alacenas bajas.
Vio que Speed adoptaba una de sus poses en la puerta. Se habia quitado el albornoz y dejado al descubierto una camiseta negra de Aerosmith que se tensaba sobre el pecho y el vientre plano. Las mangas apenas contenian los musculos bien definidos de sus brazos; tenia aspecto de haber hecho muchas pesas ultimamente. Se quito el panuelo de la cabeza y se alboroto el cabello corto, que no tardo en despeinarse en todas direcciones.
– ?Quieres hablar de ello? -pregunto.
– ?Desde cuando hablamos?
– Empecemos hoy -sugirio Speed con un encogimiento de hombros.
Saco una caja de bolsas de basura azul semitransparentes de una alacena y comprobo la resistencia de una de ellas.
– De momento servira.
– ?Para que?
– Alguien me ha roto la ventanilla del coche, y la verdad es que se pasa bastante frio.
– Malditos yonquis -mascullo Speed-. ?Te han robado algo?
– No.
– ?Solo te han roto la ventanilla?
– Y han revuelto el correo comercial que tenia acumulado.
– ?Seguro que solo era correo comercial? ?No habia recibos de la tarjeta de credito ni nada parecido? ?Facturas del movil quiza?
– No.
– Y no se han llevado el equipo de musica.
– Ya ves, ?quien iba a querer la radio de un Saturn?
– No me hace gracia que no se llevaran nada -comento Speed con el ceno fruncido.
– A mi tampoco -convino Liska mientras abria el cajon de los trastos en busca de un rollo de cinta adhesiva-. Ojala se hubieran llevado el coche. Se me ha encendido la luz del motor. Con un poco de suerte, el pobre sufre alguna enfermedad terminal.
– ?Estas trabajando en algo que pueda haber molestado a alguien? -inquirio su ex, rodeando el mostrador hasta donde Liska estaba doblando compulsivamente la bolsa de basura para dejarla reducida al cuadrado mas pequeno posible.
Liska penso en Fosforito, Cal Springer, Asuntos Internos, Ogden y los dos policias muertos. Meneo la cabeza con la mirada clavada en la bolsa.
– Nada en especial.
Esta demasiado cerca, penso. No quiero que se acerque tanto; esta noche no.
– Tengo entendido que el forense ya ha presentado su informe sobre el tipo de Asuntos Internos -senalo Speed-. Accidente, ?eh?
Liska se encogio de hombros y toco un rollo de cinta.
– De esa forma se puede cobrar el seguro.
– ?No estas de acuerdo?
– Eso da igual. Leonard dice que el caso esta cerrado.
– No da igual si vas a seguir investigando. ?Que piensas? ?Que la palmo por culpa de una investigacion? ?Crees que algun poli corrupto lo lincho? Eso es muy descabellado, Nikki ?Que podria estar sucediendo en el departamento de policia de Minneapolis para que alguien se la jugara tanto?
– No pienso nada -aseguro Liska, impaciente-. Y no se que pasa en Asuntos Internos. En cualquier caso, no importa. El teniente ha cerrado el caso.
– Muy bien, esta cerrado Estas fuera. Deberias de estar aliviada.
– Claro -suspiro Liska sin conviccion alguna, sabedora de que Speed la observaba, a la espera de oir lo que callaba.
– Nikki…
En la voz de Speed se detectaba frustracion y tal vez cierto anhelo… o algo mas. O quiza era lo que Liska queria creer. Speed le rozo la barbilla, y ella alzo la mirada hacia el, conteniendo el aliento.
Muchos aspectos de su relacion se habian ido al garete en los ultimos anos, pero no el fisico. Speed siempre la habia excitado, y para su eterna desesperacion, siempre la excitaria probablemente. A la quimica se le daban un ardite los celos, las rivalidades y la infidelidad.
– ?Os vais a besar?
– R. J. -dijo Liska mientras Speed lanzaba un suspiro-. Esas cosas no se preguntan. Es de mala educacion.
– ?Y?
El chiquillo no se habia limpiado toda la pintura de la cara. Liska se inclino y le beso una mancha de la frente.
– Y nada, que te quiero y que te vayas a la cama.
– Pero papa…
– Papa ya se iba -lo atajo Liska, lanzando una mirada significativa a Speed.
R. J. adopto una expresion mohina.
– Siempre haces que se vaya
– Vamos, Rocket -dijo Speed antes de levantar a su hijo sobre el hombro-. Te arropare y te contare lo de aquella vez, cuando detuve a Big Ass Baxter.
Liska los siguio con la mirada, en parte deseosa de seguirlos, no porque pretendiera dar la impresion de que llevaba una vida familiar normal, sino porque estaba celosa de la relacion que Speed mantenia con los chicos. No obstante, no le parecia una actitud saludable, como tampoco se lo parecia su necesidad de contacto con su ex.
Cogio la cinta adhesiva y la bolsa de basura, y salio por la puerta de la cocina, contenta al percibir el golpe de aire frio.
– Que bonito queda -mascullo al fijar la bolsa de basura a la ventanilla rota.
No habia nada como un buen pedazo de cinta adhesiva para embellecer un coche.
El barrio estaba en silencio. Era una noche clara y fria, con un cielo salpicado de mas estrellas de las que ella podia ver desde aquella zona de la ciudad. Su vecino trabajaba para United Way. Los del otro lado, un matrimonio, habian trabajado treinta y pico anos juntos en 3M. Ninguno de ellos habia visto jamas un cadaver ahorcado de una viga.
En medio de aquel barrio, de repente Liska se sintio muy sola, aislada de los seres humanos normales por culpa de las experiencias que habia vivido y viviria. Aislada por la violencia de que habia sido objeto.
Alguien a quien no conocia y no podia identificar tenia su direccion. Se volvio hacia la calle. Cualquier coche que pasara por alli… Cualquier par de ojos que la vigilara entre las sombras… Cualquier sonido inesperado delante de la ventana de su habitacion…
La vulnerabilidad no era una sensacion conocida ni agradable para ella, pero en aquel instante la acometio como un escalofrio de fiebre. La anticipacion del miedo. Debilidad. Sensacion de impotencia, de aislamiento.
Sintio deseos de pegar a alguien.
– Al fin solos.
Con un sobresalto, Liska giro sobre sus talones, reconociendo la voz una fraccion de segundo antes de ver el rostro que la acompanaba.
– ?Maldita sea, Speed! ?No entiendo como aun sigues vivo a estas alturas!
– Yo tampoco. La verdad es que creia que me matarias mucho antes -repuso su ex con una sonrisa que relucio en la oscuridad.
– Tienes suerte de que no llevara la pistola -refunfuno Liska.
– Si la llevaras, aun estarias a tiempo de usarla.
Embutio las manos en los bolsillos de la vieja chaqueta que llevaba, saco un paquete de Marlboro y encendio uno.
– No te dispararia ahora por nada del mundo -aseguro Liska-. Quiero que esta noche acabe cuanto antes, y si te disparara, me pasaria toda la noche en vela porque me detendrian, me ficharian y todo el rollo. No merece la pena.
