– Imagino que tiene usted mucho trabajo, sargento -dijo Savard

Acerco la silla a la mesa con la esperanza de que el movimiento no le provocara otro mareo ni la hiciera vomitar. Kovac permanecio inmovil. A Savard no le hacia ni pizca de gracia su proximidad, pues podia levantar la mano y tocarle el cabello, tocarle el rostro como habia hecho hacia un instante.

Tampoco le gustaba verlo tras su mesa. Aquel era su espacio, Kovac habia derribado sus defensas, y Savard imaginaba que lo sabia.

– No quiere hablar de Andy Fallon, teniente -constato el detective en un murmullo-. ?Por que?

Savard cerro los ojos exasperada y volvio a abrirlos al cabo de un instante.

– Porque ha muerto y me siento responsable.

– Cree que deberia haberlo previsto. A veces no se puede, ?sabe? A veces uno espera una cosa, pero la vida le da un punetazo desde otra direccion -dijo, imitando un lento gancho de izquierda que termino a escasos centimetros de su perjudicado ojo izquierdo.

– Seguro que tiene algun asesinato real que investigar -espeto Savard sin apartar la mirada de el-. Le sugiero que ponga manos a la obra.

Kovac la observo mientras descolgaba el telefono para escuchar los mensajes. El detective no parecia muy contento, pero por otro lado, nunca lo habia visto contento. Tal vez nunca lo estaba.

Otra cosa que tenemos en comun, sargento, penso.

Kovac rodeo la mesa a reganadientes y cogio su sombrero.

– No siempre es sabio ser valiente, Amanda -sentencio.

– Puede llamarme teniente Savard.

– Lo se -replico el con un atisbo de sonrisa-, pero queria oir como suena… Cuando fue a ver a Andy Fallon el domingo por la noche, ?tomo una copa de vino?

– No bebo. Tomamos cafe.

– Aja. ?Sabia que Andy cambio las sabanas e hizo la colada antes de suicidarse? Curioso, ?no le parece?

Savard permanecio en silencio.

– Nos vemos en el funeral -prosiguio Kovac antes de salir. Savard lo siguio con la mirada mientras el contestador repetia mensajes sin que ella los oyera.

Capitulo 15

Desde hacia cuarenta anos, a los agentes uniformados les gustaba desayunar en un bar llamado Cheap Charlie's, situado en tierra de nadie al noreste del auditorio. Era un establecimiento cutre, de fachada de los cincuenta mugrienta, que habia desafiado el ciclo de progreso, recesion, refinamiento y demas fenomenos que habian tenido lugar en la zona a lo largo de los anos de su existencia. Cheap Charlie's no tenia necesidad alguna de cambiar. Su clientela se componia de policias. Los tiempos cambiaban, pero los policias siempre eran policias; la tradicion lo era todo.

Con toda probabilidad, Mike Fallon ya comia alli cuando era un novato, se dijo Liska mientras observaba el lugar a traves de la bolsa azul que hacia las veces de ventanilla. Habia tenido la suerte de encontrar un hueco para aparcar en el momento en que salia un coche patrulla.

Tambien ella habia comido alli cuando era novata. A buen seguro, a todos los habia servido la misma camarera, una mujer apodada Mejillas. En sus mejores dias, antes del auge de la fotografia moderna, Mejillas tenia aspecto de ardilla con la boca llena de avellanas. Era toda mejillas, sin barbilla y con nariz diminuta. Sin embargo, la gravedad habia intervenido de forma contundente, hasta el punto de que Papada habria resultado un mote mas apropiado, pese a lo cual seguian llamandola Mejillas.

Esa manana trabajaba detras de la barra, una muneca encogida de ojos rasgados y una torre vacilante de cabello tenido de negro que servia cafe mientras fumaba un cigarrillo, desafiando todas las normativas sanitarias vigentes. Sin embargo, ningun policia habria osado llamarle la atencion, y el lugar era un autentico mar de uniformes y bigotes. Tambien desayunaban alli muchos detectives, entre ellos Kovac. Cosas de la tradicion.

Se acerco a la barra y ocupo un taburete vacio junto a Elwood Knutson mientras paseaba la mirada por el establecimiento.

– Vaya, Elwood, creia que eras una persona demasiado ilustrada para comer aqui.

– Lo soy -aseguro su companero mientras miraba su plato, en el que aun se veian los vestigios del beicon y los huevos-. Sin embargo, he decidido probar con la dieta alta en proteinas, y no se me ocurria mejor sitio que este para desayunar. Esta tan pasado de moda que vuelve a estar de moda. ?Y que me dices de ti? ?Que excusa tienes para venir?

– Hace mucho tiempo que no sufro un buen ardor de estomago.

– Y has decidido darte un atracon.

– Bingo -mascullo Liska al divisar a Ogden.

El agente estaba sentado en un reservado y tenia aspecto de no haber ido de vientre en mucho tiempo. Desde donde se encontraba no alcanzaba a ver a su acompanante y destinatario de tan cenuda expresion.

Elwood no se volvio, sino que se dedico a observar a Liska.

– ?Se trata de algo que deberia saber?

– Algo que quiza sepas. ?Recuerdas el asesinato del agente Curtis? Se lo cargaron cuando estaba fuera de servicio.

– Si, formo parte de una serie de crimenes contra homosexuales. Obra de un asesino en serie potencial.

– Eso dicen. ?Que sabes del acoso contra homosexuales en el departamento?

Elwood mordisqueo pensativo una tira de beicon. Llevaba un sombrero color piel de raton con la parte delantera del ala vuelta hacia arriba.

– Bueno, lo que se es que me parece deplorable acosar o discriminar a una persona a causa de su orientacion sexual -arengo-. ?Quien es nadie para elegir por los demas? El amor es un fenomeno infrecuente…

– Gracias, un discurso admirable. Enviare tu direccion a los de libertades civiles -lo atajo Liska con sequedad-. No me referia a ti, Elwood.

– ?Pues a quien te refieres?

Liska miro discretamente a su alrededor para comprobar si alguien los escuchaba, con la esperanza de que asi fuera.

– A los agentes uniformados. ?Que pasa en las trincheras? Dejando a un lado la actitud politicamente correcta del departamento, ?que piensa la base? Tengo entendido que Curtis habia presentado una queja a Asuntos Internos porque se sentia acosado. ?Que sucedio realmente? ?Acaso todavia admiten a trogloditas en el club? Creia que eso se habia acabado con lo de Rodney King y los disturbios de Los Angeles.

– Por desgracia, el trabajo los atrae -comento Elwood-. Es por la placa. Les gusta mas que a un mono una moneda brillante.

El agente sentado al otro lado de Liska fulmino a Elwood con la mirada.

– Tal vez fuera orangutan en otra vida -susurro Liska.

Tomo un sorbo del cafe que Mejillas le habia servido y de inmediato recordo que al Saturn le tocaba cambio de aceite.

– En cualquier caso, la investigacion del caso Curtis fue una cagada impresionante.

– La llevo Springer, y la cago desde el principio.

– Cierto, pero fue un agente el que fastidio esa investigacion, segun tengo entendido. Una bestia parda que se llama Ogden. ?Lo conoces?

– Me temo que no frecuentamos los mismos circulos.

– Me preocuparia mucho si asi fuera -replico Liska mientras se bajaba del taburete.

Camino hacia el fondo del establecimiento, devolviendo saludos sin mirar, pues no queria perder de vista a Ogden. El agente no habia reparado en su presencia, y la conversacion que sostenia con su acompanante empezaba a subir de tono. Le habria gustado acercarsele por la espalda para sorprenderle, pero el restaurante era demasiado estrecho. Por fin, Ogden la vio y se levanto con tal brusquedad que a punto estuvo de volcar el

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