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El mar estaba desierto cuando amanecio. El radar indicaba que no habia ningun otro barco en cincuenta kilometros a la redonda, y excepto por las luces de navegacion de un helicoptero que habian visto una hora antes, nada ni nadie los perturbo en su busqueda del origen del legamo marron. Como una medida de sana prudencia, habian navegado el resto de la noche con las luces apagadas.
Habian virado al sur poco despues del encuentro con el falso bergantin fantasma y ahora navegaban en la bahia de Punta Gorda, adonde los habia llevado el rastro de una concentracion cada vez mas toxica. Hasta el momento habian disfrutado de buen tiempo, con el mar en calma y apenas un asomo de brisa.
La costa nicaraguense estaba a solo tres kilometros. Las marismas eran como un fino trazo a traves del horizonte, como si una mano gigante lo hubiese dibujado utilizando una regla y un tiralineas cargado con tinta china. La bruma cubria la costa y avanzaba muy lentamente sobre las estribaciones de las montanas bajas en el oeste.
– Es curioso -dijo Gunn, que miraba hacia tierra firme con los prismaticos.
– ?Que? -pregunto Pitt.
– Segun la carta de la bahia de Punta Gorda, el unico lugar habitado es una pequena aldea de pescadores que se llama Barra del Rio Maiz.
– ?Y que?
Gunn le paso los prismaticos a su companero.
– Echa una ojeada y dime lo que ves.
Pitt hizo lo que le pedia y miro la costa de un extremo a otro.
– Eso no es una pequena aldea de pescadores, sino que tiene todo el aspecto de ser un puerto de gran calado. Veo dos barcos portacontenedores que estan descargando en un muelle equipado con gruas y otros dos barcos fondeados que esperan su turno.
– Tambien hay almacenes y tinglados para almacenar la carga.
– Por lo que se ve, reina una actividad tremenda.
– ?A ti que te parece? -pregunto Gunn.
– Creo que estan descargando equipos y suministros destinados a construir un ferrocarril de alta velocidad que una los dos oceanos.
– Pues, si es asi, se lo han tenido muy callado -comento Gunn-. No he leido ningun informe de que el proyecto tuviese la financiacion necesaria y que ya estuviera en marcha.
– Dos de aquellos barcos llevan la bandera roja de la Republica Popular China -dijo Pitt-. Ahi tienes la respuesta respecto a la financiacion.
El agua de la gran bahia de Punta Gorda en la que estaban entrando adquirio de pronto un color marron sucio. La atencion de todos se volvio hacia el agua. Nadie hablo. Nadie se movio mientras el legamo marron aparecia en la bruma matinal, espesa como un bol de gachas.
Permanecieron inmoviles y observaron en silencio mientras la proa hendia un agua que parecia atacada por una plaga, con la superficie de un color siena tostado. El efecto era el de la piel leprosa.
Giordino, que estaba al timon, con un puro apagado entre los dientes, redujo la velocidad mientras Dodge se afanaba en recoger muestras y analizar la composicion quimica.
Durante la larga noche, Pitt habia aprovechado para conocer mas a fondo a Renee y Dodge. La mujer se habia criado en Florida y se habia convertido en una experta buceadora antes de llegar a la adolescencia. Apasionada por la vida submarina, se habia licenciado en biologia marina. Unos pocos meses antes de que la enviaran al
Pitt inicio una campana para hacerla reir y aprovecho todas las oportunidades para tirar algun comentario divertido.
Pero su esfuerzo era completamente inutil cuando se trataba de Dodge. Hombre taciturno, con treinta anos de feliz matrimonio, cinco hijos y cuatro nietos, llevaba trabajando en la NUMA desde su fundacion. Licenciado en quimica, se habia especializado en la polucion del agua. Tras la muerte de su esposa un ano antes, habia solicitado dejar el laboratorio de la NUMA para realizar trabajo de campo. De vez en cuando esbozaba una debil sonrisa al escuchar las ocurrencias de Pitt, pero nunca se reia.
A su alrededor, el sol naciente alumbraba la superficie del mar cubierta por una gruesa capa de legamo marron. Tenia la consistencia del aceite, pero era mucho mas denso, y aplanaba el agua. No se veia ni una sola ondulacion mientras Giordino pilotaba el
Despues de librarse del atentado en Bluefields y escapar por los pelos del ataque del yate pirata, la tension a bordo habia ido aumentando en el transcurso de la noche hasta convertirse en algo casi palpable. Pitt y Renee habian recogido varios cubos de legamo y lo habian trasvasado a recipientes hermeticos para futuros analisis en los laboratorios de la NUMA en Washington. Tambien recogieron ejemplares muertos de diversas criaturas marinas que flotaban en la superficie, para que Renee los analizara.
Entonces se escucho el grito de Giordino desde la timonera, acompanado por los animados gestos tipicos de su sangre italiana.
– ?Mirad a proa por el lado de babor! ?Algo esta ocurriendo en el agua!
Todos miraron en aquella direccion. Habia un movimiento en el agua como si fuesen los coletazos de una gigantesca ballena agonizante. Permanecieron inmoviles como estatuas mientras Giordino viraba doce grados para dirigirse hacia la turbulencia.
Pitt entro en la timonera para leer los valores del indicador de profundidad. El fondo ascendia rapidamente. Parecia como si estuviesen cruzando una empinada ladera que subiera desde el fondo del Gran Canon. La manifiesta fealdad del legamo le daba al mar el aspecto de un caldero de fango en ebullicion.
– Es increible -murmuro Dodge, estupefacto-. De acuerdo con las profundidades marcadas en la carta, ahora mismo el fondo tendria que estar a doscientos metros.
Pitt no respondio al comentario. Estaba en la proa mirando en derredor a traves de los prismaticos.
– Es como si el mar hubiese entrado en ebullicion -le dijo a Giordino a traves de la ventana abierta de la timonera-. No puede ser de origen volcanico. No se ven vapores ni ondas de calor.
– El fondo esta ascendiendo a gran velocidad -le aviso Dodge-. Es como si estuviesemos en medio de la erupcion de un volcan pero sin lava.
Se hallaban a menos de tres kilometros de la costa. La inexplicable erupcion era cada vez mas violenta y las olas se alzaban en todas las direcciones. El barco se sacudio violentamente, como si lo moviera un vibrador gigante. El legamo marron se habia espesado hasta el punto de parecer fango.
Giordino se acerco a la escotilla de la timonera y llamo a Pitt.
– La temperatura del agua ha subido. Esta de nuevo en los valores normales. Veintiocho grados en el ultimo kilometro.
– ?Que explicacion le das?
– No se me ocurre ninguna.
A Dodge le resultaba cada vez mas dificil aceptar lo que estaba ocurriendo. El subito aumento de la temperatura del agua, el ascenso inesperado del fondo, la aparicion de una cantidad cada vez mayor de legamo marron, que surgia de una fuente invisible; todo aquello le parecia sencillamente inconcebible.
Pitt tampoco podia creeerlo. Todo lo que habian descubierto iba en contra de las leyes del mar. Habia volcanes que ascendian de las profundidades, pero no como una masa de barro y sedimentos. Este tendria que haber sido un entorno liquido, vivo, donde existieran peces de todas las variedades. Pero alli no habia ninguna criatura viviente. Quiza en otro tiempo habian nadado por esas aguas o se habian arrastrado por el fondo; ahora estaban muertos y sepultados debajo de una montana de legamo o habian emigrado a aguas limpias. Alli no crecia nada, no habia vida. Era un cementerio, cubierto con una masa toxica que parecia haberse materializado de la nada.
A Giordino le costaba cada vez mas mantener el rumbo. Las olas no eran altas, no pasaban del metro cincuenta; pero, a diferencia de las olas generadas en una sola direccion por el viento de una tormenta, estas
