Mike Fallon fallecio anoche.
Un murmullo de asombro recorrio la multitud. Savard dio un respingo como si le hubiera dado la corriente, su piel ya palida palidecio aun mas, y su respiracion se torno superficial y entrecortada.
– Deprimido por la muerte de su hijo… -prosiguio Wyatt.
Kovac se inclino hacia Savard.
– ?Se encuentra bien, teniente?
– Disculpe -mascullo Savard al tiempo que se levantaba.
Kovac se puso en pie para dejarla pasar. Savard paso junto a el con tal brusquedad que estuvo a punto de derribarlo. Sentia deseos de echar a correr por el pasillo, salir de la iglesia y seguir corriendo, pero no lo hizo. Nadie le dedico mas que una mirada casual, todos prestaban atencion a las palabras de Wyatt. Nadie parecio oir los latidos enfurecidos de su corazon ni el rugido de la sangre en sus venas.
Abrio las puertas de vidrio que daban al pasillo y busco el servicio, donde la iluminacion era mortecina y olia a ambientador. La voz de Ace Wyatt seguia resonando en su cabeza, sumiendola en el panico. De repente se dio cuenta de que salia de un altavoz colgado de la pared del lavabo.
Se quito el chal y las gafas, casi gritando cuando la varilla le rozo la abrasion causada por la alfombra. Con los ojos cerrados para contener el torrente de lagrimas que amenazaba con afluir, busco a tientas los grifos. El chorro de agua se estrello contra el lavabo, salpicandola. No le importaba. Formo un cuenco con las manos y se lavo la cara.
El vertigo la acometio en oleadas sucesivas, y las piernas apenas la sostenian. Se inclino sobre el lavabo, aferrandose con una mano al borde mientras apoyaba la otra en la pared. Intento contener las nauseas a fuerza de voluntad y suplico a Dios que le permitiera superarlas, haciendo caso omiso del hecho de que invocaba a un ser supremo en el que habia dejado de creer largo tiempo atras.
– Por favor, por favor, por favor -musito, inclinada, con la cabeza casi metida en la pica.
De pronto la asalto la imagen de Andy Fallon mirandola con expresion acusadora y furiosa. Ahora estaba muerto. Y tambien Mike Fallon.
Deprimido por la muerte de su hijo…
– ?Teniente? -le llego la voz de Kovac desde el otro lado de la puerta-. Amanda, ?esta usted ahi? ?Se encuentra bien?
Savard intento erguirse y respirar lo bastante hondo para responder con voz firme, pero no logro ninguna de las dos cosas.
– Si -asintio por fin, furiosa por la debilidad que denotaba su voz-. Estoy bien, gracias.
De repente, la puerta se abrio, y Kovac entro sin vacilar ni tener en cuenta el pudor de cualquier mujer que pudiera estar en el lavabo. En su rostro se pintaba una expresion fiera.
– Estoy bien, sargento Kovac.
– Ya lo veo -replico el con sequedad mientras se acercaba-. Mejor aun que esta manana cuando me la encontre casi desplomada sobre la mesa. ?Le da a menudo por ducharse vestida? -comento, observando su cabello mojado y las salpicaduras de agua sobre el traje.
– Me he mareado un poco -explico Savard al tiempo que se oprimia la frente con una mano, respiraba hondo y cerraba los ojos un instante.
Kovac le apoyo una mano en el hombro. Savard se puso rigida, diciendose que debia salir huyendo, diciendose que debia quedarse. Lo miro por el espejo y vio preocupacion en sus ojos oscuros. Tambien se vio a si misma y quedo descorazonada al comprobar cuan vulnerable parecia en aquel momento, tan palida y con medio rostro amoratado.
– Vamos, teniente -murmuro Kovac-. Deje que la lleve al medico.
– No.
Deberia haberle ordenado que apartara la mano, pero su peso era solido, fuerte y reconfortante pese a que no podia apoyarse en el tal como queria, como necesitaba. Sintio un escalofrio. No le convenia desear ni necesitar nada, y mas de aquel hombre.
Contemplo el reflejo de su mano. Era una mano grande, ancha, con dedos de punta roma. Manos de trabajador, pese a que Kovac desempenaba su trabajo con la mente, no con las manos. La presion de sus dedos se incremento un instante.
– Bueno, pues al menos salgamos de aqui -insistio Kovac-. Este maldito ambientador sofocaria a un elefante.
– Puedo arreglarmelas sola, de verdad -aseguro Savard-. Gracias de todos modos.
– Vamos -intento convencerla Kovac.
Se dirigio hacia la puerta, tirando sutilmente de ella, una tarea que largos anos de conducir a borrachos y victimas en distintos grados de shock habian perfeccionado.
– He sacado su abrigo al vestibulo.
Savard se zafo de su mano, volvio al lavabo y se puso las gafas con mucho cuidado. El chal de terciopelo estaba bastante mojado, pero se lo puso de todos modos, disponiendolo con mano experta. Kovac la observaba.
– Creia que solo conocia a Mike Fallon de oidas -comento.
– Y asi es. Habia hablado con el de Andy, por supuesto.
– En tal caso, su reaccion ante el anuncio de su muerte me parece un poco extrema.
– Ya le he dicho que me he mareado -espeto Savard-. El anuncio de la muerte de Mike Fallon no ha tenido mucho que ver, aunque por supuesto, es una tragedia…
– El mundo esta lleno de tragedias, segun dicen.
– Pues si.
Una vez satisfecha con su aspecto, Savard paso junto a Kovac con andar firme para no exteriorizar debilidad alguna, aunque ya era un poco tarde para eso.
Kovac habia dejado su abrigo doblado sobre una mesa cubierta de boletines parroquiales. Savard lo cogio y empezo a ponerselo, pero el dolor que sentia en el cuello y la parte superior de la espalda se lo impidio. Kovac la ayudo, acercandose un poco demasiado a ella, acorralandola entre su cuerpo y la mesa.
– Ya lo se -murmuro el sargento-. Ya se que se encuentra perfectamente y podria haberlo hecho usted solita.
Savard se hizo a un lado, paso junto a el y se dirigio a la salida. El organo volvia a tocar, y la fragancia entre dulzona y acre del incienso impregnaba el aire.
– No pienso dejarla conducir, teniente -anuncio Kovac al alcanzarla-. Si esta mareada, seria una locura.
– Estoy bien; ya se me ha pasado.
– La llevare yo. De todos modos tengo que volver a comisaria.
– Me voy a casa.
– Pues la dejare alli.
– No le viene de camino.
Kovac le sostuvo la puerta.
– No importa, asi tendre ocasion de hacerle un par de preguntas.
– Por el amor de Dios, ?nunca desiste? -mascullo Savard entre dientes.
– Nunca, ya se lo adverti. No hasta que consigo lo que quiero.
Dicho aquello le asio la mano. Savard intento apartarse con el corazon desbocado y los ojos abiertos de par en par.
– ?Se puede saber que hace?
Kovac la observo un instante, leyendo Dios sabia que en su expresion. Pese a las gafas y el chal, se sentia desnuda ante el.
– Las llaves.
Al oir aquellas palabras, Savard aflojo un apice la tension de los dedos, y Kovac cogio el llavero que sujetaba entre ellos. Un error tactico garrafal. No queria que Kovac la llevara a casa. No queria que entrara en su casa. No queria su interes. Estaba acostumbrada a ocupar una posicion de poder, pero si bien su rango era superior al del sargento, este la aventajaba en anos y experiencia. Saber eso la hacia sentirse inferior, como una nina jugando a ser un personaje importante.
– Si tiene alguna pregunta, sueltela ya -espeto, cruzando los brazos.
