ver en la pantalla de datos, el Centro de Control de Houston ha ordenado al
– Esto no me gusta.
– No veo en ello nada sospechoso. Probablemente, el presidente quiere tener tiempo para organizar una gran campana de propaganda para anunciar otro triunfo americano en el espacio.
– O pueden estar enterados de nuestras intenciones.
Maisky guardo entonces silencio, sumido en sus pensamientos. Sus ojos tenian una expresion preocupada, y cruzaba y descruzaba nerviosamente las manos.
Velikov le miro, divertido.
– Si esto trastorna de algun modo sus planes, puedo emplear la frecuencia del Control de Houston y transmitir una orden falsa.
– ?Puede hacer esto?
– Si.
– ?Simular una orden a la lanzadera, para que abandone la estacion espacial y regrese a la Tierra?
– Si.
– ?Y enganar a los jefes de la estacion y de la nave, haciendoles creer que oyen una voz conocida?
– No advertiran la diferencia. Nuestros sintetizadores computarizados tienen grabaciones de transmisiones mas que suficientes para imitar perfectamente la voz, el acento y las peculiaridades verbales de al menos veinte oficiales de la NASA.
– ?Y que puede impedir que el Control de Houston anule la orden?
– Puedo interferir sus transmisiones hasta que sea demasiado tarde para que detengan la nave. Despues, si las instrucciones que nos dieron ustedes de nuestros cientificos espaciales son correctas, dominaremos sus sistemas de vuelo y la haremos aterrizar en Santa Clara.
Maisky miro larga y fijamente a Velikov. Despues dijo:
– Hagalo.
El presidente estaba profundamente dormido cuando sono suavemente el telefono en su mesita de noche. Se volvio y miro la esfera fluorescente de su reloj de pulsera. Era la una y diez minutos de la madrugada. Entonces dijo:
– Hable.
Le respondio la voz de Dan Fawcett.
– Siento despertarle, senor presidente, pero ha ocurrido algo que creo que debe usted saber.
– Le escucho. ?De que se trata?
– Acabo de recibir una llamada de Irwin Mitchell, de la NASA. Me ha dicho que el
El presidente se incorporo de golpe, despertando a su esposa que dormia a su lado.
– ?Quien dio la orden? -pregunto.
– Mitchell no lo sabe. Todas las comunicaciones entre Houston y la
