pesa demasiado y los mata de un modo u otro. Le estoy dando la oportunidad de liberarse de la suya.
– No me hace falta.
– Su amigo va a ser enterrado hoy. Si sabe usted algo, no quedara enterrado con el, Steve. Lo llevara colgado del cuello hasta que se lo quite.
– No se nada -aseguro Pierce con una carcajada ronca que provoco una nube de humo y vapor-. No se una mierda.
– Si estuvo alli aquella noche…
– No se a quien se tiraba Andy, sargento -espeto Pierce con amargura, haciendo que varias personas que entraban en la iglesia se volvieran hacia el-. Pero no era a mi.
Le sobresalian los tendones del cuello, y tenia el rostro tan rojo como el cabello. Sus ojos se habian convertido en dos ranuras azules llenas de veneno y lagrimas. Arrojo el cigarrillo al suelo y aplasto la colilla con la puntera de su zapato caro.
– Y ahora, si me disculpa, soy portador del feretro y tengo que ayudar a transportar el cadaver de mi mejor amigo.
Kovac lo dejo marchar y apuro su cigarrillo, pensando que mucha gente lo habria tachado de cruel por lo que acababa de hacer, pero el no lo creia. Penso en Andy Fallon ahorcado de la viga. Lo que hacia, lo hacia por la victima. La victima estaba muerta, y habia pocas cosas mas crueles que la muerte.
Aplasto el cigarrillo, recogio las dos colillas y las arrojo a una maceta situada cerca de la puerta. A traves del vidrio vio que habian introducido el feretro en la nave desde un pasillo lateral, y un hombre corpulento de la funeraria daba instrucciones a los portadores del ataud. Neil Fallon estaba algo apartado con el rostro impavido. Ace Wyatt apoyo una mano en el hombro del director de la funeraria y le susurro algo al oido. Gaines, el superasistente, permanecia en las inmediaciones, dispuesto a hacer cabriolas, dar la patita o lamer algun culo.
– ?Va a entrar, sargento, o piensa presenciar el espectaculo desde el gallinero?
Kovac observo con ojos entornados el vago reflejo que habia aparecido junto al suyo en el vidrio. Era Amanda Savard con su look de Veronica Lake. Gafas de sol sobredimensionadas y la cabeza envuelta en el chal. Pero no era un
– ?Que tal la cabeza? -se intereso.
– Lo unico que me duele es el orgullo.
– Ya. Al fin y al cabo, ?que es una conmocion de nada para una mujer dura como usted?
– Una verguenza -replico ella-. Preferiria que dejaramos pasar el tema.
Kovac estuvo a punto de echarse a reir.
– No me conoce bien, teniente.
– No lo conozco en absoluto -puntualizo Savard mientras apoyaba una de sus pequenas manos enguantadas en el picaporte-. Y quiero seguir asi.
Era como si le estuviera agitando una bandera roja delante de las narices, penso Kovac. Se pregunto si se daria cuenta, y en tal caso, a que estaba jugando.
«Ya, tu y la teniente de Asuntos Internos. Y que mas, Kovac.»
– Nunca dejo pasar un tema -aseguro, obligandola a mirarlo por encima del hombro-. Creo que le conviene saberlo.
Inescrutable tras las gafas oscuras, Savard guardo silencio y entro en la iglesia. Kovac la siguio. Se la estaba ganando. La procesion formada por ataud y deudos habia recorrido el pasillo. El organista tocaba otra deprimente cancion funeraria.
Savard escogio un asiento al fondo de la nave, en un banco vacio, e hizo caso omiso de Kovac cuando este se sento junto a ella. Savard no canto el himno, no se unio a las oraciones ni a los responsos. En ningun momento se quito las gafas ni el chal; ni siquiera se desabrocho el abrigo. Como si de un capullo se tratara, la ropa la aislaba de los pensamientos del mundo exterior, permitiendola concentrarse en el recuerdo de Andy Fallon.
Kovac la observaba por el rabillo del ojo, diciendose que era un imbecil por tentar al diablo de ese modo. A una palabra de ella, quedaria suspendido. Por otro lado, no parecia mala idea dar la impresion, al menos de momento, de que se habia aliado con Asuntos Internos, aunque a decir verdad, a ninguno de los presentes parecia importarles lo mas minimo.
Todos ellos, no solo Amanda Savard, parecian absortos en sus propios pensamientos. Nadie oia realmente las palabras del cura, que no conocia a Andy Fallon de nada y solo podia hablar de el porque alguien lo habia puesto en antecedentes de los rasgos mas importantes. Como sucedia en casi todos los funerales, no importaba que dijera el clerigo, sino los recuerdos que acudian a la mente de cada persona, los albumes mentales y emocionales de experiencias compartidas con el difunto.
Mientras estudiaba cada rostro, Kovac se pregunto si alguno de los deudos ocultaria recuerdos de momentos intimos con Andy Fallon, recuerdos de pasiones compartidas, de perversiones compartidas. ?Cual de aquellas personas podia haber ayudado a Andy Fallon a colocarse la soga alrededor del cuello para luego dejarse vencer por el panico al ver que las cosas salian mal? ?Cual de ellos conocia la pieza ausente del estado de animo de Andy Fallon, la razon por la que se habria suicidado?
?Le importaria todo aquello a alguno de ellos? El caso estaba cerrado, a fin de cuentas. El sacerdote fingia que la palabra «suicidio» nunca se habia mencionado en relacion con el nombre de Andy Fallon. Una hora mas tarde, Andy Fallon yaceria bajo tierra y se convertiria en un recuerdo cada vez mas vago.
Llego el momento de las elegias. Neil Fallon se removio en su asiento, mirando furtivamente a su alrededor para comprobar si alguien se fijaba en que no se habia levantado para hablar en el funeral de su unico hermano. Steve Pierce se miro los zapatos con aspecto de que le costaba respirar. Kovac sentia una presion similar en el pecho. Los loqueros denominaban las situaciones de carga emocional extrema como aquella «precipitadores de estres», desencadenantes de acciones, confesiones, testimonios. Pero aquello era Minnesota, un lugar donde la gente no era dada a hablar con franqueza de sus emociones, y el momento paso sin llegar a mayores.
Savard se levanto, se quito el abrigo y, sin despojarse de las gafas y la bufanda, camino hacia el altar con el porte y la elegancia de una reina. El sacerdote se aparto para permitirle ocupar el pulpito.
– Soy la teniente Amanda Savard -se presento en tono sereno y firme a un tiempo-. Andy trabajaba para mi. Era un buen policia, un investigador concienzudo y de talento, asi como una persona maravillosa. Todos somos afortunados por haberlo conocido y desgraciados por haberlo perdido de forma tan precoz. Gracias.
Un discurso sencillo y elocuente. Savard regreso a su banco con la cabeza inclinada. Misteriosa. Kovac se levanto y salio al pasillo para dejarla pasar. La gente volvia la cabeza. Sin duda la miraban a ella y probablemente se preguntaban como un tipo como el habia acabado sentado junto a una mujer como ella.
Kovac les devolvio una mirada desafiante. Sus ojos se encontraron con los de Steve Pierce por un instante, pero el hombre desvio la vista de inmediato. Ace Wyatt se levanto y se ajusto los gemelos antes de subir al pulpito.
– Dios mio -refunfuno Kovac, y se santiguo a toda prisa al ver que una mujer le lanzaba una mirada escandalizada-. Ese tipo es increible. Cualquier ocasion le parece buena para salir en la prensa.
Savard lo miro con una ceja enarcada.
– Seria capaz de sacar el culo por la ventana de un decimo piso y entonar el himno nacional a pedos si creyera que eso le proporcionaria publicidad.
Los labios de Savard se curvaron en una levisima sonrisa.
– Conozco al capitan Wyatt desde hace mucho tiempo.
– Vaya metedura de pata, ?eh? -suspiro Kovac con una mueca de dolor.
– Hasta el fondo.
– Siempre lo hago. Asi me va.
– Conoci a Andy Fallon cuando era un nino -empezo Wyatt con el talento dramatico de un actor aficionado.
El hecho de que estuviera a punto de convertirse en una estrella de la television nacional daba fe de la degeneracion del gusto americano.
– No lo conocia demasiado bien personalmente, pero se de que pasta estaba hecho. Estaba hecho de valor, integridad y determinacion. Lo se porque trabaje codo con codo con su padre, Iron Mike Fallon. Todos conociamos a Iron Mike. Todos respetabamos al hombre y sus opiniones, y temiamos su mal genio si la fastidiabamos. No he conocido en toda mi vida a mejor policia que el… Por ello, es para mi motivo de profunda afliccion anunciarles que
