– ?Para quien trabajamos, Elwood?

– ?En sentido tecnico o figurado?

– ?Para quien trabajamos, Elwood?

Kovac los habia educado bien a todos.

– Para la victima.

– Pues mi jefe no ha prescindido aun de mis servicios -espeto Liska sin atisbo de su sentido del humor habitual.

Elwood lanzo un suspiro.

– Oye, Tinks, para estar tan decidida a ascender, la verdad es que dedicas mucho tiempo a exponerte al fracaso.

– Cierto -convino ella mientras sacaba las llaves del coche del bolsillo del abrigo-. Soy un cumulo de contradicciones.

Capitulo 16

El mundo esta lleno de tragedias, sargento Kovac.

La voz de Savard retumbaba en su cabeza una y otra vez mientras se dirigia a casa de Mike Fallon, y mentalmente la hacia sonar ronca y sensual. Asimismo, procuraba visualizar el juego de luces y sombras de su rostro de un modo mas espectacular, y la expresion de sus ojos, llena de misterio.

Esa parte era cierta. Amanda Savard era un rompecabezas, y a Kovac siempre le habian parecido tentadores en extremo los rompecabezas. De hecho, se le daban bastante bien, aunque intuia que aquel presentaria mas dificultades que la mayoria y que las posibilidades de obtener alguna recompensa eran infimas. Savard no agradeceria sus esfuerzos, de eso estaba convencido.

«Puede llamarme teniente Savard.»

– Amanda -dijo en voz alta y desafiante.

A Savard le haria menos gracia saber que pronunciaba su nombre cuando estaba a solas que oirselo decir en su presencia. No podia machacarlo si no lo oia, y el control era su maxima prioridad. Kovac se preguntaba por que, que acontecimientos la habrian convertido en la mujer que era.

– ?Cual es tu tragedia, Amanda?

No llevaba alianza ni tenia fotografias de media naranja alguna en el despacho. Tampoco parecia ser de las mujeres que se dedican a recorrer los bares en busca de un tipo capaz de propinar semejante paliza.

No se tragaba el cuento de la caida; la ubicacion de las heridas resultaba demasiado sospechosa. Nadie caia de cara. La reaccion natural al caer era extender las manos para no lastimarse como ella se habia lastimado, y en sus manos no se apreciaba herida alguna.

La idea de que alguien pegara a una mujer lo ponia enfermo, y la idea de que aquella mujer en concreto lo consintiera lo desconcertaba por completo.

Desterro de su mente esas preguntas al llegar a casa de Mike Fallon. No habia ningun coche aparcado junto al bordillo ni en la entrada Nadie acudio a abrir la puerta.

Kovac saco el telefono movil y marco el numero de Mike, que llevaba garabateado en un papel. Nadie contesto. Imaginaba que Mike estaba dormido o inconsciente a causa de los tranquilizantes o el alcohol, y ambas posibilidades le parecian bien. Lo que en realidad queria era poder pasar algunos minutos solo en la casa.

Fue a echar un vistazo al garaje. El coche de Mike estaba alli. Rodeo la casa y cogio la llave escondida bajo el felpudo.

En la casa reinaba el mas absoluto silencio. No se oia el sonido distante del televisor, la radio ni el agua de la ducha. Mike debia de estar fuera de combate. Que durmiera cinco o diez minutos mas antes de tener que enfrentarse al entierro de su hijo.

Kovac se dirigio al mostrador de la cocina, atestado de frascos de medicamentos que permitian a Mike seguir funcionando, y los reviso uno a uno. Prisolec, Darvocet, Amblen.

Amblen, alias zolpidem, el barbiturico encontrado en la sangre de Andy Fallon. Kovac se quedo mirando el frasco con el pecho encogido. Por fin abrio la tapa de seguridad y escudrino el interior. Vacio. La receta era de treinta comprimidos con instrucciones de tomar uno al acostarse en caso de necesidad. La fecha de la receta era del 7 de noviembre.

Con toda probabilidad era una coincidencia que padre e hijo tomaran el mismo medicamento para perder el mundo de vista. Amblen era un somnifero bastante comun. Sin embargo, no habia encontrado ningun frasco del medicamento en casa de Andy Fallon, lo que se le antojaba extrano. Si lo habia tomado la noche de su muerte, ?donde estaba el frasco? Ni en el botiquin, ni en la basura ni en la mesilla de noche. El frasco de Mike estaba vacio, pero podia haberse tomado el solo todos los comprimidos segun las instrucciones. Por otro lado, si «en caso de necesidad» significaba una o dos veces por semana, entonces quedaban muchos comprimidos sin explicar.

Kovac barajo distintas posibilidades aun no comprobadas. Ninguna de ellas era agradable, pero a fin de cuentas, tal era la naturaleza de su trabajo y asi funcionaba su mente a causa del trabajo. No podia permitirse el lujo de confiar, descartar ni filtrar posibilidades a traves de una criba de negacion, que era lo que hacia la mayoria de la gente. A decir verdad, esa situacion no lo agobiaba ni lo deprimia, como sucedia a algunos de sus companeros de profesion. La sencilla realidad del mundo era que la gente, incluso personas por lo demas decentes, cometian con regularidad actos desagradables contra otras personas, incluso contra sus propios hijos.

No obstante, no se le ocurria ninguna alternativa en la que Mike Fallon desempenara un papel directo en la muerte de su hijo. Las limitaciones fisicas del anciano lo hacian imposible. Suponia que Andy podia haber cogido las pastillas del frasco de su padre, pero eso tampoco lo convencia. O bien podia haberselas proporcionado un amigo. Recordo una vez mas las sabanas y las toallas de la lavadora, asi como los escasos platos limpios en el lavavajillas.

– ?Eh, Mike! ?Estas despierto? -llamo.

No obtuvo respuesta.

Dejo el frasco sobre el mostrador y salio de la atestada cocina. En la casa reinaba una quietud que no le gustaba, como si estuviera desierta. Tal vez Neil habia ido a buscar a Mike, pero aun faltaban varias horas para el funeral. Quiza Mike tenia otros parientes que en aquellos instantes le ofrecian consuelo y cafe mientras pronunciaban las palabras apropiadas, pero Kovac no lo creia. Siempre habia conocido a Mike Fallon en un contexto de soledad, aislado primero por su dureza y mas tarde por su amargura. Costaba imaginar que alguien lo quisiera del modo en que los miembros de las familias unidas se quieren unos a otros. Claro que Kovac tampoco sabia mucho del tema, ya que su propia familia estaba esparcida a los cuatro vientos y nunca veia a sus parientes

Cruzo las habitaciones vacias de la casa de Mike Fallon y se pregunto si estaba presenciando su propio futuro.

– Mike, soy Kovac -llamo de nuevo, enfilando el corto pasillo que conducia a los dormitorios.

Lo primero que noto fue el olor. No era abrumador, pero si inconfundible. El miedo se apodero de su pecho como un yunque, y el corazon le latia como un puno llamando rabioso a una puerta.

Mascullo un juramento entre dientes y desenfundo la Glock mientras abria con el pie la puerta del dormitorio de invitados. No habia nadie, tan solo dos camas individuales vacias cubiertas con colchas de chenilla blanca y un retrato color sepia de Jesus colgado en un marco barato de la pared.

– ?Mike?

Avanzo hacia la puerta del dormitorio de Fallon, sabiendo ya lo que habia sucedido. Las imagenes de lo que encontraria al otro lado de la puerta surcaban su mente sin cesar, pero aun asi se aparto de ella al hacer girar el pomo. Respiro hondo y abrio la puerta con el pie.

La habitacion se hallaba sumida en el mismo desorden de la ultima vez. Las fotografias que Fallon habia destrozado seguian apiladas en el lugar donde Kovac las habia dejado. La cama estaba sin hacer, el tarro de

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