mermelada con el culo de whisky continuaba sobre la mesilla de noche y el suelo aun estaba salpicado de ropa sucia.
Kovac se quedo mirando la habitacion vacia, desconcertado, intentando desterrar de su mente las imagenes que se habia forjado. El hedor era mas penetrante alli. Sangre, excrementos, orina, el olor acre y metalico de la polvora. La puerta del cuarto de bano se alzaba frente a el. Estaba cerrada.
Se hizo a un lado, llamo con los nudillos y pronuncio de nuevo el nombre de Fallon, aunque en voz tan baja que apenas si lo oyo el. Por fin hizo girar el pomo y empujo la puerta.
La cortina de la ducha tenia aspecto de que alguien habia parido sobre ella, con parches ensangrentados de pelo y tejido adheridos a ella.
Iron Mike Fallon estaba sentado en su silla de ruedas en ropa interior, la cabeza y los hombros echados hacia atras, los brazos inertes a los lados. Las piernas escualidas, velludas e inutiles estaban apartadas hacia la izquierda. Tenia la boca abierta, al igual que los ojos, como si en el ultimo instante se hubiera dado cuenta de que la realidad de la muerte era bien distinta a lo que habia imaginado.
– Oh, Mikey -suspiro Kovac.
Por la fuerza de la costumbre, entro en el bano con cuidado, interiorizando los detalles de forma automatica mientras otra parte de su cerebro intentaba procesar la perdida. Mike Fallon lo habia adiestrado, habia sido un ejemplo para el, se habia convertido en una leyenda que imitar. Habia sido como un padre para el en muchos sentidos, o tal vez algo mejor, teniendo en cuenta la complicada relacion que sostenia con sus hijos. Ya habia sido terrible presenciar su amargura, su furia, su patetismo, verlo muerto en ropa interior constituia la humillacion definitiva.
La parte posterior de su craneo se habia volatilizado por el impacto. Un colgajo de cuero cabelludo se le habia adherido a un grupo de ensangrentados cabellos grises en la coronilla. La masa encefalica y numerosos fragmentos de hueso salpicaban el suelo. A la derecha de Fallon yacia un viejo revolver reglamentario del 38, arrojado alli como si su cuerpo hubiera sufrido una fuerte sacudida en el momento de la muerte.
Iron Mike Fallon, otro policia que ponia fin a su vida con el arma que habia llevado para proteger a la gente. Solo Dios sabia cuantos acababan igual cada ano. Demasiados. Pasaban toda su carrera profesional como parte de una hermandad, pero morian solos, porque ninguno de ellos sabia como afrontar el estres, y todos temian confesar sus debilidades. No importaba si ya habian devuelto la placa. Un policia era un policia hasta el dia de su muerte.
Y ese dia habia llegado para Mike Fallon. El dia del entierro de su hijo.«Los padres no deberian sobrevivir a los hijos, Kovac. Deberian morir antes de que sus hijos les rompan el corazon.»
Kovac llevo dos dedos al cuello del anciano. Pura formalidad, aunque conocia a personas que habian sobrevivido a semejantes heridas. O mejor dicho, conocia a algunos cuyos corazones habian seguido latiendo durante un tiempo porque el dano habia tenido lugar en algun rincon menos importante de su cerebro. Claro que eso no era sobrevivir.
La piel de Fallon estaba fresca. El rigor mortis empezaba a hacer su aparicion en el rostro y el cuello, aunque todavia no en el torso. Sobre la base de esa observacion, Kovac calculo que habria muerto cinco o seis horas antes, es decir, a las dos o las tres de la madrugada. El instante mas solitario de la noche. Las horas parecian eternas cuando uno yacia despierto en la cama, con la mirada fija en las realidades mas lugubres de su vida.
Kovac salio de la habitacion y de la casa, y se detuvo en la escalinata de entrada con la mirada perdida. Encendio un cigarrillo y se lo fumo, sintiendo que sus dedos se ponian rigidos por el frio. Tenia los guantes en los bolsillos, pero no se molesto en ponerselos. A veces, el dolor sentaba bien. Dolor fisico como afirmacion de la vida, como reconocimiento de un sufrimiento mas hondo.
Deseo tomarse un whisky y brindar por el viejo, pero tendria que esperar. Apago el cigarrillo y saco el telefono movil.
– Aqui Kovac, de Homicidios. Envienme a los tecnicos forenses; tengo un cadaver. Y manden a los mejores. Era uno de los nuestros.
Estaba sentado en la escalinata, con el trasero bien envuelto en la trenca, fumandose el segundo cigarrillo, cuando llego Liska.
– Joder, Tinks, ?que pretendes, acojonar a todo el barrio? -exclamo cuando su companera se apeo del Saturn con la ventanilla improvisada.
– ?Crees que el jefe de la patrulla de vigilancia del barrio llamara a la policia? -quiso saber Liska mientras se acercaba.
– Lo mas probable es que te dispare por la calle. Primero dispara y luego haz preguntas. America a las puertas del nuevo milenio.
– Si tengo un poco de suerte, le dara al deposito de gasolina y volara este maldito trasto -mascullo Liska-. No me vendria mal un poco de buen rollo esta semana.
– Ni a mi -convino Kovac.
Senalo con la cabeza el coche mientras Liska subia los peldanos nevados, haciendo caso omiso de la rampa para la silla de ruedas, que estaba despejada.
– ?Que ha pasado?
– Otra victima de la degeneracion moral de este pais. En la rampa del aparcamiento Haaf, ni mas ni menos - explico Liska sin darle mas importancia.
– El mundo se va al garete por momentos.
– Ya, pero eso es lo que nos da de comer.
– ?Te han robado algo?
– Que yo sepa no. No habia nada de valor, excepto mi direccion en el correo comercial.
– Eso no me gusta -dijo Kovac con el ceno fruncido.
– Bueno, en fin… ?No te decia tu madre que te saldrian almorranas de sentarte sobre hormigon frio?
– No -nego Kovac, incorporandose con dificultad-, me decia que me quedaria ciego si me la cascaba.
– Que imagen tan desagradable.
– No tanto como la que veras dentro.
Kovac se inclino para apagar el cigarrillo y arrojar la colilla por el costado de la escalinata, tras un arbusto de enebro. Ambos guardaron silencio durante un momento mientras una tension incomoda se formaba a su alrededor.
– Lo siento mucho, Sam -murmuro Liska por fin-. Se que significaba mucho para ti.
– Siempre son los mas duros los que acaban metiendose el arma en la boca -suspiro Kovac.
Liska le propino un leve empujon.
– Si me haces eso, te resucito para poderte pegar un tiro yo misma.
Kovac intento sonreir, pero no pudo, de modo que desvio la mirada hacia la casa contigua. El vecino de Fallon tenia siluetas de conglomerado de los Reyes Magos delante del ventanal, dirigiendose a visitar al Nino Jesus. Un schnauzer estaba meando sobre la pata de uno de los camellos.
– No soy tan duro, Tinks -confeso.
Tenia la sensacion de que toda su armadura se habia oxidado y empezaba a desmoronarse capa por capa, dejandolo expuesto y vulnerable. ?Que podia ser peor que eso? ?Ser demasiado duro para sentir, demasiado distante para conmoverse, o bien ser abierto para dejarse rozar por las vidas y las emociones de otras personas, para experimentar el dolor de ese roce? Menuda eleccion para un dia como aquel. Es como intentar decidir si prefieres que te apunalen o te maten de una paliza, penso.
– Me alegro -repuso Liska.
Le rodeo la espalda con un brazo y apoyo la cabeza en su hombro un instante. El contacto resultaba reconfortante, como agua fresca sobre una quemadura.
Mejor ser abierto, decidio acerca de la pregunta original. Rodeo a su vez los hombros de su companera.
– Gracias -musito.
– De nada, de verdad -replico Liska muy solemne al tiempo que se apartaba-. A fin de cuentas, tengo una reputacion que mantener. Y hablando de reputaciones… Adivina a quien he visto esta manana desayunando en el famoso establecimiento Chez Cheap Charlie's.
Kovac espero.
– A Cal Springer y Bruce Ogden.
