del dia siguiente. Muertes sin sentido aderezadas con ensalada de pollo y Big Macs.
Encontro una escalera de mano en el garaje diminuto y atestado de los tipicos trastos apenas estrenados que uno acumulaba a lo largo de la vida. Un Subaru Outback casi nuevo y adaptado para discapacitados ocupaba casi todo el espacio. Algun policia debia de haberlo llevado a la casa desde el estacionamiento de Patrick's despues de la fiesta, o bien otra persona habia llevado a Mike al bar y escurrido el bulto en cuanto empezaron los problemas. Alguien que no queria que un borracho vomitara en el asiento trasero de su coche.
La persiana estaba subida en el dormitorio de Mike Fallon. Mike yacia de espaldas sobre la cama, con los brazos extendidos, la cabeza echada a un lado y la boca abierta. Kovac contuvo el aliento y busco con la mirada algun indicio de que el corazon del anciano latia bajo la camiseta.
– ?Eh, Mikey! -grito, golpeando la ventana.
Fallon permanecio inmovil.
– ?Mike Fallon!
El viejo desperto sobresaltado con la segunda tanda de golpes y abrio apenas los ojos, molesto por la luz. Al ver el rostro pegado a la ventana, profirio un inarticulado grito de terror.
– ?Mike, soy Sam Kovac!
Fallon se incorporo con dificultad mientras tosia toda la flema acumulada la noche anterior.
– ?Que cono haces? -grito-. ?Te has vuelto loco o que?
Kovac se rodeo el rostro con las manos para ver mejor.
– Tienes que dejarme entrar, Mike. Tenemos que hablar.
Su aliento empano el vidrio, de modo que enjugo la humedad con la manga del abrigo.
Fallon fruncio el ceno y agito una mano.
– Dejame en paz. No necesito que me lo cuentes tu.
– ?Que te cuente que?
– Lo de anoche. Bastante espantoso es lo que hice como para que encima vengas a restregarmelo en las narices.
Mike ofrecia un aspecto patetico ahi sentado en la cama en ropa interior, como una especie de enorme huevo indigente con aquel torso poderoso y las piernas escualidas, la barba incipiente y los ojos inyectados en sangre. Se paso la mano por el cabello ralo y cortado al cepillo y se toco las magulladuras con una mueca de dolor.
– Dejame entrar, ?quieres? -insistio Kovac-. Es importante.
Fallon lo miro con ojos entornados. Nadie detestaba las sorpresas tanto como los policias. Por fin levanto una mano con ademan de derrota.
– Hay una llave debajo del felpudo en la puerta trasera.
– Una llave debajo del felpudo -refunfuno Kovac mientras la dejaba sobre el mostrador de la cocina y lanzaba a Mike una mirada significativa-. Joder, Mike, antes eras policia. Deberias saber que eso no se hace.
Fallon hizo caso omiso de el. La cocina olia a grasa de beicon y cebolla frita. Las cortinas estaban tiesas por la suciedad y el tiempo, los mostradores repletos de tazas, vasos, platos y paquetes de cereales, asi como un frasco gigante de antiacido rodeado de frasquitos de medicamentos como renacuajos alrededor de la rana. En todas las alacenas bajas faltaban las puertas, dejando al descubierto cajas de pure de patatas instantaneo, latas de verduras y una caja entera de sopas Campbell's.
Fallon no se habia molestado en ponerse pantalones. Se paseaba por la pequena cocina en su silla, las velludas piernas atrofiadas echadas a un lado para que no estorbaran. Pesco un frasco de analgesicos de la farmacia instalada sobre el mostrador y se sirvio un vaso de agua de la puerta del frigorifico.
– ?Que es tan importante? -gruno, si bien Kovac advirtio que tenia los hombros tensos, como si se hubiera preparado para algun golpe-. Tengo una resaca de mil pares de cojones.
– Mike -empezo Kovac tras esperar a que Fallon se volviera hacia el-. Andy ha muerto -solto despues de respirar hondo-. Lo siento.
A lo bruto. La gente siempre creia que era necesario dar las malas noticias con mucho preambulo, pero no era cierto, ya que eso solo conseguia que el destinatario tuviera ocasion de dejarse vencer por el panico mientras exploraba las numerosas posibilidades de tragedia existentes. Kovac habia aprendido largo tiempo atras que lo mejor era decirlo sin mas y acabar de una vez.
Fallon desvio la mirada, moviendo la mandibula, pero sin articular sonido alguno.
– Todavia no sabemos que ha sucedido.
– ?Como que no sabeis que ha sucedido? -espeto de repente el anciano-. ?Le han disparado? ?Apunalado? ?Ha sufrido un accidente de coche?
Hablaba enfurecido, pues la furia le resultaba mas comoda que el pesar. Tenia el rostro y el cuello enrojecidos.
– Eres detective, ?no? ?Alguien ha muerto y tu no sabes como? Joder.
Kovac no se inmuto.
– Puede que fuera un accidente o que se suicidara, Mike. Lo encontramos ahorcado. Preferiria no haber tenido que contartelo, pero en fin… Lo siento mucho.
Lo siento. Como Andy. Aun veia las palabras escritas sobre el reflejo de Andy Fallon. Desnudo. Hinchado. Descompuesto. Lo siento no significaba gran cosa en tales circunstancias.
Mike parecio desinflarse. Las lagrimas inundaron sus pequenos ojos enrojecidos y rodaron por sus mejillas como cuentas de vidrio.
– Dios mio. -Era una suplica, no un juramento-. Dios mio.
Se llevo una mano temblorosa a la boca. Era del tamano aproximado de un jamon, pero ofrecia un aspecto fragil, de piel quebradiza y moteada. Un gemido de dolor insondable broto de su alma.
Kovac aparto la mirada, deseoso de proporcionar al anciano al menos esa pizca de intimidad. Era lo peor de ser el mensajero, que uno se convertia en un intruso en aquellos primeros instantes de pesar agudo, momentos que nadie deberia presenciar.
Eso y el hecho de saber que tambien se convertiria en un intruso con sus preguntas.
De pronto, Fallon dio la vuelta a la silla y salio de la cocina. Kovac lo dejo marchar; las preguntas podian esperar. Andy ya habia muerto, probablemente por su propia mano, ya hubiera sido adrede o no. ?Que importaban diez minutos mas?
Se apoyo contra el mostrador y conto los frascos de pastillas. Siente frascos de vidrio marron para el tratamiento de toda clase de dolencias, desde indigestion y arritmia hasta insomnio y dolor. Prisolec, Darvocet, Ambien… Al menos contaba con medicamentos para ayudarle a pasar el mal trago.
– ?Maldito seas! ?Maldito seas!
Los gritos fueron seguidos de un gran estruendo de vidrios rotos. Kovac salio corriendo de la cocina y cruzo a grandes zancadas el breve pasillo.
– ?Maldito seas! -repitio el anciano, agitando los brazos y el marco destrozado de forma que los anicos volaron por toda la habitacion-. ?Maldito seas!
Kovac penso que tal vez el insulto iba dirigido a el cuando asio la muneca de Mike Fallon. El marco de fotos salio despedido como un frisbee, choco contra la pared y se estrello contra el suelo de parque. Fallon siguio forcejeando con una fuerza impresionante para un hombre de su edad. Con el brazo libre barrio mas fotos del tocador, que tambien cayeron al suelo Kovac se situo detras de la silla, inclinado en un angulo incomodo para intentar inmovilizar al hombre. Con una suerte de aullido, Fallon echo la cabeza hacia atras y lo golpeo con gran fuerza en el puente de la nariz. Al instante, la sangre empezo a manar a borbotones.
– ?Maldita sea, Mike, para ya!
La sangre le resbalaba por el menton sobre el hombro, la oreja y el cabello de Fallon.
Sollozante, el anciano se arrojo sobre el tocador y de nuevo hacia atras, repitiendo el movimiento varias veces. Las fuerzas lo fueron abandonando, hasta que por fin apoyo el rostro entre fragmentos de vidrio y se limito a mover las manos en ademanes espasmodicos.
Kovac retrocedio un paso y se enjugo la nariz sangrante con la manga del abrigo mientras buscaba un panuelo. Se dirigio al lugar donde habia aterrizado la primera de las fotografias e intento darle la vuelta con el pie. Tenia los zapatos y el dobladillo del pantalon empapados de caminar por la nieve, pero hasta ese momento no habia percibido el frio Apenas si sentia los dedos de los pies.
Con el panuelo oprimido contra las fosas nasales para contener la hemorragia, se puso en cuclillas y cogio la
