zumo de naranja.

– Yo que usted me inclinaria por el zumo de ciruela -comento Liska-. Dicen que los anabolizantes estrinen de lo lindo.

– No se de que me habla -refunfuno Ogden-. No me meto anabolizantes.

La replica quedo ahogada en la garganta de Liska cuando vio por primera vez al acompanante de Ogden. Era Cal Springer, y no habria parecido mas culpable si lo hubieran sorprendido con una puta.

– Vaya, Cal, con que companias mas interesantes te mueves. ?Es asi como te congracias con Asuntos Internos? ?Viendote con el tipo que, segun dices, jodio tu investigacion? Puede que la gente este equivocada respecto a ti. Puede que realmente seas tan idiota como pareces.

– ?Por que no te metes en tus propios asuntos, Liska?

– No seria una buena detective si hiciera eso, ?no te parece? -senalo Liska-. Mira, Cal, no voy a por ti. Lo unico que digo es que queda bastante mal. Deberias pensar en ello si pretendes meterte en politica.

Springer se volvio hacia la ventana, pero carecia de vistas, porque el vidrio estaba empanado de humo, vapor y grasa aerotransportada.

– ?Donde anda tu companero, Cal? -inquirio Liska-. Tengo que hablar con el.

– Esta de vacaciones. Dos semanas en Hawai.

– Que suerte.

Springer tenia aspecto de haber preferido pasar dos semanas en el infierno a sostener aquella conversacion.

Liska se volvio hacia Ogden.

– ?Como es que usted y su companero aparecieron en casa de Fallon? -le pregunto a bocajarro.

Ogden se rasco la cabeza por debajo de la gorra de plato. Su cuero cabelludo era una extension blanquecina salpicada de cabellos cortos y finos.

– Oimos el aviso por radio.

– Y casualmente pasaban por alli.

– Exacto.

– Que potra, ?no?

Los ojillos de Ogden parecian cuentas insertadas en plastilina. Al oir las palabras de Liska irguio los hombros.

– No me gusta su actitud, Liska.

– ?Que a usted no le gusta mi actitud? -exclamo ella con una carcajada-. Le dire una cosa, Toro Salvaje - murmuro mientras se inclinaba hacia el-. Usted se encuentra a varios eslabones por debajo de mi en la cadena policial, de modo que yo puedo tener con usted la actitud que me de la gana, y le aseguro que nadie escucharia sus quejas. En cambio, si a mi no me gusta su actitud, y no me gusta un pelo, tenemos un problema… asi que se lo vuelvo a preguntar. ?Que hacian alli?

– Ya se lo he dicho, oimos el aviso.

– Burgess fue el primero en responder y el primero en llegar.

– Creimos que podia necesitar ayuda.

– Con un cadaver.

– Iba solo y tenia que acordonar la zona.

– Asi que usted y Rubel fueron a pisotearlo todo, y por pura casualidad, la victima resulto ser el investigador de Asuntos Internos que iba detras de usted por la cagada de Curtis.

– Exacto.

Liska sacudio la cabeza, maravillada.

– ?Que pasa, Ogden? ?Estaba usted en el lavabo cuando repartieron cerebros? ?En que narices estaba pensando? ?Acaso quiere que los de Asuntos Internos vuelvan a tocarle los cojones?

Ogden miro a su alrededor, fulminando con la mirada a todo aquel que parecia estar escuchando la conversacion.

– Respondimos a una llamada. ?Como ibamos a saber que la victima era Fallon?

– Pero cuando lo descubrieron, se quedaron, dejaron sus huellas por toda la casa…

– ?Y que? El tipo se suicido; no se lo cargo nadie.

– Eso no lo sabia en ese momento ni tampoco ahora. Y en cualquier caso, no le corresponde a usted tomar semejantes decisiones mientras lleve uniforme.

– El medico forense declaro que fue un suicidio -insistio el agente-. No fue un asesinato.

– Tampoco era un partido de futbol, pero aun asi no pudo resistir la tentacion, ?verdad? ?Tomo un par de Polaroids para ensenarselas a los demas homofobos en el vestuario?

Ogden se aparto de la mesa. Liska intento plantarle cara, pero se vio obligada a retroceder un paso. Una enorme vena palpitaba en zigzag en la frente de Ogden, como si de un relampago se tratara. Sus ojos eran frios e impavidos como cristales de nieve. Un escalofrio de temor instintivo la recorrio de pies a cabeza, lo cual la asusto, pues el miedo no era un acompanante habitual.

– No respondo ante usted, Liska -mascullo Ogden en tono sereno y tenso a la vez.

Liska sostuvo su mirada, sabedora de que intentaba herir a un toro con una astilla. Tal vez no habia sido el ataque mas inteligente, pero era el que habia elegido y no le quedaba mas remedio que seguir adelante.

– Si vuelve a joder otro de mis escenarios, Ogden, le aseguro que no tendra que responder ante nadie, porque dejara de llevar placa.

La vena palpitaba como algo sacado de una pelicula de terror, y el rostro granitico se torno livido.

– Vamos, B. O. Larguemonos.

Liska sabia que debia de tratarse del companero de Ogden, Rubel, que se acercaba desde la parte delantera del establecimiento. Sin embargo, no se volvio para mirar, pues no queria dar la espalda a Ogden. El hombre no parecia poder apartar la mirada de ella. La furia se acumulaba en su pecho con cada respiracion acelerada. Liska lo veia, lo percibia.

De repente acudieron a su memoria las fotografias del asesinato de Curtis. Furia. Ensanamiento. Un craneo humano aplastado como una calabaza.

La gente los miraba ahora abiertamente. Cal Springer se levanto y se abrio paso hacia la puerta, rozando casi a Rubel al pasar.

– Vamos, B. O., larguemonos de una vez -insto Rubel.

Por fin, Ogden se volvio hacia el, y la tension se disipo en un instante. Liska contuvo un suspiro de alivio mientras Rubel la miraba a traves de las gafas de espejo.

Sin lugar a dudas, era el mas apuesto de los dos, un hombreton de cabello oscuro, mandibula cuadrada, cuerpo identico al del David de Miguel Angel. Debia de ser el cerebro de la pareja, supuso Liska mientras Rubel conducia a su companero a la salida, sacando a Ogden del apuro, como aquel dia en casa de Fallon.

Los siguio afuera; se dirigian al aparcamiento de la esquina.

– ?Eh, Rubel! -llamo.

El agente se volvio hacia ella.

– Tengo que hablar con usted a solas. Venga a las oficinas de Investigacion Criminal cuando acabe su turno.

El agente no respondio, y su expresion no cambio. El y Ogden se alejaron, ocupando entre ambos la acera entera.

Si la muerte de Andy Fallon no hubiera sido declarada accidente o suicidio, Ogden habria encabezado la lista de sospechosos. ?Era idiota por haber aparecido en el escenario del crimen? Tal vez no. Responder al aviso le habia brindado una oportunidad inmejorable para esparcir sus huellas por toda la casa de Andy Fallon.

?Como se obliga a un hombre a ahorcarse?

Sintio otro escalofrio. Sabia que no tenia nada que ver con el frio, sino con el hecho de que estaba mirando a otro policia en un intento de averiguar que tenia de turbio.

La campanilla de la puerta de Cheap Charlie's tintineo.

– Llamame tiquismiquis si quieres, pero creia que no investigabamos casos cerrados -comento Elwood al salir.

Liska siguio observando a los agentes, que en aquel instante subian a un coche patrulla, Rubel al volante, Ogden junto a el. El coche bajo un tanto cuando se acomodo en su asiento.

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